jueves, 30 de agosto de 2012

Historia del Perfume


En la prehistoria se encuentra los orígenes de la aromaterapia. Los antiguos habitantes del planeta, para sobrevivir, quemaban entre otras cosas hierbas y maderas de árboles para avivar el fuego, de esta forma el fuego desprendía aromas agradables, lo que consideraron muy valioso, lo hacían para complacer y homenajear con humo (per fumum) a sus dioses en las ceremonias rituales. De ahí el origen de la palabra.

No obstante, la fabricación de perfumes para uso humano comenzó con los egipcios, quienes fueron los primeros perfumistas artesanales de que se tiene noticia y que lograron extraer aromas naturales de los más variados tipos. Los egipcios clasificaron las flores y las hierbas separándolas en diferentes grupos tomando como referencia la naturaleza de sus aromas.

Los aceites y las esencias balsámicas, los ungüentos de perfumes intensos y las resinas diluidas en vino y otros alcoholes eran los más usados en medicina, en la cosmética y para embalsamar a los muertos. Algunos aromas estaban destinados a homenajear a ciertas divinidades: el Sol se homenajeaba por ejemplo con incienso, y la Luna con mirra. Para momificar se utilizaba las maderas de cedro.

Como curiosidad, cuando se abrió la tumba del faraón Tutankamon se hallaron más de tres mil potes con fragancias que aún conservan su olor, a pesar de haber permanecido enterrados por más de 30 siglos. Por aquellos tiempos las egipcias colgaban de sus cuellos pequeños recipientes de barro con sustancias aromáticas y llegaron a creer que el buen olor no sólo seducía a los hombres, sino que ahuyentaba las enfermedades.

De Egipto pasaron a Grecia. Los gimnasios griegos contaban con una parte para el aseo personal, y allí se podían encontrar infinidad de productos fragantes de diferentes formas y colores: talcos que aplicaban en su piel, aceites, resinas mezcladas. Incluso fueron los primeros en comercializar estas sustancias en los mercados, naturalmente, entre un público muy seleccionado.

Los griegos, que consideraban el perfume como un don de Venus, usaban un aroma diferente para cada parte del cuerpo: menta para los brazos, mejorana para los cabellos, aceite de palma para el pecho, tomillo para las rodillas y aceite de orégano para las piernas y los pies, entre otros. La perfumería también se encuentra desde la antigüedad asociada a la ciencia médica. En Grecia, Hipócrates, padre de la medicina, utilizaba pequeños concentrados de perfume para combatir ciertas enfermedades.

 

Pero fueron los romanos los que, ocupados por un aseo personal diario, lanzaron el consumo de los perfumes a todos los escalones de la sociedad. Elaboraban preparados de aceite para untarse el cuerpo, para perfumar telas y el ambiente.

Con la llegada del Cristianismo, el uso del perfume por parte de las mujeres (mayores consumidoras de perfume a lo largo de la historia) cayó en desuso. Esto, junto con la caída del Imperio Romano, marcó un periodo de declive del desarrollo general en occidente. Fue de nuevo la civilización árabe la que comenzó a experimentar con perfumes tras la aparición de una nueva ciencia, la alquimia.

Uno de los descubrimientos claves fue el hallazgo árabe del alcohol, en el siglo VIII. Aceites y resinas olorosas diluidas en el alcohol revelaron toda la plenitud de sus cualidades aromáticas, dando así origen a perfumes mucho más finos.

Con la llegada de los árabes a España la perfumería se extendió al resto de Europa.

 

Por oriente, el perfume es introducido en Japón a través de China, que ya contaba en el s. VI con grandes artesanos de la jardinería natural que destinaban parte de sus cosechas al prensado de pétalos para la fabricación de perfumes. En este país se le concede al perfume un gran poder, y el sentido del olfato, siempre desplazado frente a los otros cuatro, es colocado en la posición que le corresponde. Una de las artes obligatorias que recoge el "Kamasutra" es, precisamente, perfumarse, para así formar una sólida alianza entre olor y amor, favorecedora del encuentro erótico entre sexos.

Aunque en la Edad Media la utilización del perfume quedara relegada gracias a la iglesia, si se siguió usando entre las clases sociales más favorecidas. Como la higiene personal dejaba mucho que desear, las mujeres se perfumaban con fuertes y persistentes aromas, como el ámbar, que alejaban, aparentemente, el mal olor.

 

Es aproximadamente en el año 1200 cuando tiene lugar el acontecimiento más significativo relacionado con el desarrollo de la industria perfumista tal y como hoy la conocemos. El Rey Felipe II Augusto sorprendió a los perfumistas, que hasta ahora habían trabajado por su cuenta, con una concesión mediante la cual fijaba los lugares de venta de perfumes y reconocía la profesión como tal, así como la utilidad social de estas sustancias. Esta concesión a los artesanos fue apoyada posteriormente, en 1357, por Juan II, en 1582 por Enrique III, y, en 1658, fue ampliada por Luis XIV. Se convierte así Francia en la cuna del perfume.

En el Renacimiento, los avances en la química permiten perfeccionar las técnicas hasta ahora usadas en la extracción del perfume mediante la destilación. Anteriormente el prensado de pétalos y la maceración de las flores eran las únicas técnicas empleadas, pero ahora, este método permitía la separación de las partes volátiles y menos volátiles de las plantas, consiguiéndose diferentes calidades de productos, todos ellos pertenecientes a una misma materia prima.

El s. XIX aporta la posibilidad de obtener productos aromáticos mediante la síntesis, o sea, la reproducción de los olores naturales y los no naturales. Así por ejemplo, en 1893 se obtiene la ionona, sustancia de olor casi exacto a la flor de la violeta. Con esta técnica queda cubierto uno de los grandes problemas de la industria perfumista: la estabilidad. Las sustancias obtenidas mediante este procedimiento, aunque no sean naturales, son más estables, menos volátiles, haciendo que el perfume permanezca duradero por más tiempo.

Fuentes consultadas:
Artículo "Historia del Perfume", de Andrea Diez.
http://www.expocenter.com/perfume/historia.htm
http://artesanoperfumista.obolog.com/historia-perfume-171680

Los beneficios del nopal

El nopal es una especie que forma parte de la familia de las cactáceas y recibe el nombre binomial de Opuntia ficus-indica. Al igual que otras plantas de la misma familia, el nopal tiene un tallo segmentado sin hojas y con una gran cantidad de espinas. Sobre los bordes de la planta de nopal crecen unas flores pequeñas. El nopal es originario de México, aunque también se lo puede encontrar en distintas partes del mundo (en España, por ejemplo, crece en las laderas ubicadas en la zona sur del país).


El período de florecimiento y maduración del nopal siempre es en los meses de verano. Con fines medicinales se utilizan las flores, los frutos y las palas de este cacto. En la composición química de las flores de nopal encontramos un buen porcentaje de mucílago, pectinas, taninos, glucosa y bastante vitamina C. Las palas, en cambio, tienen una proporción en la que predomina el agua (hasta el 90%) y un poco de glucosa. Los efectos curativos más importantes del nopal son los siguientes: actúa como astringente, diurético, espasmolítico y anti-diarreico. Esta especie, asimismo, puede ser utilizada para mejorar los síntomas del reumatismo, la gastroenteritis y para curar eccemas y forúnculos.

Para preparar una decocción a base de nopal hay que utilizar varias palas de esta planta (tener la precaución de quitar todas las espinas) por cada litro de agua. Una vez calientes se aplicarán las palas de forma exterior sobre forúnculos y abscesos (al modo de una cataplasma). Con el nopal también se puede preparar un efectivo jarabe para la tos. Se cortan los frutos de esta especie en pedazos y se los deja macerar toda la noche en una solución de agua y azúcar. Al día siguiente se filtra el jarabe denopal y se lo bebe frío.


Fuente:

No me importa que digan,.. que encontré la locura,.. de José Ramón Marcos Sánchez

No me importa que digan que perdí la cordura,… que persigo imposibles que jamás existieron,… que suspiro besando el envés de la luna,… que lloro recordando los abrazos no dados,… el olor de los sueños,… el sabor de los daños,… no me importa que digan que perdí la cordura,… que amo a las amantes de las almas prohibidas,… que entrego mi cuerpo a la piel de la lluvia,… que busco recuerdos en los ojos del tiempo,… en huellas de mañana,… en detalles de ayer,… no me importa que digan que perdí la cordura,… que prefiero el dolor del sentir que el dolor de la nada,… que me oculto detrás de la luz de la bruma,… que soy la soledad de una sombra perdida,… la voz del olvido,… la palabra no escrita,… no me importa que digan que perdí la cordura,… que no temo a la muerte porque temo a la vida,… que no puedo querer porque quiero ser nadie,… que construyo quimeras con nostalgias perdidas ,… con bellezas deseadas,… no me importa que digan que perdí la cordura,… ni me importa decir que te acepto y me acepto,… que no quiero fingir,… si estoy loco por ello,… no me importa que digan,… que encontré la locura,….
Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.
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