viernes, 28 de septiembre de 2012

Mejora para parejas: Creando puentes por Merlina Meiler

Han discutido. Se ha levantado un muro invisible entre ustedes dos. Ya sea por un tema recurrente o por alguna desavenencia que se suscitó, se percibe una cierta frialdad en el ambiente.

Hoy es el día para crear un puente. Y si estás leyendo este artículo, hasta diría que es tu responsabilidad, ya que a partir de este momento sabes qué hacer para que vuelvan a estar en buenos términos.

Tal vez no sea el momento de hablar de lo que los distanció y sea prudente esperar hasta que se calmen las aguas en ese respecto – las ocasiones más apropiadas para comunicarse son “en frío”, con la cabeza y las emociones más despejadas. O por el contrario, quizá se trata de un punto de fricción permanente que uno de los dos tenga que aceptar. Siempre hay cosas en las cuales ceder por la salud de la pareja (hasta cierto nivel lógico, obviamente).

Entonces, hoy, haz algo que sepas que recreará el clima de buen humor y de compañerismo que los ha caracterizado y al que aspiras: un mensaje, una comida especial, unas palabras dulces, un gesto que demuestre el amor que sientes. Es necesario que uno de los dos dé el primer paso hacia ese acercamiento tan deseado y es un acto de inteligencia dejar las broncas y los corajes de tu parte de lado para hallar el camino que los hará estar en sintonía nuevamente.

¿De qué manera crearás un puente hoy?

Fuente:

Infidelidad mental por Merlina Meiler

Pues bien, te encuentras fantaseando con una persona que no es tu pareja estable.

Tienes pensamientos recurrentes que incluyen salidas a solas, intimidad, cercanía.

Imaginas cómo sería el contacto de tu piel con la de quien te está desvelando. Eres tú quien alberga dentro de ti mismo algo diferente que no permite que te concentres y te dediques como lo hacías anteriormente.

También, tienes sentimientos encontrados, ya que en tu casa la situación, al menos por fuera, no se ha modificado. Cuando abres los ojos y vuelves a conectarte con tu realidad, sigue a tu lado aquel ser que te acompaña hace tiempo. Que comparte contigo alegrías y tristezas, salud y enfermedad, momentos buenos y malos, en fin, la vida, lo real, lo de todos los días.

Sientes el agobio de tener que fingir una sonrisa o un encuentro sexual, mientras por tu cabeza pasan imágenes de lo que sería tener entre tus brazos a quien tanto deseas.

¿Esto es infidelidad?

Para muchas personas, tan solo es una fantasía, que no reviste mayor importancia, salvo que la concreten: si hay contacto íntimo, entonces sí que se consideraría “una metida de cuernos”.

Por el contrario, hay quienes que se sienten mortificados por pensar constantemente en otro, de una manera que hace mucho (o nunca) les pasó con su compañero actual.

Usa tu propio prisma para decidir si lo que te está sucediendo está provocado por el aburrimiento (en cuyo caso, de ti también depende ponerle una pizca de pimienta a tu relación para que salgan juntos del tedio), por una atracción pasajera (quién no ha suspirado por una estrella de cine, lo mismo puede pasar con un vecino o con un compañero de trabajo, por ejemplo) o si hay algo más y tu vínculo necesita desesperadamente que le prestes atención para dilucidar qué sucede y así tomar medidas que te permitan recuperar la felicidad perdida.

Según mi punto de vista, si no hay sexo físico con otra persona, no hay infidelidad. Es lógico en algún momento, en especial en relaciones de varios años y que pasan por diversas etapas (noviazgo, casamiento, llegada de hijos, cambios laborales o en el status económico, etc.), sentir cierta atracción por alguien distinto: tenemos ojos y sentidos y, por alguna razón, puede pasar que nos sintamos muy a gusto con alguien y se nos disparen ideas de distinto tenor.

Si solo se trata de pensamientos y queda enmarcado allí, significaría que nuestra pareja es sólida y estamos ante una atracción que se generó, meramente, por nuestra condición de seres humanos. Como adultos, la observamos y la dejamos pasar porque estamos conscientes de que es lo mejor para nosotros y para quienes nos rodean. Ahora, si el deseo comienza a volverse inmanejable e interfiere en nuestra vida diaria, el problema, lógicamente, es otro y radica en nuestro vínculo de pareja, no en lo que pensamos o sentimos.

¿Crees que la infidelidad mental está al mismo nivel que la física?

Fuente:

Amor sin reproches por Merlina Meiler

El amor se vive en el tiempo presente.

Lo que sucedió, debe quedar en el pasado.

Traerlo constantemente al momento actual, reprochar, no perdonar, son la vía más directa a la frustración y a la desintegración de la pareja. También generan peleas constantes, desasosiegos, esa sensación de estar harto y de no saber cómo hacer para dejar de discutir.

No le veo sentido alguno a rememorar constantemente errores cometidos por la otra persona y a echárselos en cara en cada instancia que podemos. No es una actitud sana y resulta completamente inconducente. Si estamos con él (o ella), es porque le hemos perdonado y también, hemos decidido que vale la pena seguir juntos, apostando al vínculo y a un estilo de vida. Esta resolución de continuar, implícitamente, conlleva el dejar lo sucedido en su lugar y seguir nuestro camino habiendo resuelto el tema internamente.

POSIBILIDADES

Si aún no has llegado al punto de vivir en paz con el hecho que ha generado tus reproches, te aconsejo reverlo urgentemente, ya que quedarse atascado en una situación del pasado no es bueno en lo personal ni en lo que atañe a tu relación. Si lo sucedido te provoca ira, dolor, angustia, desilusión o la sensación que sea, pues déjala salir y enfrenta uno a uno tus fantasmas: esto te hará libre.

Si lo consideras necesario, habla del tema con quien causó esta situaciónpor última vez: déjale bien en claro que precisas tocar el tema para saldarlo y para no volver a mencionarlo en lo sucesivo. Haz todas las preguntas que desees y cierra el episodio permanentemente.

Después de esto, intenta relajarte. Confía. Disfruta. Trata bien a tu pareja. Reencuéntrate con quien eres. Si alcanzas estas metas, ten la seguridad de que, de ahora en adelante, se abre una etapa próspera y más dichosa en tu vínculo sentimental.

Es que en todas las parejas hay motivos para el reproche, desde temas menores y nimios hasta puntos muy álgidos. De nuestra inteligencia depende saber qué estamos dispuestos a perdonar y olvidar y qué no, tener las conversaciones que consideremos oportunas para cerrar focos de conflicto y tener una mejor calidad de vida emocional.


Fuente:

Soy lo que soy,.. de José Ramón Marcos Sánchez

Soy el cobarde que a veces se esconde hasta de sí mismo,… soy culpable cuando callo,… cuando digo,…. cuando me desprendo de todo hasta hacerme transparente,… hasta desaparecer o no parecer nadie,…. a veces todo no es nada,…. a veces nada lo es todo,… en ocasiones soy la lluvia cuando llueve,…otras una lagrima de alma,… quien me odia tiene tantos motivos como aquel que me ama,… porque puedo ser el defecto de una virtud,… y la virtud de un defecto,…acumulo imperfecciones y las muestro,… también muestro aquello que alimenta mi ego,… porque soy vanidoso y superficial,… profundo y humilde,… quisiera ser sólo esa parte que idealizo de mi,… que me gusta,… pero no lo soy y lo sé,… desnudo mis sentimientos más profundos buscando sinceridad,… y soy sincero aunque miento,…. a veces doy para que se sepa que he dado,… pero también soy capaz de entregar sin pretender,… aliado con el silencio sincero del solidario sincero,… a veces me mataría,… otras volvería a nacerme,… soy lo que soy,… y pido perdón por ello,… soy lo que soy,…. y me acepto,…
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.
Correo y MSN: jomarkos@hotmail.es. Twitter: @joseramonmarcos
Skype y Página oficial de Facebook: jose ramon marcos sanchez
Canal Youtube: turko1969

Biografía de Miguel Ángel

(Miguel Ángel Buonarrotti, en italiano Michelangelo; Caprese, actual Italia, 1475 - Roma, 1564) Escultor, pintor y arquitecto italiano. Habitualmente se reconoce a Miguel Ángel como la gran figura del Renacimiento italiano, un hombre cuya excepcional personalidad artística dominó el panorama creativo del siglo XVI y cuya figura está en la base de la concepción del artista como un ser excepcional, que rebasa ampliamente las convenciones ordinarias.

Durante los cerca de setenta años que duró su carrera, Miguel Ángel cultivó por igual la pintura, la escultura y la arquitectura, con resultados extraordinarios en cada una de estas facetas artísticas. Sus coetáneos veían en las realizaciones de Miguel Ángel una cualidad, denominada terribilità, a la que puede atribuirse la grandeza de su genio; dicho término se refiere a aspectos como el vigor físico, la intensidad emocional y el entusiasmo creativo, verdaderas constantes en las obras de este creador que les confieren su grandeza y su personalidad inimitables.

La vida de Miguel Ángel transcurrió entre Florencia y Roma, ciudades en las que dejó sus obras maestras. Aprendió pintura en el taller de Ghirlandaio y escultura en el jardín de los Médicis, que habían reunido una excepcional colección de estatuas antiguas. Dio sus primeros pasos haciendo copias de frescos de Giotto o de Masaccio que le sirvieron para definir su estilo.

En 1496 se trasladó a Roma, donde realizó dos esculturas que lo proyectaron a la fama: el Baco y la Piedad de San Pedro. Esta última, su obra maestra de los años de juventud, es una escultura de gran belleza y de un acabado impecable que refleja su maestría técnica.


La Piedad de Miguel Ángel

Al cabo de cinco años regresó a Florencia, donde recibió diversos encargos, entre ellos el David, el joven desnudo de cuatro metros de altura que representa la belleza perfecta y sintetiza los valores del humanismo renacentista.

En 1505, cuando trabajaba en el cartón preparatorio de la Batalla de Cascina (inconclusa) para el Palazzo Vecchio, el papa Julio II lo llamó a Roma para que esculpiera su tumba; Miguel Ángel trabajó en esta obra hasta 1545 y sólo terminó tres estatuas, el Moisés y dos Esclavos; dejó a medias varias estatuas de esclavos que se cuentan en la actualidad entre sus realizaciones más admiradas, ya que permiten apreciar cómo extraía literalmente de los bloques de mármol unas figuras que parecían estar ya contenidas en ellos.


La creación de Miguel Ángel (Capilla Sixtina)

Julio II le pidió también que decorase el techo de la Capilla Sixtina, encargo que Miguel Ángel se resistió a aceptar, puesto que se consideraba ante todo un escultor, pero que se convirtió finalmente en su creación más sublime. Alrededor de las escenas centrales, que representan episodios del Génesis, se despliega un conjunto de profetas, sibilas y jóvenes desnudos, en un todo unitario dominado por dos cualidades esenciales: belleza física y energía dinámica.
En 1516, regresó a Florencia para ocuparse de la fachada de San Lorenzo, obra que le dio muchos quebraderos de cabeza y que por último no se realizó; pero el artista proyectó para San Lorenzo dos obras magistrales: la Biblioteca Laurenciana y la capilla Medicea o Sacristía Nueva. Ambas realizaciones son en el aspecto arquitectónico herederas de la obra de Brunelleschi, aunque la singular escalera de acceso a la biblioteca, capaz de crear un particular efecto de monumentalidad en el escaso espacio existente, sólo puede ser obra del genio de Miguel Ángel. La capilla Medicea alberga dos sepulturas que incluyen la estatua del difunto y las figuras magistrales del Día, la Noche, la Aurora y el Crepúsculo.

En 1534, Miguel Ángel se estableció definitivamente en Roma, donde realizó el fresco del Juicio Final en la capilla Sixtina y supervisó las obras de la basílica de San Pedro, en la que modificó sustancialmente los planos y diseñó la cúpula, que es obra suya. Su otra gran realización arquitectónica fue la finalización del Palacio Farnesio, comenzado por Sangallo el Joven.

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