sábado, 28 de julio de 2012

Sinceramente,… de José Ramón Marcos Sánchez

Ámame en la libertad y te daré libertad,… porque quiero quererte sin la atadura impuesta por el que no sabe querer,… para que el sentimiento trascienda lo eterno,…. y no solo seamos cuerpos mentidos,…. para estar dentro de ti aun sin tener que poseernos,…. quiero llegar mas allá del deseo,…. hasta ese lugar donde el único deseo eres tú, aunque no estés,… donde sobran las dudas,…. y fallece el yo, para que nazca el tú del nosotros,… quiero darte sin pedirte nada a cambio,… sin quitarte ni la posibilidad de compartirte,…. he decidido que mi celda sea la sonrisa de tu alma,… y mi espera será que decidas encontrarme,…. después de haberte encontrado,…. si te hace daño tenerme seré feliz si me olvidas,.. ámame en la libertad y te daré libertad,… porque quiero solamente aquello que necesites,… de alguna manera vivirás mientras yo viva,…. de alguna manera moriré cuando hayas muerto,….
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
E-MAIL y MSN: turko1969@hotmail.es Twitter: @joseramonmarcos
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Comunicación no verbal. La importancia de los gestos.

Muchos gestos utilizados son comunes en la mayoría de los países, aunque otros pueden significar cosas distintas dependiendo de donde estemos.



Aunque el hombre lleva más de un millón de años utilizando este tipo de comunicación, ésta no se ha empezado a estudiar nada más que hace sólo unas décadas. El investigador Albert Mehrabian descompuso en porcentajes el impacto de un mensaje: 7% es verbal, 38% vocal (tono, matices y otras características) y un 55% señales y gestos. El componente verbal se utiliza para comunicar información y el no verbal para comunicar estados y actitudes personales. Este investigador, Albert Mehrabian, afirma que en una conversación cara a cara el componente verbal es un 35% y más del 65% es comunicación no verbal.

Muchos gestos utilizados son comunes en la mayoría de los países, aunque otros pueden significar cosas distintas dependiendo de donde estemos. Los gestos básicos suelen ser los que más universalizados están: mover la cabeza para afirmar o negar algo, fruncir el ceño en señal de enfado, encogerse de hombros que indica que no entendemos o comprendemos algo, etc. Otras veces, hay gestos que vienen heredados del reino animal, como puede ser enseñar los dientes en señal de enfado (agresividad).


Por regla general, cuando estamos mintiendo o forzando una situación, el cuerpo nos delata. 

Aunque sepa que puede significar un determinado gesto, no caiga en el error de interpretarlo de forma aislada; es fácil que pudiera equivocarse. Los gestos se pueden fingir, pero no todo el cuerpo actúa de la misma manera. Las cejas, la risa, la pupila de los ojos y otros pequeños detalles seguramente nos delaten. Por regla general, cuando estamos mintiendo o forzando una situación, el cuerpo nos delata. Por eso las situaciones personales, se resuelven mejor cara a cara, que por teléfono y otro medio donde se puede esconder el cuerpo y perder una importante parte del mensaje (la parte no verbal).

Aunque el tema es amplio y daría para cientos de páginas, vamos a exponer los principales gestos y actitudes que nos pueden ayudar en nuestra vida cotidiana y en los negocios. La mayoría de los gestos y movimientos que utilizamos habitualmente, nos vienen condicionados por el entorno en el que nos hayamos criado. Los matices culturales, son de gran importancia en el lenguaje corporal. También el entorno familiar, tiene una clara influencia en nuestro comportamiento y en nuestra manera de "hablar con el cuerpo".

Hay algunos gestos que se utilizan de forma universal (con sus excepciones) para significar lo mismo. El signo de "OK", con varias teorías sobre su origen, aunque la más aceptada según nos informa uno de nuestros amables visitantes es una deformación de la expresión "all correct" en "oll korrect" que apareció en algunos periódicos estadounidenses y canadienses durante el siglo XIX.Otra teoría es que procede de la oposición al significado de "KO" (Knock Out). Significa que todo está correcto, aunque en determinados países se hace referencia a la homosexualidad por similitud del círculo formado con los dedos, y en otros países se utiliza para indicar algo nulo, inválido, cero o nada de nada. Otros autores afirman que el símbolo de OK, viene de 0 Kill, sin muertos en el frente, que era utilizado en la Guerra de Secesión Americana.

El conocido signo de la "V", como símbolo de la victoria o el triunfo, popularizado por Winston Churchill, en la Segunda Guerra Mundial, no significa lo mismo, si se hace con la palma de la mano hacia afuera, que significa victoria, que con la palma de la mano hacia adentro que significa un insulto obsceno. Otro conocido gesto, el dedo pulgar hacia arriba o hacia abajo, que indica el acuerdo o desacuerdo. Pero en algunos países se utiliza para insultar, como en Grecia, y en otros solamente significa el número uno , como en muchos países de habla Inglesa (USA, Nueva Zelanda, Australia, etc). Hay muchas variantes de gestos con este dedo, como la conocida forma de la mano para hacer "auto-stop", pero no alargaremos más el tema.


El tema de las distancias es de gran importancia a la hora de entablar un contacto o conversación con otra persona.
Sabemos realmente hasta donde acercarnos a una persona para charlar, para presentarla, etc. Todas las personas, según estudios recientes y según Allan Pease, tenemos nuestros territorios muy bien delimitados: la zona íntima, de hasta 50 cms. de distancia, donde se acercan las personas más allegadas (familia, amigos íntimos, etc). La zona personal hasta 125 cms. aproximadamente, distancia utilizada en reuniones, entorno laboral y social. La zona social, hasta los 2 ó 3 mts. más o menos, que es utilizada con personas ajenas a nuestro entorno (el cartero, un electricista, etc. y gente en la vía pública).

El tema de las distancias es de gran importancia a la hora de entablar un contacto o conversación con otra persona. Hay muchas personas que no les agrada que otros "invadan" su territorio o zona personal. Nunca le ha ocurrido que una persona se echa hacia atrás para mantener una distancia cómoda para ella. Este tipo de situaciones son muy variables en función del entorno (rural o urbano) y en función de la situación. Los que han crecido en zonas poco pobladas (núcleos rurales), suelen tener unas distancias más amplias en sus zonas (tanto íntimas, personales y sociales) que aquellas personas que han nacido en entornos con mayor densidad de población (generalmente núcleos urbanos).

Quien no ha oído la expresión "hablar con las manos". Son fundamentales en la comunicación no verbal. Generalmente: palmas hacia arriba y abiertas, indican sinceridad, honestidad. Palmas hacia abajo, abiertas, significan una posición dominante y en ocasiones, poca honestidad (cuando se quiere mentir). Si cerramos la mano y apuntamos con un dedo, suele indicar una posición dominante y algo agresiva. En cuanto a los apretones de manos: cuando las manos están verticales, significa igualdad. Si nuestra mano está por encima, significa dominio, control, y si está debajo, sumisión, recato. Si se hace con fuerza significa seguridad.

El apretón de manos puede ir acompañado de otras acciones, como poner la otra mano encima haciendo un bocadillo a la mano de la persona saludada. Si se utiliza con gente conocida demuestra confianza; con gente desconocida el efecto es el contrario. Dar la mano y agarrar la muñeca o agarrar el codo, solo se debe hacer con personas conocidas o del entorno cercano. Dar la mano y agarrar el brazo o el hombro, solo debería hacerse en casos de gran amistad o relaciones muy personales, al tener que invadir la zona íntima de una persona. Estos gestos son interpretados como símbolo de honestidad y sinceridad en personas cercanas y el efecto contrario en personas desconocidas o recién presentadas.

Entrelazar las manos: puede ser a la altura de la cara, apoyados en la mesa, o de pié en la parte baja de la cintura. Según algunos estudios, parece ser que existe relación entre la altura de las manos entrelazadas y la actitud negativa. A mayor altura, mayor negatividad. Frotarse las manos: tiene un significado positivo, se espera algo bueno, una expectativa positiva, un buen entendimiento entre las partes. Juntar las yemas de los dedos de ambas manos, significa un alto grado de confianza en uno mismo, y una seguridad. Hacia arriba se utiliza cuando se opina sobre algo; hacia abajo se suele utilizar cuando se está escuchando.

Cuando cruzamos y agarramos nuestras manos por detrás de la espalda, denota un alto grado de seguridad en nosotros mismos y una clara posición dominante. En cambio, si lo que cogemos por la parte trasera son nuestras muñecas es signo de intranquilidad e inseguridad. Dicen que los pulgares representan la fuerza del carácter, por eso son utilizados para destacar ciertos gestos. Meterse las manos en los bolsillos dejando los pulgares fuera es signo de poderío , de dominación, de seguridad. Lo mismo pero más disimulado, si se meten en los bolsillos traseros. También cruzar los brazos dejando los pulgares fuera, es signo de actitud dominante.
"Las manos y el rostro son los que tienen mayor riqueza de matices a la hora de interpretar el lenguaje no verbal"

Se dice, que la cara es el espejo del alma. Pero es mucho más que eso. Cuando la mano tapa la boca, es señal de mentira. Tocarse la nariz de múltiples formas es indicativo de que se está contando algo falso, así como frotarse los ojos, indica lo mismo.Otros gestos que denotan mentira, o al menos que no se está siendo sincero son: rascarse el cuello, tirarse del cuello de la camisa, apretar los dientes, reirse con la boca muy cerrada y los dientes apretados, etc. No obstante, como se ha dicho anteriormente, los gestos no se pueden interpretar por separado para no obtener conclusiones erróneas.

Si se muerde las uñas, chasquea los dedos, o repica con ellos sobre la mesa, está dando muestras de inseguridad y de nerviosismo. Si apoya su barbilla sobre su mano, significa aburrimiento. Pero si apoya su mano con un dedo sobre la sien denota interés por el tema que se está tratando. También si pone su dedo sobre la mejilla denota un alto interés por el tema. Acariciarse la barbilla o apoyar el pulgar e índice en la barbilla, denota pensamiento, evaluación de la situación, toma de decisiones. Frotarse la cabeza o darse palmadas en ella denota enojo, enfado y otras veces un simple olvido.

Cruzar los brazos, es un signo inequívoco de actitud defensiva. Pero si lo hacemos con los puños cerrados, significa además una actitud hostil. Si los cruzamos dejando los pulgares fuera, entonces queremos demostrar superioridad. Si solo nos agarramos un brazo, es signo de estar pendientes, expectantes. Duda entre cruzar los brazos y crear una barrera o soltar el brazo cogido demostrando confianza en nuestro interlocutor. Otras maneras de formar una "barrera", es sujetando algún objeto contra nuestro pecho (un bolso, un libro, una carpeta, etc).

El cruce de piernas, al igual que los brazos, denota una actitud defensiva o de cierta desconfianza. Si los brazos, además, sujetan la pierna, significa una actitud cerrada, de terquedad, de inmovilismo. El cruce de piernas estando de pie denota actitud a la defensiva, pero si las mantenemos ligeramente abiertas denota actitud cordial, talante negociador y abierto. Si cruzamos los tobillos la actitud intermedia entre pasar a la defensiva (cruzar las piernas) y actitud de confianza (separar las piernas). Lo mismo puede significar colocar el pie en una varilla de la silla o en algún lugar semielevado (una actitud intermedia).

Los ojos muy abiertos, denotan sorpresa, admiración, mientras que los ojos más cerrados o forzadamente cerrados denotan desconfianza, seriedad, desaprobación. Las personas que miran a los ojos suelen inspirar más confianza y ser más sinceras que las que rehuyen la mirada. Según Allan P., la mirada puede ser: de negocios, la franja comprendida entre los ojos y la frente. Mirada social, que comprende la franja entre los ojos y la boca. Y la mirada íntima que comprende la franja situada entre los ojos y el pecho, pudiendo llegar a recorrer prácticamente todo el cuerpo. Las miradas de reojo suelen demostrar complicidad o una duda, en espera de analizar otro gesto o actitud.

Cuando fumamos, también se envían señales a nuestros interlocutores. Cuando se echa el humo hacia arriba, está demostrando un alto grado de seguridad y una actitud positiva. Cuando se echa al frente denota una actitud de entendimiento, de acuerdo con nuestro interlocutor. Y cuando se echa hacia abajo, denota una actitud negativa, de rechazo. Si se golpea muchas veces el cigarrillo contra el cenicero, es signo de inseguridad, de falta de confianza. También si se enciende un cigarrillo, y se apaga muy pronto a las pocas caladas, significa un deseo de terminar la conversación. Los fumadores de pipa, según algunos estudios, son más cautelosos y reposados para tomar las decisiones, que los fumadores de cigarrillos.

En determinadas ocasiones podemos observar que en algunas reuniones se imitan gestosseguramente de forma involuntaria. Esto significa que pensamos de la misma manera que la persona a la que estamos imitando algunos gestos. Es un signo de concordancia con las posturas, o también puede significar un paso de acercamiento a las posturas de su interlocutor. Es una manera de tratar de ganarnos la confianza de nuestro interlocutor. Hay que procurar no imitar de forma voluntaria todos los gestos, ya que podría volverse contra nosotros, y entrar en actitudes más desafiantes y negativas, lo que no sería nada bueno.

Aunque sería tema para cientos de páginas, los gestos son tan variados como las personas, y como las situaciones en las que nos encontremos. Por ejemplo, apoyar la patilla de las gafas en la boca, significa que estamos pensando o evaluando una determinada propuesta, o que necesitamos más tiempo para evaluarla. Mirar por encima de las gafas, puede interpretarse como una actitud de incertidumbre o desconfianza, como si deseáramos un análisis más profundo de la situación. Las actitudes no verbales, como hemos visto pueden darnos unas buenas pistas a la hora de saber que actitud tienen nuestros interlocutores en muchas conversaciones y reuniones.

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La pareja: el valor de perdonar

Este es, sin duda, uno de los temas duros de la vida. A su alrededor se han creado catedrales de malentendidos y no pocas enfermedades asociadas a la necedad de continuar siendo víctimas de quienes nos han herido.

Perdonar es la experiencia de paz y comprensión que se siente en el presente. Se perdona al confrontar las reglas rígidas que uno(a) ha trazado
para el comportamiento de los demás, y al enfocar la atención en las cosas
buenas de la vida, no en las malas.

Perdonar no significa olvidar o negar las cosas dolorosas ocurridas.
Perdonar es la poderosa afirmación de que las cosas malas no arruinarán nuestro presente, aun cuando hayan arruinado nuestro pasado.

Hay tres componentes principales que motivan la creación de largos y dolorosos resentimientos:

* Tomar la ofensa exageradamente personal
* Culpar al ofensor por nuestros sentimientos
* Crear una historia de rencor

Piense en alguna herida personal para así darse una idea de cómo lo aflige ahora. Cierre los ojos y piense en aquel doloroso suceso por un momento.


Cuando recuerde claramente lo ocurrido, piense o escriba brevemente un resumen sobre aquella experiencia. Cuente la historia de lo que pasó, en el papel o en la cabeza.

Ahora analice lo que pasa cuando piensa en ello hoy. Por ejemplo, ¿cuál es su pensamiento más recurrente al recordar el suceso? Luego tenga en cuenta cómo se siente y fíjese cómo reacciona su cuerpo al revivir el dolor.

Una vez consideradas sus respuestas, por favor responda a las siguientes preguntas:

1. ¿Piensa usted en esa dolorosa situación más de lo que piensa en las cosas buenas de la vida?
2. ¿Al pensar en ello siente incomodidad física o alteración emocional?
3. Cuando hace memoria sobre el particular, ¿lo hace con los mismos pensamientos?
4. ¿Repite la historia una y mil veces en la cabeza?

Debe quedar claro que los rencores no son señal de enfermedad mental.
Sentirse herido(a) tampoco es indicio de estupidez, debilidad o falta de autoestima. Sencillamente significa que no se está preparado(a) para afrontar las cosas de otra manera. Sentirse herido(a) en la vida es normal pero difícil, y casi todos creamos rencores en algún momento. Sin embargo, que sean comunes no significa que sean saludables.

Por más preparación que se tenga para perdonar, hay momentos en que es útil
-hasta necesario- sentirse molesto(a). Puede ser que algún límite personal haya sido violado; podemos hallarnos en peligro o haber sido maltratados.
Aun así, las situaciones que exigen reaccionar con molestia son muy pocas.
Reaccionar movidos(as) por el dolor sólo ayuda cuando ello soluciona el problema.

Ceder el poder
El error más grande que se comete bajo el efecto de las sustancias estresantes es culpar de nuestra molestia a la persona que nos lastimó. Al culpar a otros por nuestros sentimientos, les cedemos el poder de controlar nuestras emociones. Seguramente tal poder será mal usado y seguiremos heridos(as). Es alarmantemente alta la cantidad de personas que le ceden poder a aquellos que nos los quieren.

Sentirnos mal cada vez que pensamos en la persona que nos lastima se vuelve costumbre y nos hace sentir víctimas de alguien más poderoso.


Responsabilizar a las personas por sus acciones no es lo mismo que culparlas por nuestros sentimientos.

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La pareja: comunicación resolución de conflictos

Si deseas mantener una comunicación efectiva necesitarás ciertas dosis de humildad: admite tus errores cuando los cometas, pide perdón cuando sea necesario, ten en cuenta la posibilidad de que te puedes estar equivocando, admítelo cuando tu pareja tiene razón, etc.

- Cuando algún comportamiento de tu pareja te ha molestado párate un momento a pensar qué es exactamente lo que te ha molestado. Cuando tengas las ideas claras explícaselo a tu pareja. No te lo guardes para ti o acabarás con un larga lista de rencores acumulados.

- Ten en cuenta que cada persona entiende las cosas a su manera y que no hay ningún motivo por el que tu pareja tenga que entender las cosas a tu manera.

- En vez de centrarte en lo equivocada que está tu pareja, en lo injusta que es o en lo mucho que te fastidia su postura, céntrate en el hecho de que lo que sucede es que existe una diferencia entre vosotros y que tendréis que trabajar para resolverla.

- Escucha a tu pareja, trata de entender su punto de vista (aunque no lo compartas). Si te empeñas en contradecirle o exigir que adopte tu posición, sólo conseguiréis alejaros, mientras que si muestras un interés sincero y respeto por su punto de vista, tendrás más posibilidades de que te escuche a ti y de que vuestras posturas se acerquen en vez de alejarse ("De acuerdo, primero yo escucho tu punto de vista hasta entenderlo y luego tú el mío").

- Haz todas las pregunta necesarias hasta entender bien su postura, trata de ponerte en su lugar, averigua lo que siente y asegúrate de que le has entendido exponiendo lo que crees que quiere decir ("si no te he entendido mal, lo que estás diciendo es...").

- Una vez que os hayáis entendido tratad de buscar tierra común. Por ejemplo, si a ti te gusta gastar el dinero y disfrutar de él mientras lo tengas, pero para tu pareja es muy importante el ahorro, podéis acordar que vais a ahorrar una cantidad predeterminada cada mes y lo que exceda esa cantidad lo podréis gastar en actividades de ocio.

- Ten en cuenta que a veces tu pareja puede no tener claro lo que le pasa. Ayúdale a descubrirlo.

- No trates de intentar resolver los problemas de tu pareja antes de haber escuchado y entendido lo que le pasa y lo que siente. Después, ofrécele tu ayuda o consejo si lo quiere. Ten en cuenta que es posible que sólo quiera tu apoyo y comprensión y no que le resuelvas el problema.

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Elegir la felicidad de Maytte Sepúlveda

“Eran dos discípulos que además de la amistad que los unía, tenían el mismo anhelo de trascender y llegar a la plenitud y a la iluminación. Un día decidieron dedicarse por completo a la búsqueda del bienestar, el equilibrio y la felicidad, así que su maestro los envió a vivir en las montañas, para dedicarse a una vida simple y mística.

Después de haber construido su refugio, a uno de ellos se le ocurrió plantar un rosal para embellecer un poco el lugar donde vivían y poder disfrutar del maravilloso olor y el espléndido colorido de las rosas. Pero enseguida descartó la idea, pues pensó que el rosal le quitaría tiempo a sus meditaciones y reflexiones. Además, estaba el asunto del apego, aspecto tan criticado en sus creencias. Un rosal lo haría sufrir y, si algún día tenía que mudarse del lugar, perdería la felicidad.

A su compañero, en cambio, le gustó la idea y plantó su propio rosal. Transcurrió el tiempo y el rosal germinó, ofreciendo en su momento primorosas y llamativas rosas. Nuestro hombre estaba feliz, contemplando y disfrutando diariamente el milagro de la naturaleza. Todo ese esplendor le servía para meditar y abrir su mente y corazón para ponerse en contacto con el Creador. Las rosas ayudaban a cultivar su sensibilidad, a desarrollar su sentido místico y a fundirse con Dios.

Su compañero, arrepentido, comenzó a lamentarse por no haber plantado su rosal, y de no poder disponer de sus propias rosas. No dejaba de pensar en lo que pudo haber sido y no fue y cada vez que se abría un botón, la explosión de color y olor hacía que sintiera envidia por la obra del amigo. La infelicidad lo poseyó poco a poco y huyó amargado y frustrado para no ver el logro del otro a su lado”.


Es importante aprender a disfrutar de las cosas buenas que la vida nos ofrece a cada momento, eso sí, sin dejarnos esclavizar por ellas, para evitar el sentimiento de posesión y codicia que nos produce la ignorancia. Hay momentos buenos y otros que no lo son tanto… Pero la clave para mantener el bienestar consiste en aprender a encontrar, siempre, el lado positivo y amable de cada situación, acción y persona, aprendiendo de ello y disfrutándolo cuanto sea posible. ¿Cuántas veces encendemos la TV y aparecen los noticieros mostrándonos crudamente el lado violento y agresivo de los seres humanos? Pero también podemos reconocer, con sólo mirar con un poco de detenimiento, esa parte buena, noble, solidaria y sensible que, aunque en la mayoría de los casos no es considerada noticia, también forma parte de la vida de la gente: miles de personas que se levantan temprano cada día para trabajar y brindarles una mejor calidad de vida a los suyos.

La familia, los amigos, el trabajo, el paisaje, la salud, la vida... son un privilegio. Pero algunos, en lugar de alegrarse por todo lo que tienen y reciben cada día, sólo se fijan en lo que les hace falta o en lo que todavía no han conseguido, se amargan y sufren por lo que tienen otros. Son las mismas personas que se quejan y lamentan todo el día porque tienen mucho trabajo o no lo tienen, por los hijos a los que consideran una carga, por el trafico, el clima… sin comprender que de esta manera no sólo agravan su situación sino que, además, se pierden la posibilidad de reconocer los otros aspectos positivos que también tiene la situación que enfrentan y que le permitirían suavizarla para resolverla de una mejor manera.

Aprendamos a ser felices, aprendamos a reconocer todo lo bueno y lo positivo que encierran las situaciones que vivimos, a creer que todo va a estar bien, a apreciar las pequeñas grandes cosas que nos ofrece la vida cotidianamente.

La rutina hace que perdamos la capacidad de asombro y que sólo estemos pendientes de lo que tenemos que hacer y de lo que nos falta, preocupados y agobiados, perdiéndonos de disfrutar la vida, de esa experiencia espléndida y magnifica que pasa por nuestro lado, muchas veces sin que nos demos cuenta.

La felicidad, decía un maestro que aprecio mucho, “no consiste en tener lo que se quiere sino en querer lo que se tiene.”

Por eso, toma la decisión de comenzar a disfrutar del presente, dale vida a tus sueños, haz un plan para convertirlos en realidad y vive con pasión cada paso del camino que te lleve a conseguirlos, celebra tus pequeños logros, conviértete en una persona positiva, recuerda que las emociones negativas dañan tu salud, te amargan y te convierten en una persona gris.

Practica el desapego y piérdele el miedo a vivir, deja que la alegría, producto de aceptarte y hacer las cosas que quieres, llene todos tus espacios internos y sonríe con amplitud y espontaneidad. Fortalece tu espíritu. A través de la oración o la meditación acércate a la Presencia de la Divinidad en tu interior y conviértete en un instrumento que suavice la vida de otras personas a tu alrededor.


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10 maneras de acabar con una relación (guía para saber qué no hacer en el amor)

“Los Cinco Caballos del Apocalipsis”. Este es el nombre que el célebre profesor de psicología John Gottman otorgó a las cinco actitudes que dan lugar a la mayor parte de conflictos dentro de un matrimonio. Gottman es uno de los investigadores más célebres de las relaciones de pareja, después de que propusiese un modelo cuyo objetivo era predecir las posibilidades de divorcio o éxito de una relación, recogido en Siete reglas de oro para vivir en pareja: un estudio exhaustivo sobre las relaciones y la convivencia (DeBolsillo). Aunque posteriormente haya sido revisado por otros estudiosos, sigue utilizándose como guía para saber qué hacer y no hacer en el amor.

Entre estas actitudes que daban al traste con la mayor parte de las relaciones se encontraban la crítica, ponerse a la defensiva, el desprecio, la condescendencia y la agresividad. Cinco sentimientos que a su vez se traducían en comportamientos muy habituales en la vida de pareja. Se presentan aquí algunos ejemplos de las situaciones más frecuentes y al mismo tiempo más letales en la convivencia amorosa.

1.- Sacar a relucir los trapos sucios
Agua pasada no mueve molino, que se dice. Echar en cara a nuestra pareja algo que realizó en el pasado no conseguirá más que enfurecerla, puesto que si no se le dijo nada en su momento, poco sentido tiene recordarlo tiempo después, cuando ya no tiene solución. Lo único que pensará tu pareja en ese momento es que está conviviendo con una persona rencorosa, vengativa e hipócrita de la que es imposible conocer sus auténticas opiniones. Además, en lo consecutivo, se sentirá insegura respecto a nuestra actitud: ¿estará haciéndolo todo bien, o se habrá equivocado en algo que en un futuro se le echará en cara?

2.- Criticar a tu pareja en público
Los conflictos necesitan ser solucionados de forma directa y privada. Poca ayuda proporciona lanzar continuas indirectas referidas a las actitudes de nuestra pareja delante de terceras personas, incómodos testigos de un cruce de acusaciones que aunque en muchas ocasiones se disfracen de jocosa ironía, no hace más que sacar a relucir ante los demás las fallas de nuestra relación. Como factor agravante, hacerlo delante de la propia familia hará que tu pareja se sienta en una encerrona consentida y aceptada por toda su familia política.

3.- Olvidar las fechas importantes
Cumpleaños, aniversarios, ese día especial que tu pareja te ha pedido que reserves… No son tantos días al año como para permitirte ignorarlos recurrentemente. Aunque circunstancialmente uno pueda pasar por alto una de estas onomásticas –nunca jamás el cumpleaños, claro–, hacerlo de manera repetida sólo le hará sospechar a tu compañero el poco interés que muestras en él. Más, teniendo en cuenta la cantidad de herramientas de organización con las que contamos hoy en día, de los móviles último modelo a las agendas electrónicas. Recuerda, además, que todas estas fechas no cambian de año en año: en 2013, San Valentín y el cumpleaños de tu mujer se seguirán celebrando el mismo día.

4.- No reconocer los éxitos de tu pareja
Especialmente, si te gusta enorgullecerte de tus propios logros. Es altamente probable que seas la primera persona a la que tu pareja haga llegar la noticia de una subida de sueldo, un nuevo trabajo o un ascenso en la empresa. Por ello,despachar rápidamente a tu pareja o mostrar poco entusiasmo cuando te comunica dicha buena nueva la hará sentirse mal. Y, probablemente, tendrá que buscar refuerzo positivo en otro contexto, como puede ser el de sus amigos (incluidos los del sexo contrario), lo que provoca un grave peligro: que esa otra persona responda de manera mucho más positiva a las buenas noticias que tú. Crisis asegurada.

5.- Proponerle actividades que no le gustan
Si a tu pareja no le gusta ir al fútbol los domingos, quizá insistir en ello un fin de semana tras otro no vaya a conseguir que el deporte rey le termine conquistando sino, más bien, que lo aborrezca. Debemos recordar que no podemos compartir todas nuestras aficiones con nuestra pareja. No está mal intentarlo –al fin y al cabo, como asegura un estudio de la Universidad de Denver, compartir aficiones es una de las claves para el éxito matrimonial–, pero debemos darnos por vencidos si vemos que en lugar de avanzar, retrocedemos. Algo semejante ocurre con determinados amigos. Aunque a nosotros nos parezca que todos son maravillosos, no todas las personalidades encajan, y quedar continuamente con esas personas que nuestra mujer o esposo aborrece quizá no sea la manera adecuada de planear nuestros fines de semana.

6.- Criticar a tu pareja a través de tus hijos
“No seas como tu padre”, “eso no lo puede haber sacado de mí” y demás lugares comunes frecuentemente pronunciados en voz alta frente a los propios hijos constituyen uno de los caminos más cortos hacia la desconfianza marital. En primer lugar, porque como ocurría con las críticas frente a los amigos, traslada a terceras personas la responsabilidad de manifestarse ante una pelea que no les compete. Y en segundo lugar, porque dichas personas son nuestros propios retoños, que se convierten en el campo de batalla donde tienen lugar las peleas de sus padres, que deberían ser modelos de imitación a seguir, no figuras criticadas continuamente por su cónyuge. Si existe algún problema, debe resolverse en privado.

7.- Meterte con su apariencia
Existen dos variantes: señalar lo que siempre ha sido así y difícilmente podrá cambiar (“qué bajita eres”, “qué poco pelo te queda”), o recordar a tu pareja que está ganando peso o echándose a perder. Ambas cosas son profundamente negativas para la relación. La primera porque hará sentirse impotente a la persona criticada y que, haga lo que haga, ya no podrá resultar atractiva a su contrario. La segunda, porque se sentirá insultada al sugerir que no se cuida lo suficiente. En un caso u otro, estás perdido.

8.- Recordarle continuamente que no es cariñoso/a
No todo el mundo expresa el amor de la misma manera, por lo que no podemos esperar que una persona que no es particularmente expresiva cambie su forma de comportarse hacia nosotros de la noche a la mañana. De igual manera, esto se puede extrapolar a otras situaciones de la vida en común. Es poco probable que si nuestra pareja no se siente impelida a realizar espontáneamente un acto romántico o una muestra de cariño, lo haga sólo porque le hemos recordado que debería comportarse de dicha manera. O, peor aún, puede que lo haga, pero de forma completamente falsa.

9.- Ignorar los consejos y peticiones de tu pareja
A las personas no sólo les gusta que las escuchen, sino también que sus palabras tengan algún efecto si eso es lo que persiguen. Es uno de los pilares de la confianza en una pareja: si no podemos conseguir que se nos haga caso, tarde o temprano terminaremos dándolo por imposible. Y, en ese caso, ¿para qué volver a hablar con nuestra pareja si nuestras palabras entran por un oído y salen por otro? Debemos proporcionar alguna clase de retroalimentación si se nos intenta ayudar. Y si se nos pide algo (comprar determinado producto, por ejemplo), hacer el recado no significa que nos hayamos convertido en esclavos, sino que somos dignos de confianza.

10.- No dejar que tu pareja tome ninguna decisión

Hay mucha gente a la que le gusta que le den los planes hechos, todos lo sabemos. Pero incluso a ellos les gusta de vez en cuando ser capaces de decidir sobre los planes de vacaciones, el menú de la semana o el futuro de sus hijos. Aunque nos guste tener la iniciativa y se nos ceda habitualmente, es preferible que las decisiones sean consensuadas (o al menos lo parezcan) y se deje un pequeño espacio para las propuestas de nuestro compañero, a las que no debemos responder con continuas preguntas llenas de desconfianza como “¿pero estás seguro de que quieres hacer eso?” Puede que, quién sabe, incluso nos lleguen a parecer interesantes.

Fuente: elconfidencial.com

Diabetes

La diabetes es una enfermedad en la que el organismo no produce insulina o no la utiliza adecuadamente. La insulina es una hormona necesaria para transformar el azúcar, el almidón y otros alimentos en la energía que necesitamos para nuestra vida cotidiana. Aunque tanto los factores genéticos como medioambientales, tales como la obesidad y la falta de ejercicio, parecen desempeñar roles importantes, la causa de la diabetes continúa siendo un misterio.

Hay varios tipos de diabetes:

  1. Tipo 1, o la Diabetes Juvenil
  2. Diabetes gestacional - se manifiesta en mujeres embarazadas
  3. Pre-diabetes, niveles de glucosa en la sangre mayores que los normales pero no lo suficientemente altos como para diagnosticar diabetes
  4. Tipo 2 - la mas común en adultos, y ahora se está manifestando en los niños con problemas de obesidad.

En los Estados Unidos, hay 20.8 millones de personas, o el 7% de la población, que sufren de todos tipos diabetes. Si bien ya se han diagnosticado con diabetes alrededor de 14,6 millones de personas, desafortunadamente 6,2 millones (o casi un tercio) no saben que padecen la enfermedad.

Para determinar si un paciente tiene diabetes latente o diabetes, los profesionales de la salud realizan una prueba de glucosa en el plasma en ayunas (GPA) o una prueba oral de tolerancia a la glucosa (POTG). Con cualquiera de esas dos pruebas, puede diagnosticarse la diabetes latente o la diabetes. La American Diabetes Association recomienda la prueba de GPA porque es más económica, rápida y fácil de realizar.

Si en la prueba de GPA se detecta un nivel de glucosa en la sangre en ayunas entre 100 y 125 mg/dl, significa que la persona tiene una diabetes latente. Una persona con un nivel de glucosa en la sangre en ayunas de 126 mg/dl o superior padece diabetes.


Fuente:

Esclavo de sentimientos,... de José Ramón Marcos Sánchez

Ya nos conocemos tanto que hoy somos desconocidos,…no recordamos ni el día que empezamos a olvidarnos,….nos hemos acostumbrado a habitar en la costumbre,…a no echarnos de menos por tenernos de mas,….eres el yo prolongado que nunca quise tener,…y sin embargo no puedo morir sin ti,…aunque no viva contigo,….nos engendró un sentimiento,…nacimos de una ilusión que parecía real,…que por real fue muriendo,….hasta extinguirse en respeto,….y nos respetamos tanto que nos tapamos el daño,…pasamos de no querer mentirnos por amor a necesitar mentirnos por cariño,…esto hace que me odie,….esto evita que te odie,….asumimos la monotonía por no asumir el fracaso,…y seguiremos unidos en la verdad de nuestra propia mentira,….hasta no estar,….y poder idealizarnos en el recuerdo,…y llorar la ausencia de alguien que nunca estuvo presente,….porque el amor lleva implícito ser libre y dar libertad,…pero las ganas de tanto nos llevan a poseer,…hasta convertirnos en esclavo de otro que también es nuestro esclavo,….en preso del prisionero que dio muerte al sentimiento,….
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.
Correo y MSN: joseramonmarcos@live.com 
Twitter: @joseramonmarcos