viernes, 20 de julio de 2012

Mito Cinco: Trabajar con Culpa

Continuando de esta manera con los mitos sobre asumir la maternidad sola, aqui te hago entrega del quinto mito, tal cual como lo leíste existe un mito tan arraigado en nosotras que nos resulta un tanto difícil despojarlos de nuestras creencias.

Resulta que como madres, nosotras las mujeres desarrollamos naturalmente un vinculo extraordinario con nuestro bebé, desde que lo llevamos dentro hasta el momento del nacimiento, creamos sin duda alguna un lazo maternal muy fuerte con nuestro hijo, pues sí, son esos nueve meses que nos sirven para entender la vida y si aún no estábamos conectada a ella que mejor momento que tu maternidad para agradecer y valorar la vida.

Luego del nacimiento ya hemos afianzado el vinculo madre/bebé, es como si lo que los uniera fuera cada vez más fuerte, la ruptura del cordón umbilical no implica separación alguna, sino es unión con el contacto materno fuera del vientre, y esa unión por tanto se hace más estrecha cuando puedes ver, abrazar y sentir a tu bebé en tus brazos.

De ahí que se torne difícil dejarlo cuando llega el momento en que tú tienes que salir a trabajar, ese momento es tan triste en la vida de algunas mamás que terminan sintiéndose culpables por salir a trabajar y más aún si están solas ya que sobre ellas recae todo el peso de sostener el hogar y de mantener a su hijo.

Quien no querría quedarse todo el tiempo con su bebé, verlo crecer y no perderse de ningún momento con él o ella, estar siempre cuidándolo y dándole todo tu tiempo. Está bien que sea así, no digo que este mal, pero tu debes enfrentar una realidad, estás sola, nadie se ocupará de ti ni de tu hijo, puede que tengas el apoyo de tu familia, pero ten en cuenta que toda la responsabilidad de salir adelante solo recae en ti. Entonces, pensar en salir a trabajar puede ser una opción, o la más idónea en este caso seria que te dediques a alguna actividad desde tu casa que te produzca un beneficio económico y con la cual puedas mantenerte a ti y a tu hijo/a, y de está forma también estarías pendiente de su cuidado.

Lo importante aquí es que entiendas que si tienes que salir a trabajar no debes sentir culpa al dejar a tus hijos, no los estas abandonando, los dejas con personas de confianza para su cuidado, luego solo debes organizarte para tener siempre un tiempo provechoso para compartir con tus hijos.

En síntesis no sientas culpa por trabajar, no pienses que desperdicias tu tiempo en vez de dárselos a tus hijos, vivir con la culpa sea la clase que fuera no te permitirá vivir bien, al contrario puedes abrir tu mente y pensar que el trabajo es aquello que te hará mejor persona y hará que a tu hijo no le falte nada. Te recomiendo que siempre trabajes para aquello que verdaderamente amas de esta forma la culpa se esfumará de tu vida y podrás inclusive sentirte realizada personal y profesionalmente, desarrolla tu creatividad al máximo y verás que las buenas ideas se apoderaran de ti.

¡Olvida la culpa y trabaja por aquello que verdaderamente te apasiona!

Fuente:
http://www.vidademama.com

Mito Cuatro: Tengo que ser mamá y papá

Este es un mito que sin duda alguna también es muy común, todas pensamos en algún momento que tenemos el doble rol de ser mamá y papá a la vez. Pues aunque aveces la carga de la responsabilidad nos resulte pesada y agobiante, no podemos decir que somos papás o que trabajamos el doble para que nuestros hijos no noten la ausencia del mismo.

Sea la razón que fuere por la cual tu haz decidido asumir el compromiso de ser madre sin el apoyo del padre del bebé, no puedes de ninguna manera reemplazarlo, su ausencia no significa muchas veces inexistencia de la figura paternal.

Cuantas son las madres solteras, separadas, divorciadas o viudas que sienten una sobrecarga en sus espaldas, por tener que ocuparse de todo, de trabajar, de ocuparse de la casa, de la escuela de los hijos, de preocuparse para que a sus hijos no le falte nada ni siquiera para que necesiten de su padre. Te recomiendo que cambies de parecer en el sentido de que debes desenvolverte solamente en tu rol de mamá y hacerlo tan bien que tus hijos no te reclamen nada, sin tratar de tapar la carencia paternal, de esta manera podrás criar y educar hijos sanos, ya que de hecho tu salud es muy importante debes cuidarla tanto física como mentalmente, entonces no te asumas roles que no te corresponden.

Sé sencilla y amorosamente mamá, un padre puede que falte pero como ya te lo dije no te atribuyas dicho rol, solo disfruta de ser mamá, y que cada paso que des lo hagas consciente y deliberadamente pensando en tu futuro y en el de tu hijo.

Lo más importante es siempre brindar todo tu amor incondicional a tu hijo y no culpabilizarlo de nada, ni siquiera tu debes sentirte culpable por separar a tu hijo de su padre si es el caso de un divorcio por ejemplo, porque en el fondo una madre sabe lo que es mejor para su hijo.

Por último no olvides que estos mitos están tan arraigados en nuestra mente que nos imposibilitan alcanzar nuestra propia felicidad y la de nuestros hijos, por eso quisiera que tengas en cuenta mi consejo de saber detectar dicho pensamiento y expulsarlos de una vez para que nos llenemos de la felicidad y armonía que realmente nos merecemos.

¡Hasta la próxima!

Fuente:
http://www.vidademama.com/

Mito tres: no puedo hacer nada

He aquí el tercer mito, el de pensar que No podemos hacer nada una vez que asumimos el rol de ser mamá y en la tarea cotidiana de practicarlo. La mayoría lo ha pensado, si bien las madres solteras, separadas o divorciadas, tienen una mayor presión y responsabilidad hacia sus hijos, ello no te impide hacer aquello que quieres, por más simple que parezca debes darte el gusto de realizar lo que tu verdaderamente quieres.

Sin duda asumir tu maternidad sola y hacerse cargo de la crianza de un hijo no es tarea sencilla, y a medida que crezca tu hijo/a te irás dando cuenta cuan grande resulta ser tu responsabilidad como madre que no acaba cuando ves nacer a tu bebé sino de hecho en ese instante mismo es cuando comienza todo, un mundo nuevo por descubrir.

Pero ojo no debes encerrarte en tu rol de mamá y pensar solo en tu bebé, tendrás que buscar un tiempo para ti, aunque sea muy poco el que tengas, no debes olvidarte de ti misma y mucho menos utilizar a tus hijos de pretexto para no hacer nada.

En muchos casos, las mamás se ocultan detrás de sus hijos usándolos de esta manera de escudo o en forma de pretexto para no hacer lo que deberían estar haciendo postergando de esta forma sus proyectos personales y profesionales. Una mujer que ha decidido tener un hijo sola ya sea por la razón que fuere, en ocasiones piensa que ya no puede tener una familia, que ya no puede tener una vida, que ya no puede salir a divertirse con los amigos, o simplemente ya no pueden ni cuidarse ellas mismas, hasta llegan aveces al punto de descuidarse, ya ni tiempo de ir a la peluquería tienen, en síntesis pensamos que No podemos cuando en realidad Si podemos lo único que nos limita son nuestras propias creencias.

Constituye una idea errónea la que nos metemos en la cabeza, si bien es cierto que una mujer que asume sola el compromiso de ser mamá tiene verdaderamente mucha más presión que las que tienen a su pareja o tienen al padre de sus hijos, pero no por eso tenemos que meternos la absurda idea de que no tenemos tiempo para nosotras, de que no podemos hacer nada, de que nos esperara una triste y solitaria vida acompañada de nuestro hijo, si piensas así te convertirás en una amarga, y ningún hijo quiere una madre amargada, alguién que constantemente les eche en cara a sus hijos que por culpa de ellos perdieron muchas oportunidades en la vida.

Entonces mi consejo es el siguiente: Tu tienes derecho a tener la vida que deseas, un hijo no es limitación alguna para ello, si tu relación de pareja no funcionó, tienes y debes darte otra opotunidad de amar, será muy beneficioso para ti y para tu hijo.

Si tu deseas cambiar algo en ti que un hijo no te detenga, que sea el que te impulse a dar más de ti.

Olvida la idea de que no puedes hacer nada, piensa en lo que puedes hacer para construir desde ya tu propia felicidad y agradece a Dios que te envió a alguien muy especial para vivir a tu lado, una personita a quien nada menos que tu hiciste que viera la luz del sol, así que espero que desde hoy ya no digas que no puedes hacer nada, construye tu vida paso a paso a medida que tu hijo crece y verás cuan grande será tu recompensa.

Fuente:
http://www.vidademama.com

Padres e hijos despues del divorcio


Los padres tras el divorcio.

El divorcio impone dos tareas a los adultos. La primera es reconstruir su vida de adultos, aprovechando positivamente las segundas oportunidades que brinda el divorcio. La segunda es cumplir las funciones de padre o madre, después del divorcio, protegiendo a los hijos del fuego cruzado entre los ex cónyuges y prodigándoles cuidados y afecto.

Reconstruir la vida.

Cualquiera que sean las razones que les impulsan a divorciarse, la mayoría de las personas que ponen fin a su matrimonio lo hacen con la esperanza de mejorar su calidad de vida y la de sus hijos. Esperan hallar un nuevo amor, una relación mejor, una pareja sexualmente más estimulante, un compañero más comprensivo, un proveedor más eficiente. Si ello no ocurre, esperan vivir solos, pero llevando una vida en la que tengan la oportunidad de respetarse a sí mismos, estar tranquilos o, al menos, experimentar una existencia menos turbulenta, sin intromisiones ni sufrimientos. Para aquel que inicia los trámites, la expectativa de una nueva vida resulta ser mucho más importante que la crisis que produce el divorcio.

Para los adultos, el divorcio se percibe como una segunda oportunidad, existe la posibilidad de enamorarse, de hacer una elección más acertada, de recuperar la dignidad, de enmendar un error, de redefinir su condición de adulto y sus metas y aplicar lo que aprendió durante su primer matrimonio, existe la oportunidad de crecer psicológicamente y ser un padre o madre mejor, se forme o no una nueva pareja.

Sin embargo no existen pruebas de que el tiempo disminuya automáticamente la intensidad de los sentimientos y los recuerdos; que puedan superarse el dolor y la depresión, o que los celos, la ira y la humillación se desvanezcan.

Cuando el matrimonio ha sido prolongado, el sentimiento de identidad de un cónyuge está ligado al otro y al matrimonio, y hay que rescatar el yo.

Es más fácil que un adulto tenga éxito después del divorcio si tiene un pasado en el cual se ha destacado, algún punto de referencia que le recuerde su antigua independencia y sus éxitos previos. Son muchos los factores que condicionan nuestras segundas oportunidades: la edad, el sexo, el dinero, el aspecto físico, el coraje, la suerte y muchas de las decisiones que se toman según pasa el tiempo.

Las mujeres que se divorcian entre los treinta y los cuarenta años tienden a restablecer vínculos con viejas amistades y a buscar nuevos grupos y actividades, decididas a encontrar apoyo en otras personas. Al evitar el aislamiento social, muchas mujeres crecen psicológicamente. Esto no garantiza la felicidad, pero ayuda a mitigar el dolor.

Nada ayuda a recuperar con tanta rapidez y dicha la propia estimación y la felicidad del adulto divorciado como un romance o un segundo matrimonio afortunado.

Proteger y cuidar de los hijos

Es muy importante que cada uno de los padres se abstenga de quebrantar las pautas que los hijos establezcan con el otro, así como que los niños constaten que tienen un padre y una madre que se preocupan por él pese a la disolución del matrimonio.

La custodia compartida de los hijos requiere una gran dosis de cooperación, comunicación, sensibilidad y flexibilidad, y también, la capacidad de permitir que el ex cónyuge tenga una vida propia, romances incluídos.

Algunos padres someten a interrogatorios a sus hijos para que les transmita información sobre las actividades de sus ex cónyuges con lo cual los niños se sienten muy presionados. Cuando se pide a los hijos que lleven y traigan mensajes a los padres enemistados les resulta una tarea penosa, ardua y humillante.

A pesar de los sentimientos enfrentados que puedan existir entre los padres, deben ofrecer a los hijos el apoyo económico que hubiera recibido en un matrimonio no divorciado y un apoyo emocional mayor para compensar la mayor ansiedad sufrida por el hijo.

Un divorcio que se lleve a cabo meditadamente y con sentido realista puede enseñar a los hijos cómo afrontar los problemas serios de la vida con compasión, sabiduría y mediante la conducta apropiada.

Los hijos tras el divorcio

Los hijos, a diferencia de los adultos, no perciben el divorcio como una segunda oportunidad, y ello forma parte de su sufrimiento. El divorcio engendra niños hambrientos de afecto y atención. Para ellos es importante tener buenos recuerdos del matrimonio de sus padres, necesitan saber que sus padres se hayan amado alguna vez, con el fin de confirmar lo bueno que hay en ellos y en su origen.

El divorcio es una experiencia diferente para los niños que para los adultos porque pierden algo que es esencial para su desarrollo: la estructura familiar. La familia es para el niño la entidad que le brinda el apoyo y la protección que él necesita. Los hijos sienten que sus padres son culpables por haber fracasado en una de las tareas más importantes de la vida, que es la de mantener unidos el matrimonio y la familia en la pobreza y en la riqueza, en la dicha y en la desdicha.

La primera reacción del niño ante el divorcio es la de temor. Experimentan una profunda sensación de pérdida y tristeza. Durante años los niños luchan contra sus sentimientos de enojo y tristeza. La mayoría de niños esperan que sus padres se reconcilien. Se sienten solos y desamparados. Muchos niños en edad escolar se quejan de síntoma psicosomáticos como dolor de vientre o de cabeza.

La furia del niño está unida a una sensación de impotencia. Sienten que su opinión no cuenta, que no pueden influir en ese acontecimiento tan importante para sus vidas. Muchos niños se sienten culpables y otros consideran que es su deber tratar de recomponer el matrimonio. Surgen también conflictos de lealtad hacia cada uno de los padres frente al otro.

Cuando uno de los progenitores abandona al otro, los niños lo interpretan como si les abandonaran a ellos. Muchas adolescentes se ven impulsadas, por cariño y compasión, a identificarse con el padre o la madre rechazados. Al crecer, temen emplear la palabra amor porque las relaciones son inciertas y desconfían de los compromisos porque sus padres rompieron el suyo. Los hijos del divorcio suelen postergar tener hijos hasta estar seguros que su matrimonio funciona bien.

La aparición de una nueva pareja de la madre/padre le plantea al hijo el conflicto de si es ser desleal a su padre/madre llevarse bien con ella. La relación de la nueva pareja con los hijos se construye con innumerables transacciones y respuestas, a través de las cuales, el niño percibe que la otra persona se interesa por él.

Algunas adolescentes pueden encontrar en su madrastra una amiga y aliada. Los hijos desean que la madrastra haga feliz al padre, que los reciba cordialmente y que no los haga sentir intrusos.

Para superar el divorcio de los padres, los hijos tendrán que reconocer que sus padres son seres humanos que pueden cometer errores, y respetarlos por sus esfuerzos y coraje por recurrir a una solución moral y socialmente aceptable.

(Extraído del libro de la Dra Judith S. Wallerstein y Sandra Blakeslee)

Fuente:
http://crecercompartiendo.wordpress.com