sábado, 29 de septiembre de 2012

El miedo al compromiso


“No te prometo nada, sino que una vez más te elijo a vos,
para estar, para compartir tus cosas y también las mías,
para construir juntos, si así lo decidimos, porque simplemente
desde el amor y por amor estoy comprometido con vos”

¿Los hombres hablan del “no compromiso”?

El compromiso no depende de lo que “puedo hacer” sino hasta donde voy a involucrarme yo en esta historia, en esta relación que estoy sosteniendo con el otro.
El compromiso no tiene que ver con la posibilidad de cumplir con lo que me comprometo sino con mi Actitud hacia aquello con lo que me comprometo.

Partimos del hecho de que si uno de los dos no quiere tener un compromiso entonces “los dos no pueden” y la pareja no se consolida.

“Si no te queres comprometer yo si puedo comprometerme conmigo mismo, comprometerme con lo que quiero y siento, pero no puedo comprometerme con vos”. Para que haya un compromiso se necesita de dos porque el proyecto es de a dos.

“Y si no queres comprometerte, está bien, pero entonces no conmigo”,
Es decir, no puedo ser cómplice de tu elección de “ no compromiso” si tu elección a mi me daña y me deja en un lugar que no me gusta.

Suele aparecer el miedo a comprometerse en aquellas cosas que producen cambios. Porque comprometerse significa abandonar algo para elegir otra cosa y eso implica cambios en nuestra vida. Y el “no compromiso” es: el no estoy dispuesto a dejar mis intereses personales para abocarme a otra cosa.

La vida es mas o menos asi: Tanto pones, tanto sacas y si pones poco, sacás poco. Cuanto más pones en la vida, más sacas de la vida.

Si queres vivir una vida chata y opaca es muy simple… no te comprometas, pero tampoco exijas ni esperes que la vida te de cosas y a su vez te sorprenda, no esperes poder disfrutarla ni vivirla en plenitud, porque para vivirla tenes que “estar ahí” y para estar ahí, tenes que comprometerte desde adentro.
Hay muchas personas que temen comprometerse por miedo a no poder cumplir en el mañana con lo que prometió hoy.


Comprometerse no tiene nada que ver con cumplir aquello que uno dijo sino con la actitud de uno. Por eso la diferencia entre comprometerse y prometer;
“ No sería bueno que elabores una pareja desde prometer cosas, sino estar comprometidamente desde el alma y con tu vida con la otra persona”.
Lo difícil no es dejar de prometer cosas sino el hecho de no poder comprometerse desde adentro, en ese momento, con el otro.

Si uno cree que tiene que cumplir con lo que se comprometió aunque en realidad haya cambiado de idea, si uno cree que no puede decir “ mirá esto que nos pasaba a vos y a mi, a mi ya no me pasa, yo he cambiado de idea”.
Si uno no puede aprender a salir de una cosa asi entonces no se compromete nunca hasta que no esté absolutamente seguro de todo y la seguridad en todo no existe.

Cuando hablamos de decisiones podemos distinguir entre: decisiones definitivas, las permanentes y las decisiones postergadas.
“ No tomar decisiones es una forma de no comprometerse por lo cual no existe un compromiso interno con el otro”.
Postergar una decisión es muchas veces postergar un compromiso y cuando es permanente también es una falta de compromiso.
Una decisión es permanente cuando digo: “Esto es asi y es asi para siempre” y esto es desconocer que yo cambio, vos cambias, la realidad cambia.
Una decisión es definitiva cuando decido ponerle “fin” a una situación. Es decir;
“A menos que la situación cambie esta es mi decisión, mientras todo siga como está, esta es mi decisión y cuando cambie yo te voy a avisar y te lo voy a decir porque vos sos participe de esto, y porque estás a mi lado”.

Muchas personas creen que tomar un compromiso con otra es estar “obligado/a”.
Nadie está obligado a nada, si tengo la obligación de respirar por ejemplo.
“No estoy obligado a muchas cosas pero si comprometido con otras”.


Lo que importa cuando uno busca que el otro se comprometa no es querer arrancarle una promesa que después el otro no va a poder cumplir, sino ver el modo de encajar tu proyecto personal de vida y el mío, de entender y hablar sobre cual es tu proyecto y cual es el mío.
Y si tu proyecto de vida no encaja con el del otro
¿porqué insistir con alguien que no quiere comprometerse?.
“ Si yo estoy con alguien que quiero mucho pero no lo siento comprometido desde adentro, más que preguntarme el por qué no quiere comprometerse me preguntaría ¿que hago yo acá? Que lugar ocupo en esta relación? “
“ No estar sola/o no es una buena razón para estar con alguien”.


La razón para querer que alguien se comprometa conmigo es el AMOR, es la elección compartida de un “proyecto en común”, no es el llenar un vacío que dejó alguien o algo en mi vida.
A veces creo que el miedo al compromiso es el miedo a no poder decir:
“ Mi proyecto no es este, mi proyecto no te incluye o mi proyecto no te incluye todavía”
Y será cuestión de poder hablar de esta historia y no de escaparse del tema o tal vez hablar un poquito nada más del tema para no llegar a comprometerse.


Finalmente , COMPROMISO tiene que ver con RESPONSABILIDAD, es decir;
responder por lo que decido. NO significa estar obligado a nada, no significa mantener esta decisión infinitamente, significa ir chequeando cada día quién soy a través de lo que decido y de lo que elijo.

“Hay personas que les gusta pensar que han sido elegidas una vez y para toda la vida, y hay otras que preferimos despertarnos a cada mañana y confirmar; que esta mañana, también he sido elegido Una Vez Más, por la persona que amo”.

Del programa ” El buscador” de Jorge Bucay.


¿Seguimos juntos o nos separamos?

Durante el enamoramiento todo lo que hace o dice el otro nos parece bien, tendemos a idealizar a la otra persona proyectando en ella las virtudes que deseamos que tenga. Si inicialmente habíamos creamos expectativas no realistas que en la práctica cotidiana no podían cumplirse, sentiremos después decepción frente a nuestra pareja. Esa desilusión puede provenir también de promesas incumplidas.

“La mujer se casa creyendo que el hombre cambiará. El hombre se casa creyendo que la mujer no cambiará. Ambos se equivocan.”

Cuando surgen diferencias en la relación de pareja, cambiamos de actitud mental y nos parece que el otro no hace nada bien, nos ponemos a la defensiva y sólo vemos las cualidades negativas del otro, tendiendo a ser excesivamente críticos. Cada uno puede considerar que es el único que se sacrifica y hace concesiones, y se siente insatisfecho al considerar que su pareja no se da cuenta de todo lo que está haciendo para que la relación funcione. También puede suceder que uno crea que el otro debería conocer lo que desea “sin que se lo pida”.

Sólo si las dos partes son capaces de manifestar sus decepciones y están dispuestas a compartir la responsabilidad de modificar el estado de las cosas, es posible que la relación mejore. Hay que mantener una perspectiva abierta y positiva para ver el mundo con los ojos de la otra persona y saber ponerse en el lugar del otro.

Los conflictos deberían servir para fortalecer y madurar la estructura de pareja superando las eventualidades que surjan, pero para ello hay que tener conciencia de tales crisis y buscar el mantenimiento de la cohesión entre ambos.

Cuando la pareja entra en la espiral de los enfrentamientos abiertos es prácticamente imposible mantener un diálogo. El enfado ciega toda posibilidad de cambio. Se entra en la dinámica de golpe por golpe, así no cede ninguno y la escalada de agresiones es continua. Lo que inicialmente se inicia posiblemente por un nimio detalle crece de forma desmesurada, alimentado por antiguos rencores y reproches que afloran sin contención.La pareja debería tener presente que en una relación la represalia es contraproducente, ya que con frecuencia supera a la ofensa inicial. La violencia genera violencia. Y lo peor de esos combates es el agrio recuerdo que deja lo que se llega a decir (insultos, calumnias) o a hacer (desprecios, humillaciones, golpes) difícil de olvidar y que sólo el tiempo y la buena voluntad por ambas partes puede limpiar.

¿Seguimos juntos?

Hay que recordar que el día a día lo hacen agradable las cosas pequeñas, los pequeños detalles, pequeñas frases, gestos, ofrendas que indican muestras de afecto.

Cuando una pareja desea sinceramente mejorar o rehacer la vida conjunta debe haber una auténtica aceptación de la personalidad del otro, buscando los puntos de acoplamiento y complementariedad, resaltando los aspectos positivos y aprovechándolos para que la vida en pareja marche bien. Ambos tienen que reconocer que algunos rasgos de la personalidad del compañero no son “malos” sino que nos molestan simplemente porque no concuerdan con los propios. Si las perspectivas difieren, es importante admitir que puede que ninguno de los dos tenga razón o esté equivocado.

El respeto y la comunicación son esenciales.

Hay que explicar las discrepancias, los malentendidos, los odios… con palabras y no guardarlos para uno mismo en forma de angustia inexplicable, que solo se manifiesta en cambios en los estados de ánimo, depresiones o arrebatos de cólera.

Si se están convirtiendo en “extraños” hay que restablecer las vías de comunicación, empezar con pequeños encuentros de la pareja fuera de casa, buscando situaciones que permitan un mínimo de diálogo y más adelante acordar un día a la semana (sin hijos) para salir juntos y salir al cine, a un espectáculo, a tomar algo… La buena comunicación implica algo más que expresar las ideas de uno, también significa captar lo que dice la otra persona.

Para seguir adelante hay que poner muchas ganas y procurar una mejor comprensión mutua. Los cambios en uno de los miembros de la relación pueden producir cambios notables en el otro.

Los conflictos son inevitables, intentar evitarlos o silenciarlos es mala solución, lo que hay que trabajar es la forma de resolverlos.

Si la pareja determina seguir juntos tendrán que remodelar o sentar nuevas bases en la convivencia, evitar incurrir en errores del pasado y revitalizar la relación amorosa teniendo en mente la idea altruista de querer hacer feliz al otro.

Extraídas mayoritariamente del libro ¿Seguimos juntos o nos separamos? del Dr Paulino Castells


Seguir sin ti

Ese no era el mundo con el que soñé… Es difícil poner fin a una pareja. Es difícil despedirse. Generalmente preferimos, conscientes o no, quedar ligados, aunque sepamos que ese sentimiento nos enferma simbólica y efectivamente. Pero decidí correr el riesgo de disfrutar o padecer aunque fuera en soledad, la vida que yo eligiera para mí.

Me sentía entremezclada de mis emociones a veces contradictorias. Dolorida, aliviada, asustada, liberada, confusa, sorprendida, rara y diferente, pero también libre. De ahí la serenidad que sobrepasaba a la tristeza y a veces la opacaba.

Habían sido muchos meses de duda, de evaluación acerca de seguir o terminar. Demasiadas horas de llanto y angustia, de idas y venidas, de esperanzas y decepciones, de recuerdos de tiempos ya idos y de derrumbe de proyectos imposibles. Semanas de hablar y hablar para volver siempre a ningún lugar. Es duro admitir que a veces el esfuerzo y la buena voluntad no alcanzan para recomponer el amor. Con una mezcla de tristeza y alivio pensaba que ahora disponía de mi tiempo, de mis espacios… y hacía una lista de las ventajas de mi nueva situación, de las actividades que iba a realizar… E intentaba recordarlo cuando alguno de los demonios del arrepentimiento estaban al acecho, cuando sentía miedo por pensar que quizás podría haberme equivocado o por si caía en el autocompadecimiento por lo que me había sucedido.

Tenía que internarme en un río de aguas desconocidas, que no sabía a qué orilla me acercaría.

Pero lo primero era recuperarme a mí… Dar por finalizada una relación de pareja y separarse físicamente es sólo la cara visible de una separación. Hacer que nuestra alma se despida de lo que fue y de lo que no fue pero podría haber sido, implica mucho más. Si no consigues “soltar” a la persona de la que te separas, difícilmente encontrará tu corazón las condiciones para abrirse al verdadero amor. Al darnos cuenta de que algo se ha roto caemos en el error de creer que la separación podrá por si misma darnos lo que necesitamos.

Pero una separación no es un acto reparador y mágico, sino un camino a veces doloroso que es preciso recorrer antes, durante y después del final de un vínculo, tanto más si la relación ha sido importante para nuestro corazón y trascendente en nuestra vida. Es cierto que a veces la persona que se separa comienza por experimentar, al principio, una fascinante sensación de libertad y la apertura a un mundo de infinitas posibilidades antes vetadas. Pero luego, más tarde o más temprano, algo sucede, y la historia de lo vivido y compartido vuelve a pesar otra vez…

Me gustara o no, lo sucedido estaba dentro de mí y tenía que aceptarlo. No se trataba de borrarlo, porque el vacío que dejaría el eslabón faltante, el hueco, el agujero, sería siempre un obstáculo para conseguir la paz interior que define la verdadera felicidad. Tenía que aceptar nuestra historia, sin pelearme con ella. Asumir lo sucedido, simplemente porque así había ocurrido. Cualquier otro camino me llevaría hacia una batalla perdida, la de luchar contra el pasado, gastando energía en el inútil trabajo de querer cambiarlo.

Lo más importante en el proceso de un duelo es aprender a enfrentarse con la ausencia de aquello que no está, es tolerar la impotencia frente a lo que se quebró, es hacerse fuerte para soportar la conciencia de todo lo que no pudo ser; esta es la esencia del dolor que subyace a una pérdida, y más allá de cualquier comprensible y necesaria catarsis, no se puede aliviar reclamando justicia, ni se puede sanar consiguiendo condena.

Para pasar al siguiente momento de mi vida, en el que todo fuera más nutritivo, debía ponerme en contacto profundo con mi tristeza, aunque me lastimara hacerlo. Al corazón poco le importa de quién fue la culpa, sólo siente el dolor de lo perdido. No podía seguir escapando, ni por la vía del enfado ni llenándome de cosas para no pensar. Si continuaba estacionada en el reproche me seguiría dañando. El resentimiento aleja del amor, impidiéndote disfrutar de las cosas que más deseas y te gustan. Así que debía trascender el
rencor.

Para ello un buen ejercicio es ponerse en la piel del otro, comprender que él también había tenido sueños, ilusiones, esperanzas y decepciones, percibir sus frustraciones más profundas y su tristeza. Otro ejercicio es hacer un “balance de reclamos y regalos”, una lista de las cosas que me irritaban de él, y otra con todos aquellos momentos que le podía
agradecer, cuando sentí bienestar, protección, complicidad, ternura, crecimiento o cualquier otra sensación positiva. Eso permite poner en blanco y negro la idea de que no todo con la otra persona ha sido malo y de que lo vivido juntos de ninguna manera ha sido inútil.

Surge dolor, sensación de impotencia, autorreproche, llanto, cuestionamientos… La aceptación, la comprensión y el perdón que se necesitan, más que una gracia hacia el otro, son un gesto de consideración y amor hacia uno mismo. Aceptar no es resignarse, comprender no es estar de acuerdo y perdonar no es olvidar.

Estar en pareja implica no sólo la capacidad de albergar la dulzura del amor, sino también la capacidad de enfrentar juntos las tormentas que desata la personalidad de cada uno. La magia del amor consiste en que quien te ama sabe qué podría hacer para dañarte gravemente, pero nunca lo hace. “Contigo puedo ser yo mismo” es la frase que todos queremos pronunciar y la que más nos deleita oír. Pero cuando aparecen los reproches, la magia se escapa por la grieta de no querer amparar al otro cuando aparece siendo quien es. La manera de cerrar la grieta no es que el otro deje de ser quien es, sino reconocer que cuando algo me molesta mucho en el otro, esto se relaciona con algún aspecto mío con el que tengo dificultad. La pelea externa es una muestra de una pelea interna. A lo largo de la vida de una pareja, a cada uno le tocará alternativamente ayudar y ser ayudado. Ayudar no es imponer el propio criterio, sino atender a lo que el otro necesita. La competencia por tener la razón aleja del contacto íntimo y de la posibilidad de ver juntos los dolores de cada uno.

El otro es quién es, y así debe ser. Uno no tiene derecho a querer cambiar al otro, pero sí puede preguntarse ¿me compensa? Y la respuesta puede ser NO.

Cada ex pareja tendrá que encontrar su propia manera de relacionarse después de la separación. Espero que con el tiempo ambos aceptemos la relación que podamos tener, sabiendo que hay temas que no podremos hablar porque nunca los hemos resuelto, pero sí podremos tratar las áreas que podamos compartir sin problemas. El camino no es estar de acuerdo con lo que el otro hace después de separado, pero se puede intentar entender sus razones, aunque sean muy distintas de las propias. Aceptar que el otro tiene sus razones para hacer lo que hace aunque yo no lo comparta. Por algo nos separamos… Cuando ambos seamos capaces de perdonarnos el uno al otro, y a nosotros mismos,podremos estar preparados para sentir la presencia y el merecimiento del amor. 


Fuente:
A partir del libro SEGUIR SIN TI, de Jorge Bucay y Silvia Salinas

Mejora para parejas: La tolerancia por Merlina Meiler

Uno de los grandes motivos de desavenencias y de rupturas en las parejas es la falta de tolerancia. Parecería que tenemos cada vez menos paciencia para aceptar perspectivas distintas a las nuestras y permitir, de buen grado, que quien está al lado de nosotros se exprese de la manera que desea.

Según el diccionario de la real academia Española, la tolerancia es: “Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”. Básicamente, entonces, se trata de respetar lo que piensa el otro, no intentar imponer nuestras ideas siempre y a toda costa, dejar que la otra persona se salga con la suya muchas veces. La tolerancia también implica no intentar cambiar radicalmente a nuestra pareja, solo porque supongamos que nuestro concepto o nuestra propuesta son mejores o más valederos.

Todo esto, agregaría yo, con cariño y la convicción de estar haciendo lo correcto para que la convivencia sea fructífera y feliz para los dos.

Tolerancia es decir: admito que somos diferentes, pensamos de distinta manera, pero te amo igual y, entienda o no del todo tu punto de vista, lo acepto. Te escucho con atención cuando me hablas y valoro el mensaje que deseas transmitirme.

Como es lógico, esperamos recibir el mismo trato a cambio, y en caso de no estar satisfechos, hablar sobre este tema suele ser la mejor opción, ya que saber escuchar es otro hito clave para cultivar la tolerancia.

Hay que tener bien presente que tolerancia no significa aguantar lo inaguantable, ni ceder hasta el punto de no reconocernos (esto nunca es bueno). Internamente, sabemos cuando alguien avasalla nuestros derechos, nuestra forma de pensar, nuestros principios o nuestra tranquilidad… sólo hay que prestarle la debida atención a esta voz de alerta interior. Todo, incluyendo esto, tiene un límite.

Si ejerciéramos más esta capacidad con nuestras parejas (y nuestros semejantes), en pos del bien común, habría mayores acercamientos y bienestar entre las personas.

¿Crees que eres lo suficientemente tolerante?

Fuente:

Quiero aprender a quererte,... de José Ramón Marcos Sánchez

Quiero susurrarte al oído las palabras mas bellas del mundo,….y que una flor de suspiro te persiga eternamente,…..quiero abrazar tus miedos hasta poder recordarte,….y guardarte en mis respuestas cuando me encuentre perdido,…quiero equivocarme intentando despertarme en tus ojos,…y soñar que mi vida es la tuya,….y llegar a saber porque no puedo olvidarte,….quiero decirle a tu piel que me engendre de nuevo ,…y dejar de ser mío,…y vivir en un suspiro que me arranque del resto,…quiero que nadie me piense en lo que llaman futuro,…y ser el presente que te haga sentir diferente,…y no ser de nadie y de todos,…quiero entregarme hasta ser parte de nada,….y lloverme en las espacios de los que no tienen alma,…y conocer el sabor de lo etéreo,…quiero curar mis heridas con besos robados,…y tener la valentía de ser débil y mostrarlo,….y llorar por odiarme y no hacerlo,…..quiero encontrar la manera de regalarme sonrisas,…y empezar desde el arrullo del comienzo del cariño,…y que nunca sea el final,….quiero ser el tiempo que se detiene,…para aprender a quererte,…para no decir amor,…para demostrarlo siempre,….
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.
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