jueves, 13 de septiembre de 2012

Irradiando por Merlina Meiler

Tal vez hoy no sea tu mejor día, ni esta sea tu mejor semana.

Es probable que no sepas cómo salir airoso de ciertos embrollos en los que estás inmerso, o que haya problemas que parezcan no tener solución.

También, puede que tengas ratos ociosos en los que no sepas bien qué hacer, o que estés demasiado atareado permanentemente y sientas que te falta algo que le de dirección a tus movimientos.

Lo que puedes hacer para abstraerte de tu realidad y para sentirte realmente útil es bien simple: irradiar.

No hace falta tener conocimientos previos ni dinero, incluso tampoco es necesario que tengas tiempo libre o que dejes de hacer cosas para lograr este cometido que modificará la percepción de tu día.

Puedes proponerte este fin de semana adoptar una actitud de irradiar y verás cómo todo se transforma para bien. Sentirás una gran armonía interna que que serás genuino contigo mismo. Algunas ideas:

- Deja salir a la luz quien realmente eres. No uses caretas desgastantes que solo conllevan frialdad hacia los demás y, en definitiva, hacia tu propia persona.

- Sonríe. Mucho más de la cuenta o de lo que estás acostumbrado a sonreír. Además de distenderte, lograrás efectos placenteros y acogedores en los demás y los predispondrás a devolverte la misma buena onda que irradias.

- Trata bien a la gente con la que estás en contacto. No importa si son tus subalternos o si consideras que, por alguna razón, no están a tu altura o no te entienden. Saludar y ser cordiales con los demás demuestra educación y nos suaviza el alma.

- Ofrece ayuda a quien la necesita. Todos conocemos a alguien que precisa una mano, ya sea que esté transitando una etapa dura o que habitualmente carezca de ciertas cosas que a ti te sobran. A veces tan solo una llamada o un correo electrónico marcan una diferencia importante y mejoran el día.

- Cree en tus ideales. No hay por qué bajar los brazos si vemos injusticias, si las cosas no salen como desearíamos o si las circunstancias quieren convencerte de que no eres una persona de suerte. Respira hondo y arremete con más fuerza: es el método ideal para que tus sueños se empiecen a concretar, a su debido momento.

¿Cuál es la forma de irradiar que prefieres?

Soñarte no fue un sueño,... de José Ramón Marcos Sánchez.

Reflejados en tus ojos vi los ojos de mis sueños,... y sentí por vez primera que soñar era posible,... que soñarte no era un sueño,… que fue el preludio de aquello que marcaba mi destino,… el hado de los sentires de un caminante sin rumbo,… de un paseante de sentimientos destinados a vivirte,… anhelando ser parte de esa parte anidada en las almas que nunca fallecen,… que se clavan perpetuas en lo atemporal de los anales del tiempo,… y reviven de la nada para besar tus silencios,… para intentar esbozar la sonrisa en el rostro de tus daños,… y ser el valor necesario que logre acallar tus miedos,…. reflejados en tus ojos vi los ojos de mis sueños,… y quise quedarme en ellos y darte lo que no tengo,… y hacer míos tus deseos,… y amarte aunque no me ames,…. engendrando en tu regazo la entrega mas absoluta,… que nace del amor puro,… que vive a cambio de nada,… porque esa nada es su todo,… y no conoce el “a cambio”,…. tatuaré en tu cariño el cariño verdadero,…. y moriré en tus suspiros para suspirarte muerto,… en la memoria que habita,… más allá de los recuerdos,… en la memoria que habita,… donde el amor es eterno,….
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.

Niños Héroes de Chapultepec

Heroica defensa del Castillo de Chapultepec por los Niños Héroes.

Este episodio de la Historia de México ocurre siendo presidente de México Antonio López de Santa Anna, durante el cual el presidente de Estados Unidos de Norteamérica James Polk declara la guera contra México. La guerra fue declarada con fines expansionistas, ya que pretendían apoderarse de las provincias mexicanas de Alta California, Nuevo México y, en caso conveniente, de Chihuahua.

Durante el tiempo que duró la guerra (del 8 de marzo de 1846 al 30 de mayo de 1848), en México reinaba la anarquía: en ese periodo hubo siete presidentes y sólo siete de los 19 estados que en esa época formaban la federación mexicana participaron en la defensa de la soberanía nacional.

El ejército de los Estados Unidos de América había invadido a la República Méxicana en el episodio conocido como Guerra del 47, so pretexto de violaciones territoriales en la zona de Texas que pertenecía a México desde época de la Colonia. Una parte del ejército norteamericano atacaba por el norte del país y otro contigente estadounidense había desembarcado en el puerto de Veracruz y avanzaba hacia la capital mexicana.

En aquel entonces, en el Cerro de Chapultepec se encontraban las instalaciones del Colegio Militar. Al estar situado en un punto prominente en el Valle de México, era una de las últimas defensas militares que restaban. Dentro de este episodio los "Niños Héroes de Chapultepec" que no eran otra cosa que jóvenes cadetes e instructores que se encontraban de guardia en el Castillo de Chapultepec tomaron las armas frente a los estadounidenses.

Las edades de los cadetes oscilaban entre los 14 y 18 años; los instructores Oficiales a cargo tenían un poco más de edad, pero seguían siendo muy jóvenes en comparación de otras experimentadas autoridades militares. El resto de la tropa de primera línea se encontraba muy reducida pues habían sido desplazados hacia varios puntos de defensa alrededor de la Ciudad de México y una gran parte del ejército regular organizado ya había sido derrotado por en el norte del país.

La historia oficial mexicana recuerda en particular a seis de esos jóvenes que perdieron la vida en el combate, ya que lo hicieron con un alto grado de heroísmo y honor. A estos jóvenes cadetes se les llama Niños Héroes de Chapultepec. Sus nombres: Juan de la Barrera, Francisco Márquez, Vicente Suárez, Fernando Montes de Oca, Agustín Melgar, y Juan Escutia (su edad estaba entre 13 y 17 años).

Juan Escutia al ver la inevitable derrota tomó la bandera nacional y desde una de las torres del castillo se lanzó al vacío, hacia una muerte segura, para evitar que el lábaro patrio cayera en manos del enemigo. 

Cuentan que cuando todo había acabado un oficial norteamericano observando el rostro de los cadetes muertos, dijo lleno de sorpresa: "¡Pero si son apenas unos niños!". Dando origen a la expresión "Los niños héroes".

La batalla en Chapultepec comenzó con un intenso bombardeo de artillería, ocasionando graves estragos al edificio y a la infantería que lo defendía, que poco pudo hacer ante el alcance de los cañones. La defensa de Chapultepec estuvo el mando del general Nicolás Bravo, quien disponía de 200 cadetes del Colegio Militar y 632 soldados del Batallón de San Blas, al mando del teniente coronel Felipe Santiago Xicoténcatl, además, Antonio López de Santa Anna llevó al pie del cerro a 450 hombres.

Derrotado el batallón de San Blas, los norteamericanos atacaron por el poniente y el sur del Colegio Militar, donde fueron detenidos durante algunas horas por los cadetes; pero más tarde las divisiones de Quitman y Pillow lograron escalar el Castillo. En el interior del inmueble la lucha fue cuerpo a cuerpo; finalmente, la heroica resistencia de sus defensores cedió ante la superioridad numérica y material de los norteamericanos quienes tomaron el edificio e hicieron prisioneros al general Nicolás Bravo, Mariano Monterde –director del Colegio– y varios alumnos sobrevivientes.

Al final de la guerra México fue derrotado y perdió la mitad de su entonces territorio, superficie similar a su tamaño actual (2 millones de kilómetros cuadrados, que incluían a los actuales estados de California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Colorado y Utah.

En 1906 se construyó un monumento en homenaje a los niños héroes en las faldas del Castillo de Chapultepec, tomando a 6 de ellos como sus máximos exponentes, aunque en realidad fueron más.