domingo, 30 de septiembre de 2012

Cómo atraer a tu pareja ideal

El proceso de búsqueda de la pareja ideal puede constituir una excelente oportunidad para aprender algo sobre nosotros mismos y nuestras metas en la vida. Pero recuerda que no habrá en tu vida relación más importante que la que establezcas contigo misma. Enamorarse de uno mismo es el principal secreto de la felicidad. El amor propio significa ser pacientes y amables con nosotros mismos. Es cuidar de uno mismo para convertirse en la mejor persona que cada cual puede llegar a ser. Es atender nuestras necesidades físicas, emocionales, mentales y espirituales.

Cuando dependemos de otro, nos perdemos para nosotros mismos y nos convertimos en él; pero cuando aprendemos a independizarnos, nos encontramos y volvemos a ser nosotros. Sólo entonces se hace posible el amor [Susan Jeffers].

La ley del espejo indica que cada cual debe llegar a ser esa persona con la que a él le gustaría estar.

Hay que pensar positivamente de todos, incluso de los que nos han hecho daño, lo que no impide que tengamos derecho a decidir con quién queremos compartir nuestra vida.

Cuando no nos gusta la vida que llevamos o nos sentimos heridos por algo o por alguien, lo mejor es practicar el amor ayudando a los demás.



Haz todo el bien que puedas, de todas las formas posibles, a todas las personas que puedas, en todos los lugares y con el mayor celo que seas capaz de desarrollar, hasta donde te sea posible [John Wesley]

Allí donde encontramos un ser humano, hay siempre una oportunidad para ser amables [Séneca]

Cuando buscamos la parea ideal, debemos saber qué estaríamos dispuestos a hacer por amor. Conviene escribir una lista con lo que hacemos con gusto y lo que desearíamos cambiar en nuestra forma de responder al amor.

Nunca podremos llegar a ser lo que deseamos si nos empeñamos en seguir siendo lo que somos[Max de Pree].

Los demás no cambiarán sólo por el hecho de que nosotros los queremos, sino porque ellos quieran cambiar. Todo cambio personal implica un trabajo interior. El amor puede proporcionar la seguridad para que una persona intente crecer y mejorar su vida, pero es ella la que debe hacer la elección de cambiar e intentarlo.

Vivir con amor nos hace libres para ser buenos con nosotros mismos y con nuestros semejantes.

Tenemos la tendencia a ofrecer el amor como si fuera un bien escaso. Es como si temiéramos que se acabara y nos pudiéramos quedar sin nada que ofrecer. Por otro lado, dar cariño nos hace más vulnerables y nos obliga a sufrir y a correr ciertos riesgos. Pero el hecho cierto es que no dejamos de sufrir por dejar de amar, ya que esos sentimientos forman parte del ser humano, y si no sufriéramos no podríamos conocer la maravilla que representan la alegría, la paz y la felicidad Una vida llena de amor es el mayor desafío y la mayor satisfacción que podemos experimentar No nos ahorra ni el sufrimiento ni la tristeza, pero nos da energía para vivir, para superar todo lo malo y para experimentar la felicidad, la alegría, la fe y la esperanza.

Todas las relaciones son regalos que nos ayudan a entendernos y a entender.

Cada jugador debe aceptar las cartas que la vida le reparte; pero una vez que las tiene en las manos, sólo él decide la jugada [Voltaire]

Cuando nos concentramos en las heridas del pasado, no damos a las personas que vamos encontrando por la vida la oportunidad de comenzar una relación limpia. Sin duda podrá haber heridas nuevas, pero cuanto menos levantemos el vendaje para enseñarlas, antes nos curaremos, y una vez curados estaremos más cerca de conseguir la relación deseada.

Es imprescindible tener fe en encontrar lo que buscamos. Si estamos convencidos de elegir mal, acabaremos por atraer a las personas inadecuadas. Las creencias son los mejores instrumentos para realizar nuestros deseos.

La vida es una cuestión de elecciones, y cada elección tiene unas consecuencias, de las que podemos extraer una lección si no queremos repetir los errores

Prepararnos significa crear la oportunidad de desarrollar una relación con una persona concreta, pero somos igualmente libres para dejarla y buscar otra.

La intuiciones una brújula que nos señalará el camino. Visualizar los deseos es fabricar una de las herramientas más poderosas para conseguirlos.

Nunca hay que olvidar que hay que respetar la libertad del otro y sus opiniones sobre nosotros, aunque, por otro lado, siempre hay que arriesgar algo para lograr lo que queremos. Por mucho que suframos siempre podremos recuperarnos y salir adelante. La alternativa al riesgo no es menos dolorosa; es, sencillamente, un dolor distinto; es padecer el miedo y la soledad.

El compromiso nos fortalece para perseverar a pesar de todos los obstáculos.

Resumen del libro de Linda Georgian


El amor y la sombra por Merlina Meiler

¿Te has enamorado muchas veces y luego de un tiempo el entusiasmo decae hasta que vuelves a encontrar a otra persona que te deslumbra, y se reitera la historia? ¿O tienes la idea de que nunca te has enamorado? ¿Sientes que has copiado el modelo de pareja de tus padres, a disgusto? ¿O has elegido uno en total rebeldía y que no te satisface en absoluto? Tal vez tu verdadera capacidad de enamorarte esté radicada en tu sombra…
La sombra, en términos jungianos, es “todo lo que hemos ido rechazando en el curso del desarrollo de nuestra personalidad por no ajustarse al ego ideal“, según expone el analista neoyorquino Edward Whitmont. De niños aprendemos a fabricar una personalidad que haga felices y complazca a nuestros padres, ya que nuestro principal objetivo es lograr su aprobación. Desechamos todo aquello que no les agrada o no se ajusta a sus estándares y lo incorporamos a nuestra sombra. Estos aspectos son partes de nuestra personalidad que están negados, no somos conscientes de ellas, y pueden ser tanto positivas (por ejemplo, una habilidad artística) como negativas (como ser celos por la llegada de un hermanito a la familia).

¿Qué sucede si al ir creciendo le cercenan a una persona el modelo que se va creando de pareja? Lo que hace es enviarlo a su sombra y, en su lugar, lo único que puede hacer es copiar un modelo aprendido (habitualmente, el de los padres). Así como ya están en la sombra muchos de sus ataques de rabia, sus celos o su creatividad, también envía su propia manera de entablar una relación de pareja. Al creársele un vacío, copia otro modelo que ha sido socialmente aceptado, más allá de que funcione bien o no, o que los integrantes del vínculo estén juntos o separados. Este modelo ajeno ya tiene validación externa. Luego actuará siguiendo dicho modelo o actuando en rebeldía.

Cuando con el tiempo desea entablar una relación de pareja, ninguna lo satisface plenamente porque la búsqueda parte de modelos ajenos copiados y no de la necesidad intrínseca de establecer un vínculo a su manera, con sus propios códigos, cualquiera fueran las características. Entonces, crea vínculos que no lo hacen feliz, ya que está desconectado de su propio modelo de pareja: éste está en la sombra. Ignorarla puede convertirla en algo hostil, sacarla a la luz puede significar que se transforme en nuestra aliada y encontrar muchas respuestas que estamos buscando.

Para contactarse nuevamente con el modelo propio de pareja, primero hay que tomar la decisión de adentrarse en la sombra y estar abiertos a lo que podamos descubrir de nosotros. Es necesario tener el deseo de saber quiénes somos realmente y también qué queremos y buscamos en una relación de pareja. La idea es que abras una ventana por la cual se establecerá una conexión sana con tu sombra para que puedas dilucidar tus deseos y necesidades más profundos y decidir, con sinceridad, qué relación de pareja verdaderamente deseas establecer.

Imagínate entrar en contacto con un potencial de energía genuinamente tuyo que te permitirá conocer lo que realmente quieres. Cuando te hayas conectado con esta parte de tu personalidad, ya nada quedará igual: la sombra saldrá a la luz obtendrás información reveladora acerca de ti. Ten por seguro que embarcarte en esta aventura de autoconocimiento profundo te hará un ser humano más completo y feliz.

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Biografía de Joaquín Pardavé Arce

Nació en Pénjamo, Gto., el 30 de Septiembre de 1900. Fue el mayor de tres hermanos, José, ya fallecido, que fuera también actor, y Julia, que radica en Madrid, España. Joaquín Pardavé falleció el 20 de Julio de 1955, en la ciudad de México. Fueron sus padres Joaquín Pardavé, actor de gran renombre y Delfina Arce, notable cantante de zarzuela. Vivió en la ciudad de Monterrey, N.L., en 1916 y 1917; todo el demás tiempo en México, D.F. Estudió primaria en la Escuela San Luis Gonzaga; secundaria y preparatoria en el Vasco de Quiroga. A los quince años de edad tomó un curso de pintura en la Escuela de San Carlos.

Su carrera de actor la inició muy pequeño, ya que sus padres lo sacaban en brazos al escenario. Su primer papel lo obtuvo a la edad de cuatro años en la obra "La Cara de Dios". Como compositor comenzó a escribir cuando contaba con dieciséis años de edad, fue el mismo año en que falleció su madre. Joaquín dejó los estudios para trabajar y sostener a sus hermanos. En esos días compuso "Mi Carmen", para su novia. Por necesidades económicas se trasladó a Monterrey, en donde ingresó a Ferrocarriles Nacionales como ayudante de telegrafista, era 1917. Progresó en su empleo, pero su destino era otro. En 1919, su tío Carlos Pardavé, también actor, lo llamó. Joaquín abandonó el empleo para dedicarse al teatro. En Abril de ese año debutó en el teatro Ideal, formando parte del elenco de la obra "Los Hijos del Capitán Grant", inició así de manera oficial su carrera artística; una carrera que sería muy brillante y prolífica.

En 1925 conoció a la Srita. Soledad Rebollo, tiple del teatro donde trabajaba. Contrajeron matrimonio el 26 de Octubre de ese mismo año. Soledad se convirtió en el amor de su vida, su inspiración floreció y escribió para ella canciones como: "Plegaria", "Bésame en la Boca", "Negra Consentida", "Varita de Nardo", etc. Joaquín Pardavé ingresó al cine con la película "Jalisco Nunca Pierde". Intervino en ciento cinco cintas, de las cuales dirigió veinticuatro. Fue actor, compositor, pintor, escritor de obras de teatro serio y de revista, así como de argumentos cinematográficos. En su juventud jugó fútbol, formando equipo con Roberto Soto hijo y Fernando Soto "Mantequilla". Tenía una fuerte personalidad y un carácter como pan dulce. Era extraordinariamente responsable.

Sus principales pasatiempos, jugar boliche, escribir, leer y escuchar música, de preferencia la popular nacional, las piezas y canciones de sus contemporáneos y las que él escribió.

De la enorme lista de canciones que compuso: "La Panchita", "Falsa", "No Hagas Llorar a esa Mujer", "El Aburrido", "En un Burro Tres Baturros", "Tus Cabellos", "Cholita", "Caminito de la Sierra", "Ventanita Morada", "La Mujer Ladina", "Pénjamo" (dedicada a su tierra natal); y su última canción, "Ando Picado", dedicada al Sr. Miguel Aceves Mejía.

Entre las películas: "El que Tenga un Amor", "El Baisano Jalil", "Los Hijos de Don Benancio", "Los Nietos de Don Benancio", "Cuando los Hijos se Van", "Azahares para tu Boda", "El Barchante Negib", "Ojos de Juventud", "Al Son de la Marimba", "La Tía de las Muchachas", "México de mis Recuerdos", "Soy Charro de Rancho Grande", "Los Viejos Somos Así", "Una Gallega en México", "En Tiempos de Don Porfirio", "Ahí Está el Detalle", "El Gran Makakikus", etc.

La canción que le dió mayores satisfacciones fue "Negra Consentida", que la escribió a su esposa Cholita.

Fueron muchos los reconocimientos con los que fue homenajeado en vida Joaquín Pardave, y muchos también los que siguen otorgándosele de manera póstuma por sus muy exitosas trayectorias, como artista muy completo, poseedor de grandes dones y cualidades, que le permitieron expresar sentimientos auténticos a través de su obra musical, y de un inigualable arte histriónico con el que ganó admiradores no sólo en su momento, sino entre las nuevas generaciones que lo han conocido por sus películas.

Una ocasión inolvidable y emotiva fue cuando recibió una medalla y diploma por sus cincuenta años de actor. El 20 de Julio de 1955, a las tres y media de la mañana, murió Joaquín Pardavé, víctima de una embolia cerebral por exceso de trabajo, participaba en dos películas de manera simultánea, y en la obra de teatro "Un Minuto de Parada".

Poco después del fallecimiento de Joaquín Pardavé, comenzó a correr un rumor que ahora, a casi treinta y siete años, sigue circulando, y mucha gente creyéndolo. A esto la familia, representada por la Sra. María Elena Pardavé Robles, hija de José Pardave, hermano de Joaquín, expresa: "Joaquín Pardavé no fue enterrado vivo como mucha gente piensa. Sus restos jamas han sido exhumados, ni siquiera cuando su esposa falleció. Ella, mi tía, ocupa un lugar en la misma tumba, pero los restos de mi tío no fueron exhumados". "Insistimos que jamás se ha abierto su caja. Así desmentimos categóricamente los rumores que circulan".

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Biografía de James Dean

(Marion, EE UU, 1931-Paso Robles, id., 1955) Actor estadounidense. Tras cursar estudios de arte dramático en Nueva York, inició su carrera trabajando en pequeños teatros de Broadway. Su interpretación en El inmoralista (1954) pieza teatral de A. Gide, le valió la oportunidad de firmar un contrato en Hollywood, donde, al año siguiente, rodó Al este del Edén, dirigida por Elia Kazan. En 1955 se puso a las órdenes de Nicholas Ray para protagonizar, junto a Natalie Wood y Sal Mineo, Rebelde sin causa, en la cual Dean daba vida a un adolescente incomprendido y en desacuerdo con la realidad que le rodeaba. Poco después actuó en Gigante (1956), dirigida por G. Stevens a partir de la novela de E. Ferber y en la que Dean, en esta ocasión un peón de rudos modales, consolidó su imagen de joven inconformista. Dicha imagen, así como su férrea oposición a la guerra de Corea y su trágica muerte en un accidente automovilístico poco antes del estreno de la película, lo convirtieron en símbolo para toda una generación marcada por sus ansias de libertad y en perenne conflicto con sus mayores.


James Dean

De los tres largometrajes que protagonizó, Rebelde sin causa (1955) fue el decisivo a la hora de forjar su leyenda. James Dean y la frágil Natalie Wood formaron, en la película de Nicholas Ray, un dúo adolescente cuya identidad entra en crisis al enfrentarse con el mundo de los adultos y con el de los de su misma edad. El rostro angustiado de James Dean fue, sin duda, el mejor reflejo del dolor de una masculinidad conflictiva enfrentada a los ritos de paso impuestos para ingresar en la comunidad.

Tres jóvenes con problemas familiares son los protagonistas de Rebelde sin causa: Jim Stark (James Dean), Judy (Natalie Wood) y Platón (Sal Mineo), que coinciden en la comisaría tras ser detenidos. Como su familia ha cambiado de domicilio, el día siguiente es para Jim Stark el primero en el nuevo instituto. Allí se reencuentra con Platón, un joven reservado y solitario de quien en seguida se hace amigo, y con Judy, que es la novia de Buzz, el cabecilla de una banda de jóvenes rebeldes. A la salida de clase, Buzz, que ha detectado una cierta atracción entre Judy y Jim, provoca a éste hasta desencadenar una pelea con navajas. La aparición de un profesor la interrumpe, quedando pospuesta. Esa misma noche, en un acantilado cercano, el duelo ya no es con navajas; consiste en ver quién tarda más en saltar de un coche que avanza hacia un precipicio a toda velocidad. Buzz no lo consigue y se estrella contra las rocas. A partir de ese momento Jim y Judy, acompañados por Platón, se verán envueltos en una espiral fatídica que acabará con la trágica muerte de este último.


Natalie Wood y James Dean en Rebelde sin causa (1955)

Rebelde sin causa no fue, quizás, la mejor película de Nicholas Ray, pero sí la más emblemática y conocida de toda su carrera y la que reúne prácticamente todas las características de su cine: un tema muy de su gusto, con personajes jóvenes, desesperados y muchas veces fuera de la ley, que emprenden alocadas huidas hacia delante debido, en buena medida, a los problemas de identidad y personalidad que sufren. En cualquier caso, el filme convirtió a James Dean, enfundado en aquella cazadora reversible negra y roja que tanto imitarían los jóvenes a la hora de vestirse, en el icono juvenil de los prósperos y problemáticos años 50.

Aunque no tan míticos, no son desdeñables sus trabajos en los otros dos filmes que protagonizó: el papel de Cal Trask, el hijo repudiado y solitario de Al este del Edén (1955), de Elia Kazan, y el abrupto y autodestructivo Jett Rink que acompañaba a Liz Taylor en Gigante (1956), de George Stevens. Hermoso, indócil, tierno, incomprendido, le bastaron estos tres títulos para que su leyenda de antihéroe confuso y desarraigado se viera catapultada al frío y reluciente territorio de la inmortalidad, tras deshacer su deportivo una noche en una curva de Salinas. Al conocerse la noticia de su fallecimiento (tenía 24 años), los adolescentes estadounidenses enloquecieron. Se había cumplido lo de "vive rápido, muere joven y deja un hermoso cadáver"; sin embargo, los mitos nunca mueren, y James Dean permanece en la memoria de todos como el ideal romántico del joven rebelde que toda una generación asumió como ídolo y punto de referencia.

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