viernes, 21 de septiembre de 2012

Discreción, un principio en extinción

El hábito de hablar más de la cuenta pone en peligro nuestra credibilidad

Debemos tener en cuenta que dentro de la ingeniería de la conducta existe un claro principio: no hablar nunca mal de nadie.

En la actualidad deberíamos estar siempre conectado a un letrero de advertencia que nos recuerde dicho principio, si no es así, debemos de recordar que es parte de una persona madura tener ese concepto arraigado en su mente como patrimonio biográfico.

Estas son las cosas que dentro de la sociabilidad deben pasar de ser una idea a la práctica. Se imaginan ver a un conocido del cual nunca hemos oído a nadie hablar mal de él; de cómo se viste, con quién se junta, los lugares que frecuenta o si se ha visto en aprieto. ¿Cuál sería nuestra percepción de él? Hoy se ve como un verdadero arte en extinción no decir nada negativo de otra persona. “Si no puedo hablar bien del otro me callo”. Un concepto que ha sido puesto al olvido.

El respeto al otro es clave

En las relaciones superficiales existe más distención y se tiende a ver sin ningún cuidado el trato hacia la otra persona, albergado palabras descalificantes, unidas a actitudes frívolas en el trato, sin tener un mínimo recato en hablar mal del “supuesto” conocido o conocida. Es justamente en estas ocasiones distendidas, cuando se deja ver el temple y la calidad de personas que somos. Debemos negarnos siempre a participar o consentir con nuestro silencio cuando se le está maltratando de palabras a un tercero, que lógicamente no esta allí.

El chismorreo, la maledicencia, descalifican sin fundamento, el traer y llevar chismes y dichos negativos, indican entre otras cosas la poca necesidad de mirarnos a nosotros mismo y por el contrario mucha necesidad de entrar y salir en la existencia ajena.

La discreción
Se define como discreción: Sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar. Don de expresarse con agudeza, ingenio y oportunidad. Reserva prudencia, circunspección.

La reciprocidad es necesaria en la discreción y en saber guardar el secreto al amigo. La verdadera amistad es entre otras cosas compartir momentos de alegría y momentos de pena y pesares, adentrarse a lo más intimo de la otra persona; convivencias cotidianas de relaciones de experiencias. Ahí asoma el medidor del grado de amistad; el silencio que es el guardián de la intimidad.

La amistad sirve para el cultivo de los sentimientos, y es ahí donde la prudencia en el hablar se muestra como el mejor síntoma del buen dominio de uno mismo. Demás está decir que la palabra ociosa es dañina. Que hablar por hablar, diciendo cosas negativas, no tiene ningún valor significativo en las relaciones humanas. Ese actuar califica en forma insuficiente la personalidad de quien la practica. Es un hecho que habla muy mal de aquella persona.

Se puede ayudar a mejorar

Prudencia, discreción, cordura de juicio, benevolencia con los defectos ajenos. Todo esto en la práctica nos capacita para ser capaz de decirle a la otra persona algo negativo con el único fin de ayudarle a mejorar. El mejor amigo visto de cerca es tan vulnerable como cualquiera. Una persona ejemplar es aquella que, mirada de cualquier ángulo, presenta la belleza de la rectitud de un corazón sano. Nuestras convicciones sobre la dignidad se ennoblecen cuando nos encontramos con alguien así. La persona coherente es un ser humano verdadero.

El respeto es atención, afecto, consideración, deferencia, tener en cuenta la dignidad del otro y saber apreciar a cada uno según sus aptitudes. El respeto es la gran herramienta en todas las relaciones personales acorde a valores establecidos en el arte de tratar a los demás, desde ahí la discreción debería situarse en uno de los principales sitiales de la convivencia.

Fuente:

Reactívate de Maytte Sepúlveda

Cuando atravesamos por un período lleno de preocupaciones, tensiones, trabajo o temores, el agotamiento nos impide disfrutar de los aspectos positivos que tiene nuestra vida, inclusive nos quita la claridad mental que necesitamos para realizar acciones o tomar decisiones claras en un momento dado. Muchas veces la necesidad de cumplir un horario forzado, el exceso de responsabilidades, el enfrentar una situación difícil de aceptar, la cantidad de actividad que nos imponemos... supone una carga difícil de manejar. Por esta razón es bueno parar la velocidad que lleva nuestra vida, a tiempo de preguntarnos si podremos continuar con ese ritmo por mucho más tiempo.

Generalmente nos obligamos a continuar adelante con nuestra actividad sin detenernos a descansar un poco para recuperar nuestra energía física y mental. Le exigimos a nuestro cuerpo la vitalidad que en muchos momentos ya no puede darnos, producto del cansancio en el que nos encontramos. Reaccionamos constantemente a los cambios y a las exigencias de nuestro entorno. El tráfico nos desespera, los exámenes nos inquietan, una pérdida nos atemoriza, la situación económica nos quita el sueño... cuando el estrés y la tensión sobrepasan el límite que podemos manejar, nuestra salud comienza a quebrarse. Perdemos vitalidad muy fácilmente, cuando tenemos varios asuntos por resolver. Estemos conscientes o no, cada uno de ellos envía órdenes a los músculos para realizar alguna función. Aun cuando tratemos de evitarlo, la tensión muscular ya está instalada y comienza a aparecer el cansancio.

Las emociones también nos hacen perder energía inconscientemente. Cuando nos dejamos llevar por la preocupación, la rabia, la frustracion, la tristeza, la envidia... estas pueden consumir rápidamente la energía que teníamos guardada en nuestro cuerpo. ¿Sabías que sólo unos pocos minutos de rabia pueden hacernos gastar más energía que un día de trabajo físico?

Lo primero que tenemos que aprender es a relajarnos. Esta es una de las herramientas por excelencia que podemos usar para bajar el desgaste de nuestra energía vital. Respirar lenta y rítmicamente antes de dejarnos llevar por una oleada de emoción negativa puede ayudarnos a bajar la intensidad de la misma. También podemos practicarla para darle un respiro a nuestros órganos vitales que se ven afectados por la tensión que acumulamos adentro.

Otra de las herramientas importantes, es la organización. Para una persona que sufre de ansiedad y preocupación o que trabaja demasiadas horas al día, no hay vitaminas o inyecciones suficientes para darle una solución inmediata a sus problemas. Así que es muy importante comenzar por reorganizar su estilo de vida, haciendo una lista de todas las responsabilidades y los compromisos que ya ha adquirido para realizar una agenda tomando en cuenta el tiempo y las distancias que tomarán para cumplir con cada una de ellas. Todo esto sin asumir más compromisos por el momento, hasta que hayamos resuelto todo lo que teníamos pendiente.

Clave para reactivarnos
1.Tranquiliza tu mente. Evita darle vueltas en tu cabeza, una y otra vez, a aquellas situaciones que te preocupan o que te afectan. Practica dejar de pensar por unos minutos concentrando tu atención en cada cosa que haces. Trae tu mente al presente cada vez que sea necesario.

2. Practica la aceptación. Cuando te encuentras en situaciones difíciles o inevitables, es importante que asumas tu realidad sin fantasear o imaginar que será distinto. Esto te ayudará a enfrentar el problema con fortaleza y optimismo, confiando en tus capacidades y en la presencia de la Divinidad a tu lado para ayudarte a superarla con el tiempo.

3. Usa tu libre albeldrío. Cuando te encuentres involucrado en una acción que no te reporta ningún beneficio y que solamente te desgasta y consume energía, recuerda que puedes elegir dejar de hacerla. Pregúntate: ¿Por qué estoy haciendo esto? Seguramente descubrirás que puedes cambiar de actitud y dejar de repetir ese hábito o esa accción que te causa tanto daño.

4. Mantén una alimentación sana y equilibrada. Hoy en día está comprobado que mantener una dieta rica en vegetales, proteínas y cereales integrales, con baja azúcar, puede ayudarnos a mantener la vitalidad. Aprende a comer sin estrés, sin prisa, masticando muy bien tus alimentos, para que puedas disfrutarlo.

5. Ten buenas noches. Dormir profundamente durante la noche te da una oportunidad de descansar y recuperar parte de la energía que has perdido a lo largo del día. Darte una ducha antes de acostarte puede ayudarte a soltar las tensiones y a preparar tu cuerpo para el descanso. Evita conectarte a las noticias negativas antes de dormir.

Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa y todo va a salir muy bien.

Fuente:


Engendrarme de nuevo,.. de José Ramón Marcos Sánchez

Hoy me arranco de mi para engendrarme de nuevo,…sin mentiras,…para secar las lagrimas que inundan los recuerdos rotos,…los que nunca existieron,…los que mas duelen porque pudieron ser,…porque nunca pudieron,…quiero adentrarme mas allá del umbral de los miedos,… para llegar a los daños….y olvidar las excusas que me van suicidando,…que me sacian de otros,…que me vacían de mi,…llevaré en los bolsillos sentires avergonzados,…esos que nacieron en los gritos de otras pieles,…entre sudores de instintos,….esos que murieron en los silencios de almas olvidadas,…entre cariños de culpa,…y me culpo por ello,…hoy me arranco de mi para engendrarme de nuevo,…y asumo el error de ocultar mis errores,….dejaré de fingir que soy quien no soy,…prefiero estar solo,…y tener la soledad que margina al loco por ser honesto,…que sentirme solo,…y sentir la soledad de alma que acompaña al cuerdo por hipócrita,…aceptaré lo que soy,…pero seré lo que acepto,…
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.
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