jueves, 28 de junio de 2012

Cambios de humor: aprender a controlarlos

Los cambios de humor son algo normal y dependen de las circunstancias.

El estado de ánimo varía en función de cómo nos tomamos las situaciones que nos toca vivir, del significado que les atribuimos y de cómo evaluamos nuestra propia actuación al enfrentarnos a ellas.

El humor puede oscilar entre el extremo de la alegría o el entusiasmo y el de la tristeza y angustia.

Las alteraciones del humor son normales como parte del proceso de adaptación a las circunstancias. Ante cualquier cambio imprevisto, unos pueden reaccionar de entrada, con tristeza, otros con rabia o, cuando lo que ocurre es positivo, con una alegría desmedida.

Si el estado de ánimo no cambiase nunca, a pesar de las influencias externas, se consideraría un síntoma de patología. El equilibrio no consiste en dejar de sentir alegría o tristeza; la capacidad afectiva no debe bloquearse porque permite aprender y porque actúa, muchas veces, como señal de alarma frente a las dificultades o peligros.

De lo que se trata es de no dejarse llevar sin control de un polo a otro del estado de ánimo.


¿Cómo podemos manejar los cambios de humor?

1) Cuando analices lo que te sucede, aprende a distinguir los pensamientos realistas de los que no son más que una expresión de miedos más profundos.

2) Mantén una actitud de aprendizaje constante. Piensa que cada circunstancia, ya sea adversa o agradable, puede enseñarte algo.

No temas a las emociones; solo te enriquecerán si las percibes y las aceptas.

3) Trata de identificarte menos con las cosas externas. Tu eres algo más que aquello que te sucede, que las cosas materiales que posees o el trabajo que desempeñas.

4) Aprende a aceptar el cambio como parte de la experiencia humana. El equilibrio se alcanza cuando uno logra fluir con las oscilaciones, sin identificarse con ellas y sabiendo que nada es permanente.

Begoña Odriozola (psicóloga) en Cuerpo y Mente
http://www.cuerpomente.es/ 

Para finalizar te dejo con un vídeo motivacional:


Enseña a tu hijo el respeto

Comenzaremos nuevamente por definir qué es respeto para nosotros, el respeto es una actitud que nace con el reconocimiento del valor de una persona, ya sea inherente o también relacionado con una habilidad o comportamiento. Respetar es ponderar los límites que se tiene de la propia libertad, considerar los propios derechos y el de los demás, aceptar a los demás, reconocer el acatamiento de una autoridad también constituye respeto.

¿Cómo nosotras las madres enseñamos a nuestros hijos lo que es el respeto? Indudablemente esta enseñanza del respeto debe ser inculcada desde los primeros años de vida de nuestros hijos, aunque ciertamente a la edad de 2 o 4 años resulte dificil que entiendan debido a que es una etapa de imposición de los chicos, es cuando afianzan sus personalidades y está viendo cómo pueden o qué tanto sus actitudes influyen en su entorno. Por ello aunque resulte complicado a esta edad hacerles entender lo que es el respeto, de igual manera nosotras debemos enseñarles, primeramente mostrandoles respeto, no te olvides que somos el ejemplo, no podemos exigirles respeto si ellos ven en nosotras que no lo tenemos.

También es primordial indicarles los límites como siempre digo, aprender a respetar las cosas ajenas, a sus hermanitos, a sus amigos, aprender a respetar a los mayores etc.

El respeto no es sinónimo de buenos modales, estos son otro tipo de virtud, el respeto va mucho más allá, es algo inherente, que nace internamente basandose en las enseñanzas desde la infancia, y adquiriendo mayor desarrollo gracias al ambiente en que se desenvuelven nuestros hijos.

La falta de respeto trae aparejada, violencia, agresiones verbales, incompatibilidades de relacionamiento, carencia de diálogo positivo, en sintesis la convivencia se hace muy difícil cuando no hay respeto de por medio.

En el hogar es fácil detectar cuando nuestros hijos manifiestan una actitud de respeto hacia los demás miembros de su familia, hay armonía, hay límites y lo mejor de todo es que conocen exactamente cuales son sus derechos, donde comienza y donde terminan los suyos.

Como madres y padres debemos educar a nuestros hijos basados en el respeto no en el miedo, resulta ser muy diferente cuando un niño respeta a sus padres que cuando siente miedo por ellos. Lo más importante es tomarlo con calma, en la infancia los chicos aprenden lo que ven, es cuestión de mostrasles la conducta adecuada siendo tú el primer modelo a seguir.

En la etapa de la adolescencia, es normal que haya carencia de respeto porque también aquí hay cambios físicos, psiquicos y emocionales muy grandes, los cuales hacen que el joven adolescente tenga conductas muy reprochables en su entorno sobre todo con sus propios padres. De allí la importancia de educar el respeto desde niños, porque muy difícilmente se convertirán de bellos corderitos a bestias feroces en la adolescencia ya que tendrán la base de respeto necesaria para poder superar esta etapa de cambios fisiológicos.

Enseña el valor del respeto a tu hijo verás que te lo agradecerá y la sociedad también.

Fuente:

Pequeños detalles tienen gran significado en relaciones de pareja

La expresión del afecto y los detalles son el alimento básico de las relaciones de pareja, son elementos que no pueden faltar. Cuando las parejas están en el noviazgo sobran las palabras de amor, las flores no pueden faltar y las muestras de afecto están presentes siempre y en todo lugar, sin embargo, conforme avanza la relación esos pequeños detalles van quedando atrás, hasta que llega un momento en que la ilusión desaparece por completo.

El “alimento” diario de las relaciones de pareja son esas pequeñas grandes cosas que realmente hacen la diferencia, ya que son la verdadera y más pura expresión del amor que ambos se profesan, lo cual permite a la vez el fortalecimiento del vínculo, por tanto son elementos que no deben faltar en la relación.

No necesariamente esta situación es un indicativo de que la pareja está atravesando un mal momento, puede que simplemente las obligaciones, las preocupaciones y todas las responsabilidades que tienen les consuman, por lo que descuidan esos detalles que son importantes de mantener.

Lo ideal es que cuando esto ocurra, las parejas hagan un alto en el camino y puedan revertir el panorama, para lo cual deben procurar disponer de tiempo para ellos, y a pesar de todas presiones, no olvidar aquellos hermosos momentos que vivieron en un inicio de la relación y que fueron el motivo por el que unieron sus vidas.

Ilusión

En muchas ocasiones, las personas asumen que la pareja sabe que le aman, no obstante, eso no es suficiente, pues siempre es necesario demostrar de una manera tangible los sentimientos que se tienen, es por ello que un abrazo, un beso, una caricia o el salir de la manos son acciones que no se pueden perder de vista.

“Son parte del diario vivir de la pareja, permiten mantener la llama del amor encendida o la ilusión, parecen ser cosas insignificantes, pero no, pues nutren la relación. Los detalles, un gesto de cariño o un favor inesperado hacen que se mantenga vivo el sentimiento de amor en la pareja”, explicó el psicólogo Erick Quesada.

Para Quesada, esos detalles quedan en el olvido, sobre todo cuando la relación comienza a caer en la rutina, cuando las responsabilidades se hacen más pesadas, cuando las obligaciones y compromisos ahogan a la pareja y cuando la comunicación entre ambos falla, todo esto hace que la relación se enfríe y la rutina y la costumbre hagan de las suyas.

“La expresión del afecto no debe faltar, es el alimento básico de la relación, el abrazo, el beso y las palabras bonitas son elementos que no pueden pasarse por alto, eso es más importante que entregar un regalo, por ejemplo. Los detalles en general deben ser lo más importante en la relación de pareja”, añadió el experto.

Cuido

Por su parte, el psicólogo de Enfoque a la Familia Miguel Leitón comentó que la expresión del afecto brinda seguridad a la relación, ya que ambos se sienten amados y necesitados por el otro, además, permite confirmar con frecuencia que los dos tomaron una buena decisión al estar juntos y emprender un proyecto de vida juntos.

La expresión de afecto y los detalles dan seguridad, que se traduce en saber que el otro estará al lado en todo momento, brinda sentido de pertenencia a nivel físico y emocional y es una forma de demostrar apoyo. Cuando se recibe afecto la persona se siente más estable y le inyecta vitalidad al vínculo”, aseveró el especialista.

Leitón manifestó que es de esperar que los detalles se pierdan porque la relación va madurando y eso implica muchas más responsabilidades, pero no es normal que no se haga nada al respecto por cambiar la situación, es ahí cuando se hace necesario que la pareja se detenga, analice lo que ocurre y retome lo que en un inicio era tan común.

“Deben recordar el por qué decidieron estar juntos y cuál es la razón que les sigue motivando a mantener la relación. Nunca hay que olvidar que como pareja hay que edificar para que el otro crezca, acariciar para hacer el afecto visible y bendecir a la pareja deseándole lo mejor”, recalcó el experto.

Pequeñas grandes cosas

-Las responsabilidades y preocupaciones hacen que las parejas dejen atrás la ilusión y caigan en la rutina, por lo que olvidan los detalles y las expresiones de afecto.
-Cuando esto ocurra es necesario hacer un alto en el camino y retomar aquellas pequeñas cosas que les enamoraron.
-Las palabras bonitas, los abrazos, los besos y las caricias son la mejor forma de hacerle ver a la pareja cuan importante es.

Autora:  Angie López Arias 
Fuente:

Ya no te quiero (Entrevista) por Merlina Meiler

¿Se puede pasar del amor a la persona con la que, en algún momento, pensamos en compartir la vida, al crudo desamor e, incluso, a la indiferencia?

Me entrevistaron sobre este tema para la revista Entrecasa (Disco) de este mes. Acá transcribo gran parte de la nota, escrita por Daniela Ceccato:

¿Se puede dejar de amar a quien se creía el compañero de vida? Del amor al tremendo desamor. Tanto dejar como ser dejado es uno de los dolores más inmensos. ¿Cómo seguir?

Recostados en la cama, ella y su marido planean hacer un viaje juntos, pero finalmente ambos se van a dormir sin ponerse de acuerdo. Cada cual quiere un destino distinto. Esa misma noche, ella se despierta con una angustia que le presiona el pecho, llora cuanto puede en silencio -no quiere que su esposo, dormido, la escuche- y advierte que a su vida, así como está, no la quiere más. Entonces, toma la difícil decisión de decirle adiós a su matrimonio, y se lanza a la aventura de dejar todo lo conocido para animarse al cambio.

En Comer, rezar, amar -basada en el libro, homónimo, de Elizabeth Gilbert-, la protagonista (interpretada por Julia Roberts), además de tener una interesante vida profesional, está casada con un hombre noble, lindo y ¡que la ama! Sin embargo, lo cierto es que ella se ve en una vida que siente ajena. Esta historia, basada en una experiencia real, deja en evidencia que no hacen falta grandes conflictos de pareja para que el amor se termine. Y eso, quizá, es lo que lo hace aún más triste.

Porque, ¿cómo se puede dejar de amar a quien, se creyó, sería el amor de la vida? La verdad es que, no se sabe bien cómo, pero lo cierto es que uno pasa de sentir a ese otro, la mitad que complementa la vida entera, a verlo como si fuera un completo extraño. Y su presencia, antes esperada, ahora genera un malestar en el medio del estómago. De forma literal: donde hubo fuego… ¡ahora no quedan ni siquiera unas cenizas!

Tiempo que fluye
La vida es constante movimiento: “Las necesidades van cambiando con el tiempo, los deseos y los objetivos de los 20 años no son iguales a los de los 40 ó 60”, resume Merlina Meiler, coach con un máster en Programación Neurolingüística, a cargo de Mejora Emocional (ganador Premio Mate.ar, Mejor Weblog 2010). Y continúa: “No ir haciendo cambios a la par del otro, y desoír las nuevas necesidades de quien tenemos al lado, también va desgastando el amor”.

Además, comenta que uno de los motivos más comunes por los que una persona deja de amar es la falta de incentivos. La rutina desgasta a la relación y, entonces, el hecho de que sea todo igual y que no haya nada que despabile o que re-enamore, da lugar a la apatía, y en muchos casos, a que algo nuevo llame la atención. Así surge un replanteamiento serio de seguir o no con el vínculo. También sucede, continúa Meiler, que cuando uno de los miembros de la pareja es muy dominante, el otro, con el tiempo y aunque no lo demuestre, va perdiendo interés y generando cierto resentimiento: “A todos nos gusta disponer de áreas de nuestra vida y de nuestra personalidad a nuestro antojo, aunque no lo demostremos. Más allá de que no demos señales de estar hartos de que nos manejen la vida, o que parezca que todo sigue igual, la marcha decididamente va por dentro”.

La hora de dejar
“Cuando lo conocí, me enamoré perdidamente. Aunque luché contra mí misma, en cuanto me quise dar cuenta ya estaba totalmente perdida de amor”, cuenta sobre su experiencia Valeria (30), comerciante que cuenta que en su historia no todo fue un lecho de rosas. Ella llevaba siete años en pareja cuando decidió convivir, una etapa que duró tres años más. Cuenta que siempre había soñado con ser una mujer libre, no quería ni vestido blanco, ni casamiento y, mucho menos, convivencia. Y que su pareja, que también es una persona muy libre, se había enamorado de ella con locura.

“La pasábamos muy bien juntos, y a la vez tratábamos de mantener nuestros espacios: desde estar cada uno abocado a su deseo profesional a salir con los propios amigos. La libertad era nuestro leitmotiv. Cuando empezamos a convivir, fue difícil acostumbrarnos. Lo peor para mí fue que vivíamos al lado de la mamá de él. Aunque me llevaba bien con ella, me molestaba mucho que fuese tan metida. Estaba atenta a cuándo llegaba, a cuándo me iba. Cuando estábamos en casa, se aparecía. Eso era uno de los principales conflictos de la pareja, porque él defendía mucho a su mamá. Entonces se me hacía muy difícil plantearle que me molestaba que ella se metiera en nuestras vidas.

Con el tiempo, hubo un cambio. Él supo entender que no la quería a ella cada fin de semana en nuestra casa. Además, el hecho de que no fuese ‘nuestra casa’, y que nos costase tanto el poder independizarnos, hacía todo muy cuesta arriba. El último año que convivimos fue horrible. Él se había quedado sin trabajo y se me había pegado a mí. Yo trabajaba, y cuando llegaba a mi casa lo veía a él deprimido y me deprimía la situación, realmente no me bancaba eso. Yo sabía, él era el amor de mi vida, pero no soportaba que dependiera de mí. Él siempre había sido muy independiente, y ahora lo sentía a mis pies. Yo no quería estar en casa y trabajaba hasta tarde. Además, él, con esa realidad, quería tener un hijo y yo no quería saber nada. A fin de año, después de haberlo pensado por meses y con una angustia terrible, decidí pedirle un tiempo. En ese entonces, creía que era un tiempo y nada más. Él, aunque no estaba muy de acuerdo, cedió. Me fui a lo de mis viejos. Estuvimos separados tres meses, en los que hablábamos seguido y él me pedía de volver. Yo sentía que no era el momento; hasta que él, cansado, me dijo que se terminaba de forma definitiva la relación. Empecé terapia, porque no sabía para qué lado correr. Y fue ahí donde me di cuenta que, en realidad, lo había dejado de amar. Me costó horrores aceptarlo. Pero el hecho de habernos separado pensando que era solamente por un tiempo, de alguna manera aminoró el duelo. De todas formas, creo que tanto él como yo sabíamos la verdad: ¡pero ninguno se animaba a decirlo en voz alta!”.

“No hacer cambios a la par del otro y desoír las necesidades de quien está a nuestro lado son motivos que desgastan al amor”. (Meiler)

¿Por qué cuesta tanto advertir que no se ama más al otro? Probablemente porque la seguridad de que el otro era el compañero eterno es algo que pesa. A punto tal que hasta llegamos a preguntarnos: ¿Será que, en realidad, nunca fue un sentimiento genuino? “Para nada”, afirma de forma rotunda Meiler, y remarca que pudo haber sido sólo un deseo o bien un sentimiento profundo. “Hay que ver qué buscábamos en esa persona cuando la elegimos. Tal vez, sólo quisimos escaparnos de la casa paterna o de un amor no correspondido, o teníamos cierta edad, queríamos formar una familia y esa persona nos cayó como anillo al dedo para lograr lo que deseábamos. Luego de alcanzar nuestros objetivos, lo que nos unía dejó de tener sentido”.

Por su parte, el psicólogo Juan Pinetta, del Centro Racker de la Asociación Psicoanalítica Argentina, afirma que: “Es necesario diferenciar el amor maduro de aquel que se caracteriza por una intensa necesidad patológica de compañía para no perecer, lo cual lleva a querer controlar al otro de forma irreflexiva. También, hay que distinguirlo de cierta suerte de amor por temor al abandono, donde por asegurar la permanencia del partenaire, uno puede llegar a convertirse en el objeto de él”. Entonces, continúa, tomando como base a la pareja “normal” -aquella que se plantea los motivos que pueden llevar al desamor-. La pérdida del amor se puede deber a que el otro ya no está en capacidad de responder a las expectativas originarias, o a que uno mismo cambió sus expectativas volviéndose más exigente. Además, para llegar a esto debe haberse deshecho, si la hubo, la capacidad de negociación y de adaptación mutua. Por otro lado, prosigue el especialista:

“El llamado aburrimiento en una pareja sin conflictos, no es otra cosa que la falta de vitalidad para recrear a la relación en forma permanente, o una sobre expectativa que la realidad no puede brindar. No obstante, la mayoría de las veces, se trata de la propia persona que se siente aburrida al carecer de proyectos personales. También están los casos de parejas con hijos, en las cuales el amor filial sirve para camuflar la crisis en el matrimonio, que aparece cuando se vacía el nido”.

Cuando lo dejan a uno
En la película Blue Valentine, una historia de amor, él se enamora perdidamente de ella apenas la ve. La persigue con la convicción de que será su mujer y, como una premonición pero con la idea de conquistarla, le canta esta canción: “Tú siempre lastimas a quien tú amas/ a aquel que ni deberías de lastimar/ tú siempre tomas la rosa más bella/ y la aprietas hasta que los pétalos caen/ tú siempre rompes el más dulce corazón/ con una palabra que ni siquiera puedes recordar/ así que si rompí tu corazón anoche/ es porque te amo… más que nada”.

Viven juntos una bella historia de amor. Después de un tiempo, ella se desamora. Previamente, le cuestiona a su marido el no tener objetivos más pretenciosos, a lo cual él le responde que le alcanza con su trabajo y con el amor que le tiene a ella y a su hija. Primero, la mujer le demuestra el no quererlo más, negándole una noche de pasión -lo esquiva hasta que él se harta-. Y después, sus palabras sinceras le vacían el alma a quien, hasta hacía unos meses, había sido su gran amor.

Juan (28) músico, vivió algo similar. Conoció a su mujer en el secundario, cuando tenían 17 años. Se enamoraron y, después de siete años de noviazgo, decidieron irse a vivir juntos.

“Ella había seguido una carrera universitaria y estaba muy abocada a su profesión. Yo soñaba con vivir de la música. Mientras me preparaba y con mi banda tratábamos de hacer algo que nos dé de comer, por mi cuenta daba clases de guitarra. Ella ganaba más que yo, y aunque me molestaba un poco, me ponía feliz que le fuera bien. Aunque nos amábamos con el alma, no coincidíamos en muchas cosas. Ella odiaba a mi banda, no le gustaba en absoluto ni la música que hacíamos, ni mis amigos. Entonces, cuando tenía algún recital, iba solo. Al principio me acompañaba, pero cuando regresábamos a casa nos peleábamos porque siempre hacía algo que le molestaba.

Cuando cambió su trabajo por uno en el que le iban a pagar mucho más, empezó a estar más distante. Me hablaba siempre de sus compañeros, y en especial de uno. Yo no me daba cuenta, pero con el tiempo entendí que en realidad empezó a dejar de quererme en ese momento.

Estuvimos juntos un año más, hasta que ella me dijo lo que nunca hubiera querido escuchar: que no me amaba más. Para todo esto, ella ya estaba saliendo con su compañero; lo que empeoró mi dolor aún más. Cuando se fue, sentí un vacío y una tristeza inmensos. No salía, mis amigos hacían lo posible por verme mejor, pero no había caso. Claro que el tiempo curó las heridas, pero a veces siento que se me va a hacer muy difícil volver a confiar en alguien y entregarme”.

Pinetta señala: “El ‘no te amo más’ marca un evento disruptivo, algo que emerge ante nosotros como un evento estresante, al modo de un accidente, una pérdida. Es, de hecho, la pérdida de un ‘estado de cosas’, más o menos, ideal”. Pero, explica, no lo viven todos de la misma manera, dado que depende, entre otras cosas, de la personalidad. Por un lado, está quien lo puede vivir como una forma de abandono vital, un trauma no procesable que lo lleve a una profunda depresión. En el otro extremo, está quien tiene una cierta indiferencia ante el hecho, lo cual implica -por muy variadas causas que nunca amó al otro. Por último, en el medio, está quien acepta la crisis por la pérdida de quien aún ama y trata de reconocer que ya no va a haber una reciprocidad con esa persona; y acepta, además, que puede haber otra que lo haga. Es el conocido proceso de duelo normal.

“El aburrimiento en una pareja sin conflictos no es otra cosa que la falta de vitalidad para recrear la relación de forma permanente”. (Pinetta)

¿Puede no morir el amor?
Cuando se sufre por amor, el simple hecho de respirar lastima. Como si el aire entrara contaminado y se exhalase un penetrante ácido. Y entonces uno pide, más que ninguna otra cosa, que en las noches mudas, sólo hable el amor más sincero. No más desengaños, no más daños al alma ajena. Cuando se percibe el desamor, el corazón galopa desconcertado, la tristeza inunda el presente y el saber que nadie nunca más nos va a amar de esa manera, buena o mala, se establece en nuestro pensamiento como una verdad absoluta.

Duele la existencia. Para evitar llegar a este punto, ¿cómo saber que lo que se siente por el otro, y viceversa, es genuino afecto? El amor, explica Adrián Sapetti, médico sexólogo y psiquiatra –también escritor de, entre otros, Confesiones íntimas-, tiene que ver con el respeto por la pareja, la admiración por el otro, el estimularlo en sus actividades, sus deseos, y valorar lo que nuestro compañero logra. También, con disfrutar de los encuentros, incluidos, por supuesto, los sexuales. En cambio, recalca, cuando se pierden el respeto y la admiración por el otro, el vínculo se vuelve aburrido.

Uno de los principales victimarios del amor es la monotonía, la cual puede llegar por los años, por los hijos, las enfermedades y miles de otros motivos. En parejas jóvenes, la pérdida del amor se puede deber a la pérdida de la ilusión (“pensé que, una vez casados, él iba a cambiar”); una desilusión de lo que iba a ser el compañero, y de lo que uno mismo iba a ser con él. Sin embargo, con un dejo de positivismo, el especialista aclara: “No todo final es un cierre definitivo; en ocasiones, algunos necesitan separarse para volver a encontrarse, ya que la reconquista los lleva a amarse de nuevo, a desear estar con ese ser conocido que se muestra renovado”.

Habrá que pensarlo dos, tres, cuatro veces antes de dar el salto, con o sin red. Porque muchas veces el paso de la pasión exquisita de los primeros tiempos al momento en que la pareja llegue a consolidar el amor real (claro, si existe), la placidez que se alcanza puede resultar apabullante, y hasta llegar a confundirse con la muerte del sentimiento.

Ya lo dijo el filósofo alemán Arthur Schopenhauer: “Una vez satisfecha su pasión, todo amante experimenta un especial desengaño: se asombra de que el objeto de tantos deseos apasionados no le proporcione más que un placer efímero”. Pero claro, si el espíritu grita que así la cosa no va más, se lo deberá atender. Él sabe, más que el raciocinio, cuándo es momento de abrir un paréntesis o de poner un punto final. Dar vuelta la página puede costar. No obstante, hacer lo que se siente -aunque requiera de dolor y lágrimas- brinda una recompensa al alma inconmensurable. Y quizás, quién sabe, se logre escribir un nuevo relato de amor, en el que los protagonistas sean felices y coman perdices.

Fuente:

Ha llegado la hora por José Luis Fuentes

Eres una de las mejores razones para luchar por un mundo mucho más emocional

Eres una de las razones para que mi vida sea siempre un activo latente y poderoso de voluntad, acción y determinación por la felicidad

Eres la viva expresión de las emociones que estás desarrollando: vida par tus ojos, fuerza para tus labios, energía para tus decisiones

Este mundo en el que vivimos, va a ser POTENCIALde luz para ti, para tu generación….

Porque otro mundo es posible….querida sobrina Ana.

Y tu tío te lo va a demostrar:

Derrocaremos a los que acumulan el poder de sentirse ajenos a lo que pasa alrededor

Transformaremos a los que adquieren riquezas a costa de hacer más pobre a sus hermanos

Daremos luz a los que ostentan el poder para que gobiernen para Todos por igual…con justicia social

Amplificaremos la voz de los que alzan sus manos pidiendo compartir, liderar emociones, contagiar pequeños destellos de felicidad…

Ha llegado el momento de dejar de llorar, de estar enfadados con el mundo, de propagar la cultura de la queja

HA LLEGADO EL MOMENTO DE CREER EN NOSOTROS MISMOS, EN NUESTRO PODER, EN LA DETERMINACIÓN DE ALZAR EL VUELO, SOLOS, ACOMPAÑADOS, SIN MIEDO…

CON LA FUERZA QUE NOS DA EL SABER….que somos CAPACES DE TRANSFORMAR EN VIDA Y ALEGRÍA, las ausencias, la capacidad infinita de ser felices con todo lo que ya tenemos….

Vida y Dignidad

Tu tío, que te quiere: Jose Luis.

E-mail: joseluisfuentesrodriguez@gmail.com
Copyright, 2012, Todos los derechos reservados

Manipulación emocional por Merlina Meiler

Te sientes mal con tu pareja porque tanta pelea y recriminación no te hace feliz. Más aún, te ha hecho creer que ninguna cosa que haces está bien, que no sirves para nada y que sin su presencia no sobrevivirías. Ten cuidado: puedes tener a tu lado a un manipulador emocional.

En ciertos momentos, todos intentamos lograr que nuestra pareja (u otra persona) haga lo que deseamos. Pero la hostilidad recurrente como medio para lograr los fines es otra cosa. Intenta subyugarnos y manipular nuestros pensamientos y creencias, a favor de los intereses de ese individuo. Sus variadas estrategias nublan nuestra visión, nuestro buen juicio y la capacidad de tomar decisiones.

SÍNTOMAS

Si notas varios o todos los siguientes indicios, hay una probabilidad muy alta de que estés lidiando con un manipulador emocional.

- Estás al lado de alguien que discute por todo, con quien no puedes disfrutar de un día entero en paz porque le irritan incluso detalles mínimos
- Te sientes peor después de hablar con tu pareja sobre cualquier tema, debido a sus reacciones
- Te desvaloriza permanente (en privado o en presencia de más personas) y nunca pronuncia una palabra de aliento ni te halaga cuando resulta claro que lo mereces
- Es común que llegue al hogar y, aunque lo recibas con tu mejor predisposición y buena onda, se enoje por cualquier cosa y vuelvan los pleitos
- Te ves presionado para modificar tus propias conductas y aun tu manera de pensar para agradarle, y cuando lo haces -en desmedro de tus creencias o ideas “en pos de un bien superior”-, ya ha cambiado su punto de vista y tampoco le satisface tu proceder
- Luchas contra un sentimiento de culpa o miedo que ese ser te genera permanentemente, en situaciones claramente ilógicas o en errores que cualquiera puede cometer, ya que tú eres quien causa todos los males de tu familia y de tu pareja porque… (Y aquí llega nuevamente el menoscabo).
- Te ha generado una relación de dependencia (económica, emocional, familiar) de la que crees que no tienes salida y por eso permaneces a su lado
- Debes mentir o callar nimiedades o hechos a los que tienes absoluto derecho para que no se fastidie
- Vives en tensión, ya que ignoras cuál será el detonante del próximo estallido de mal genio o de violencia (verbal o de cualquier índole) o incluso qué te pedirá -con buenos modos- que hagas en contra de tus principios

QUÉ HACER

Si las líneas anteriores han descrito a quien acompaña tus días, ¡es hora de que te pongas en acción! Por tu salud –psíquica y física- y la de tus hijos (ya que ellos se están criando en un clima hostil y están aprendiendo a relacionarse con base en ese patrón).

Para que haya un manipulador emocional que intente controlar manejar tu vida como le plazca, es necesario que haya una víctima –tú. Si sales de este rol, la dinámica se modificará por sí sola.

Comienza por aumentar tu autoestima y el amor y la valoración que tienes hacia tu persona: nadie puede hacerte sentir mal (ni maltratarte) sin tu consentimiento. Eres un ser único, inteligente, lleno de virtudes (y de defectos, ¡como todos!), de buenos sentimientos, de la alegría que inundó tu vida en otros tiempos (que volverán cuando decidas hacer algunos cambios). Si alguien piensa y te dice otra cosa, simplemente, está equivocado.

. Afírmate en quién y cómo eres y, una vez que alcances esta convicción interna y logres que te resbale quien emita una opinión diferente, estarás listo para dar los siguientes pasos.

. Pon límites. Como puedas. Cuando puedas. De la mejor manera que encuentres. Si frenas la invasión de manera suave pero determinante, estarás comenzando a ganar terreno… ¿y adivina quién lo cederá?

. No te enganches en peleas estériles. Si ya notas que el manipulador quiere llegar al mismo lugar de siempre (la discusión) y volver a forzar tu voluntad, no entres en la pelea. No te ofusques, no contestes, no levantes la voz. Juega tu propio juego, bajo tus reglas, sin entrar en su terreno de riña constante: esto significará un progreso rotundo. Respira hondo y ten presente el objetivo que quieres alcanzar y al que estás acercándote.

. En todo momento, buscar ayuda profesional profundizará las herramientas con las que cuentas y te permitirá descubrir otras para que llegues a tu meta con mayor firmeza.

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Mi suegra tóxica por Henycar Sánchez

Como algo muy normal la mayoría de nosotros hemos tenido relaciones un tanto largas (Algunos se exceden) lindas, bonitas,agradables, que nos han hecho ver corazoncitos y maripositas revoloteando, esos amores por los que nos volvemos ciegos, locos, tercos y no nos dejan ver más allá de esa otra persona... (No en todos los casos), pero bien es cierto que hay un factor bien importante que debemos tomar en cuenta cuando estamos saliendo con alguien... Algo que puede ser maravilloso o por el contrario catastrófico para nosotros... LA SUEGRA! Yo he tenido relaciones bien lindas, con suegras muy buenas, pero mi última relación fue el desastre total en cuanto a eso, no entiendo como pueden haber madres con un amor tan enfermizo hacia sus hijos, mi EX suegra piensa que su hijo es su enamorado (Síndrome Edipo) es una dependencia madre - hijo que puede ser contraproducente, eso la llevó hasta inventar tener un cáncer para evitar que su hijo la abandonara... Nunca tuve un enfrentamiento cara a cara con ella, por respeto a su edad y por ser la madre del que era mi pareja (Ganas no me faltaron) pero si era una relación de discordia entre ella yo, ella se expresaba muy mal de mi ante su hijo y yo hubiese preferido que el no me contara nada, que terrible era ver la hipocresía con la que me trataba cuando estábamos "compartiendo" en algún lugar, y yo que no puedo ser por nada del mundo hipócrita, no dejaba de pensar en que pasaría si le decía todo lo que llevaba por dentro... Así fue toda la relación, años que pudimos medio sobrellevar bajo esa situación, pero al final se hizo realmente imposible, pienso que nadie en este mundo podría soportar eso, menos si tu pareja no pone un alto contundente, y pues sí, se acabó aquello... Me imagino el problema que viven las mujeres con la misma situación pero al contrario, hijos con mamitis aguda, yo no podría estar ni medio día con alguien así, pero bueno, ese es otro caso, continuemos... 

Puedo según mi criterio clasificar a las suegras, tóxicas o no en varios tipos:
* La suegra malintencionada: Aquella que se la pasa indagando, buscando información sobre ti, tratando de conseguir algo que te haga quedar mal frente a tu pareja. Este tipo de suegras debe ser mantenida al margen, es un peligro, y se ponen hasta a compararte con las ex de tu chico.

* La suegra violenta: Esa que te hace la vida un chiquero, que cree que su hijo es el mejor del mundo, y de paso se inventaenfermedades para que "su pequeño" haga lo que ella quiere.

* La suegra investigadora: Si es de esas que averigua por todos lados tu currículum y qué haces, tu suegra definitivamente, tiene complejo de detective.

* La suegra "femme fatale": Esas mujeres que quieren aparentar una edad que no tienen y quieren conquistar a los novios de sus nenas. Qué peligro! He visto casos...

* La suegra "Perfecta": Aquella que cree que no existe nadie ni nada mejor que ella, que todo lo correcto es lo que ella cree, es el tipo de suegra al que se le debe seguir la corriente, no querrás convertirla en tu enemiga.

* La suegra lacrimosa: Aquella que llora por todo, es el drama en acción, a la que le diríamos "Delia Fiallo se quedó pendeja".

* La suegra tacaña: Aquella que regala siempre lo mismo, y que te obliga a dar las gracias sea lo que sea.

* La suegra afligida: Esa que en lo que ve al hijo comienza a quejarse de cualquier dolor.

* La suegra desmedida: Aquellas que quieren tener control de todo, cambia de posición muebles, elige comidas, cambia sábanas, cuadros, quiero hacer TODO sin tan siquiera pedir permiso u opinión alguna.

* La suegra alcahueta: Cuando sientas que el amor con tu pareja ha decaído, lo peor que puedes hacer es vivir cerca de tu suegra. Es un grave error, ya que al menor problema él irá corriendo a contárselo e incluso a quedarse con ella, como un niño mimado, y ella todo se lo tapa.

* La suegra hipócrita: Aquella que tiene doble cara, cuando está contigo te trata de mil amores y cuando das la espalda habla pestes de ti y toda tu generación.

Mi ex suegra casi que cabe en todas las anteriores... ES HORROROSO! pobre de la novia que tenga mi ex próximamente, o la que tiene si es el caso.

Por otro lado, no todo puede ser malo, también están aquellas suegras netamente amorosas, que adoptan a las parejas de sus hijos como hijos propios, los apoyan y quieren como tal, la suegra que toda persona quisiera tener, (Mi madre es de este tipo).

UN BRINDIS POR AQUELLAS SUEGRAS QUE SABEN TRATAR COMO PERSONAS A LAS PAREJAS DE SUS HIJOS Y NO SE METEN EN TODO!

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