domingo, 24 de junio de 2012

Bendita Soledad por Maytte Sepúlveda

En estos días hablaba con una amiga que vive sola hace un tiempo. Ella me contaba que se le ha hecho muy difícil en los últimos meses llegar al apartamento y no tener compañía. Todo el tiempo piensa en cuándo conocerá a esa persona especial con quien compartir su vida. Muchas veces se atormenta pensando que el tiempo pasa y no lo encuentra, siente temor de quedarse sola para siempre. Mientras tanto, vive angustiada y malhumorada por su situación. Me preocupa que tome la decisión de relacionarse con cualquier persona sólo por la necesidad tan grande que tiene de un poco de cariño y compañía.

Es cierto que cuando estamos sometidos por ciertas circunstancias a vivir solos, sin que lo hayamos elegido conscientemente, esta situación puede convertirse en una de las lecciones más difíciles de nuestra vida. Hemos sido enseñados a vivir en función de otros, siempre buscando la compañía de los demás. En el pasado el hombre vivía más aislado y en contacto con la naturaleza, por esta razón le era sencillo vivir consigo mismo y en paz. Hoy en día, hay personas que cuando llegan a casa encienden las luces, el televisor y se ponen a hablar por teléfono para no enfrentar el silencio y la soledad que experimentan al llegar cada día. El miedo a la soledad lo experimentan aquellas personas que han perdido la capacidad de pensar en sí mismas y que tienen el temor de reconocer sus inseguridades y vacíos.

A pesar de todo esto, la soledad tiene un aspecto muy positivo. Estar a solas te ayuda a alcanzar la madurez y a prepararte para la vida compartida con otros. Por ejemplo: después de un largo día de trabajo, lleno de tensión, es muy agradable poder disfrutar de un momento de soledad para revivir algunos eventos del día y, así, comprender mejor lo que hemos vivido. Es importante que aprendamos a estar solos. La incapacidad de manejar y asumir nuestra soledad puede llevarnos a sufrir depresión y malestar físico.

Tomemos lo positivo de la soledad

Disfruta de tu propia compañía.
Recuerda algunos de los sueños que tenías cuando eras pequeño. Pregúntate qué te gusta hacer; a qué te gustaría dedicarte. Y luego simplemente busca las herramientas o los medios que te permitan cumplir con algunos de tus sueños. Aprovecha que estas solo en este momento para darle la dirección que deseas a tu vida.
Prepárate para recibir a tu nueva pareja. Muchas veces te sientes desesperado por encontrar a tu pareja ideal, sin detenerte a pensar si estarás listo para compartir una relación con ella. Usa este momento de soledad para autoobservarte y trabajar en ti mismo, para cambiar aquellos hábitos y actitudes negativas que te dificulten dar lo mejor de ti para mantener una relación de pareja estable y satisfactoria.

Mantén una actitud positiva. Siéntete capaz de experimentar y aventúrate a vivir nuevas experiencias. Deja el pasado atrás y ábrete a vivir el presente, momento a momento. Sonríe, relájate y decide disfrutar más de la vida. Cuando alguien te invite, di que sí, sal y socializa un poco, anímate a compartir con tus amigos o conocidos. Siempre es grato disfrutar de buena compañía, aunque sea temporal.

Acompáñate de una mascota. Muchas personas han encontrado el cariño y la compañía en un animal. Si bien no sustituyen el afecto humano son una grata presencia con quien suavizamos la soledad, especialmente para las personas de la tercera edad. Recuerda que el contacto, la relación y el intercambio con otras personas enriquecen nuestras vidas.

Vuélvete útil. Es muy importante que te mantengas activo, especialmente haciendo aquello que más te gusta. Algunas personas se jubilan y paran su actividad sin darse cuenta que al cabo de los meses comenzaran a experimentar un sentimiento de vacío existencial. Por esta razón, quiero sugerirte que encuentres una actividad que te devuelva el sentimiento de ser útil para otros. Al mismo tiempo mantenerte activo mentalmente, leyendo libros o asistiendo a charlas o talleres que te ayuden a estar informado y al día con todo lo que está pasando te hará sentir mejor.

Toma la iniciativa. A veces sucede que te quedas esperando a que alguien te invite a salir o a compartir un rato; toma tú la iniciativa y anímate a invitar a una persona en particular o a un grupo de amigos para hacer algo divertido. No tengas miedo al rechazo o a la negativa de los demás, siempre podrás encontrar personas afines con tu personalidad y gustos con quienes pasar un buen rato.

Aprovecha esos momentos de paz y soledad para repasar la película de tu vida, decide qué aspectos de ella te gustaría cambiar o mejorar y trabaja en ellos para que logres tener una vida plena. Si uno alcanza la madurez emocional y la armonía necesaria podrá disfrutar plenamente de la soledad.

Suelta el pasado, vive el presente, la vida es maravillosa y ¡todo va a estar bien!

Fuente:

El Juego De Echar La Culpa ¿Juegas O Te Aburre? por Begoña Pabón de


A todos nos gusta que las cosas sucedan según nosotros queremos, a nuestra conveniencia y si es posible, sin demasiadas complicaciones… pero ¿Qué pasa cuando eso no ocurre o cuando otras personas nos reclaman compromisos no cumplidos?
En muchas ocasiones, y especialmente en el entorno de nuestras relaciones, tanto personales como profesionales, solemos jugar a “echarnos la culpa” ¿sabes de lo que hablo? Mira este vídeo…

¿Te has visto reflejado? ¿Qué te sugiere?¿Cuántas veces te has pillado “echando la culpa a alguien de algo”? y cuantas veces te has culpado tú por algo no terminado o por un error?…
En nuestra cultura, por tradición, por historia o religión, nos hemos acostumbrado a usar la palabra “culpa” con mucha facilidad y siempre con una connotación negativa.
Reflexionemos por un momento, ¿hablarnos de esta forma nos va a ayudar a avanzar en nuestro camino hacia el éxito?… ¿Cómo te sientes cuando alguien te “culpa” de algo?, ¿Y qué sientes tú cuando “culpas” a otros?
Permíteme que me aventure a contestarte… Cuando culpamos a otros sentimos una especie de alivio,  “me he quitado el marrón de encima”, y en cambio cuando nos culpan sentimos que están siendo injustos con nosotros, que no tienen razón, que es una excusa…etc. En cualquiera de los casos ¿nos ayuda este comportamiento a nuestro desarrollo personal y el de los que nos rodean?…
Mi recomendación es que partamos de una creencia básica para este cambio: nosotros siempre podemos decidir lo que hacer o no hacer ante lo que nos sucede… tenemos siempre la responsabilidad (la capacidad de dar respuestas) de nuestra acción o de nuestra omisión, de nuestras palabras o de nuestros silencios, de nuestro compromiso o de nuestro desentendimiento… en definitiva… de cualquier hecho o experiencia que nos acontece.
Sólo desde la postura de ser responsable, de querer ser dueños de nuestro destino y tomar las riendas de nuestros pensamientos y acciones, podemos cambiar aquello que no nos gusta y marcar la diferencia. En nuestras vidas y en las organizaciones de las que formamos parte.
¿Te atreves con este reto? Os animo a que experimentemos nuevos comportamientos y disfrutemos de cómo esas nuevas acciones no solo nos mejoran como personas sino que mejoran y cambian también nuestro entorno.
Fuente:
http://www.maestrosparaelexito.com

Para renacer me voy,... de José Ramón Marcos Sánchez

Para renacer me voy,... donde la tierra no me recuerde quien fui,... quien soy,.… donde la vuelta no exista más que en la nostalgia de a veces,…. y me arropen momentos venideros,... sin máculas ataviadas de reproches,... me voy con ganas brotadas en lo duro de ignorarme,.... intentando olvidar que el tiempo vivió sin vivirme,... que los daños en los años acunaron mis deseos,... hasta partirlos en llantos,… que no fui capaz de lloverme en un alma sincera,... que no fui capaz de sincerarme con mi propia alma,… tal vez sediento de valentía,… tal vez saciado de cobardía,…. me voy sin que el perdón me comprenda,... y sin saber perdonarme,...c on lo anterior de una vida que intenté guardar en lagrimas ahogadas,…. esas que mueren arrepentidas por nacer arrepentidas,… y llenan de nada lo que ya estaba lleno,…. me voy arrancando de mí la costumbre del resto,… doliente en su incesante silencio,…. nacida de respuestas calladas que van comiendo el sentido al sentido de la vida,… a las ganas de estar vivo,… me voy antes de morir aunque al marcharme,… me muero,….
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.
Correo y MSN. joseramonmarcos@live.com 
Twitter: joseramonmarcos
Web: joseramonmarcos.com 
Skype: jose ramon marcos sanchez

Podemos pasar la página de Maytte Sepúlveda

En cualquier momento de nuestra vida tenemos que pasar la página. Esto significa, dejar atrás personas, sentimientos, situaciones... para iniciar un camino nuevo. Pero muchas veces decir adiós al pasado para soltarnos de él... exige hacer nuestro mejor esfuerzo.

Hay momentos en los que deseamos, racionalmente, salir de ciertas situaciones o sentimientos definitivamente. Pero la realidad es que emocionalmente no estamos listos para soltarnos o dejarlos ir. Tal vez porque muy en el fondo mantenemos la esperanza de que las cosas cambien y podamos continuar a su lado, o porque ha sido tan inesperado que nos es difícil aceptarlo, o pensamos que no podremos comenzar de nuevo que será casi imposible tener una nueva y mejor oportunidad.

Lo cierto es que tenemos que aprender a decir adiós a una etapa de la vida o a una situación determinada, para poder lanzarnos de lleno a vivir la siguiente etapa, la próxima relación, la nueva situación y hacerlo sin la añoranza o el peso de lo que vivimos en el pasado. ¿Sabías que no podemos abrirnos a una nueva relación, si todavía tenemos un gramo de añoranza hacia nuestra relación pasada? Solo la dedicación plena y entusiasta a una tarea, nos permitirá obtener de ella los mejores resultados y la satisfacción, con la condición de que 100% de nuestros recursos intelectuales y emocionales estén comprometidos con la nueva tarea y habiendo renunciando a la anterior. Mientras no cerremos esa página en el libro de nuestra vida, el cerebro seguirá trabajando secretamente para conseguir el viejo sueño de mantener aquella situación.

Es cierto que soltar, dejar ir o renunciar, nos produce una sensación de nostalgia o tristeza, Pero pese a que siempre da algo de miedo comenzar una nueva etapa, es bueno hacerlo con todo el entusiasmo y el optimismo posible, con la confianza en nosotros y en la vida de que sucederá lo mejor.

Pasar la pagina en el terreno amoroso. A veces tenemos que renunciar al deseo de que nuestra pareja sea exactamente como nosotros quisiéramos, para poder disfrutar de los aspectos positivos y agradables de la relación. Cuando nos abandonan o sentimos que es tiempo de terminar la relación, tenemos que hacer un balance, que nos permita sacar el aprendizaje y luego, vivir el duelo: llorar la perdida, apretar los puños, tocar fondo e impulsarnos para salir de ahí completamente renovados y dispuestos a abrirnos a otra relación que no tiene porque ser igual que la anterior.

Pasar la página cuando cambia nuestro papel en la vida. A veces en la vida nos toca dejar o cambiar la actividad que habíamos realizado por cierto tiempo. Estos cambios implican adquirir conocimientos y destrezas e inclusive asumir el reto de desarrollar nuevas habilidades, además de enfrentarnos a lo desconocido. En estos caso es importante vivir el duelo y aceptar los cambios sin resistirnos. Solo quien pasa el dolor de dar por terminada una etapa que fue mas placentera en su vida... puede disfrutar de todo lo bueno que le traigan las próximas experiencias.

Pasar la página frente a pérdidas o cambios físicos. Cuando estamos enfrentados a situaciones inevitables o cambios irreversibles, es probable que tengamos que aceptarlos para aprender a vivir con ellos. Cuando una persona quiere seguir viviendo como si no hubiera ocurrido nada y no reconoce los cambios físicos que ha sufrido producto de una enfermedad o de la edad, sigue cometiendo los mismos errores. Es más acertado en este caso admitir que ha habido ciertos cambios para adoptar nuevos hábitos y adaptarnos a un nuevo ritmo de vida. El mejor remedio para superar las pérdidas es el tiempo. Distraer la mente, mantenernos ocupados, además de adoptar una práctica espiritual como orar o meditar, nos mantendrá conectados a Dios y acompañados por su presencia mientras superamos la tribulación. Adaptarnos poco a poco a los cambios, nos llevará después de la etapa de acoplamiento a tomar la mayor felicidad posible de la nueva situación.

A veces las pérdidas pueden ser subjetivas, pero no por esto menos importantes. La ilusión de alcanzar un ideal político, la esperanza de conseguir un mejor puesto, o el deseo de ser padre o madre en un momento dado pueden ser muy difíciles de aceptar. Soltar las expectativas que nos hacemos y vivir atentos y abiertos a reconocer todo lo positivo que viene con ciertas negativas en la vida, puede ser muy reconfortante. Recuerda que nada sucede por casualidad y que cuando una puerta se cierra... es porque ya hay otra abierta.

Suelta el pasado, vive el presente, ¡la vida es maravillosa y todo va a estar bien!

Fuente:

Biografía de Rufino Tamayo



Rufino Tamayo
(Oaxaca, 1899 - Ciudad de México, 1991) Pintor mexicano. Figura capital en el panorama de la pintura mexicana del siglo XX, Rufino Tamayo fue uno de los primeros artistas latinoamericanos que, junto con los representantes del conocido "grupo de los tres" (Rivera, Siqueiros y Orozco), alcanzó un relieve y una difusión auténticamente internacionales. Como ellos, participó en el importante movimiento muralista que floreció en el período comprendido entre las dos guerras mundiales. Sus obras, sin embargo, por su voluntad creadora y sus características, tienen una dimensión distinta y se distinguen claramente de las del mencionado grupo y sus epígonos.

Coincidiendo en sus aspiraciones con el quehacer del brasileño Cándido Portinari, el trabajo de Rufino Tamayo se caracteriza por su voluntad de integrar plásticamente, en sus obras, la herencia precolombina autóctona, la experimentación y las innovadoras tendencias plásticas que revolucionaban los ambientes artísticos europeos a comienzos de siglo. Esta actividad sincrética, esa atención a los movimientos y teorías artísticas del otro lado del Atlántico lo distinguen, precisamente, del núcleo fundamental de los "muralistas", cuya preocupación central era mantener una absoluta independencia estética respecto a los parámetros europeos y beber sólo en las fuentes de una pretendida herencia pictórica precolombina, resueltamente indigenista.

También desde el punto de vista teórico tiene Tamayo una personalidad distinta, pues no suscribió el radical compromiso político que sustentaba las producciones de los muralistas citados y prestó mayor atención a las calidades pictóricas. Es decir, aunque por la monumentalidad de su trabajo y las dimensiones y función de sus obras podría incorporarse al movimiento mural mexicano, diverge, no obstante, por su independencia de los planteamientos ideológicos y revolucionarios, y por una voluntad estética que desarrolla el tema indio con un estilo más formal y abstracto.

Nacido en Oaxaca, en el Estado del mismo nombre, hijo de indígenas zapotecas y, tal vez por ello, sin necesidad de reivindicar ideológicamente una herencia artística indígena que le era absolutamente natural, Rufino Tamayo fue un pintor de fecunda y larga vida, pues murió a la provecta edad de noventa y tres años, en Ciudad de México, en 1991.Su vocación artística y su inclinación por el dibujo se manifestaron muy pronto en el joven y su familia nunca pretendió contrariar aquellas tendencias, como era casi de rigor entre los jóvenes mexicanos que pretendían dedicarse a las artes plásticas.

El pintor inició su formación profesional y académica ingresando, cuando sólo contaba dieciséis años, en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Pero su temperamento rebelde y sus dificultades para aceptar la férrea disciplina que exigía aquella institución le impulsaron a abandonar enseguida aquellos estudios y, a finales de aquel mismo año, dejó las aulas y se lanzó a una andadura que lo llevaría al estudio de los modelos del arte popular mexicano y a recorrer todos los caminos del arte contemporáneo, sin temor a que ello pudiera significarle una pérdida de autenticidad.

En 1926, en su primera exposición pública, se hicieron ya ostensibles algunas de las características de su obra y la evolución de su pensamiento artístico, puesta de relieve por el paso de un primitivismo de voluntad indigenista (patente en obras tan emblemáticas como su Autorretrato de 1931) a la influencia del constructivismo (evidente en sus cuadros posteriores, especialmente en Barquillo de fresa, pintado en el año 1938). Una evolución que había de llevarlo, también, a ciertos ensayos vinculados al surrealismo.

Paralelamente, Tamayo desempeñó cargos administrativos y se entregó a una tarea didáctica. En 1921 consiguió la titularidad del Departamento de Dibujo Etnográfico del Museo Nacional de Arqueología de México, hecho que para algunos críticos fue decisivo en su toma de conciencia de las fuentes del arte mexicano. Gracias al éxito conseguido en aquella primer exposición de 1926, fue invitado a exponer sus obras en el Art Center de Nueva York. Más tarde, en 1928, ejerció como profesor en la Escuela Nacional de Bellas Artes y, en 1932, fue nombrado director del Departamento de Artes Plásticas de la Secretaría de Educación Pública.

En 1938 recibió y aceptó una oferta para enseñar en la Dalton School of Art de Nueva York, ciudad en la que permanecería casi veinte años y que sería decisiva en el proceso artístico del pintor. Allí, en efecto, dio por concluido el período formativo de su vida y se fue desprendiendo lentamente de su interés por el arte europeo para iniciar una trayectoria artística marcada por la originalidad y por una exploración absolutamente personal del universo pictórico. En Nueva York se definió, también, su inconfundible lenguaje plástico, caracterizado por el rigor estético, la perfección de la técnica y una imaginación que transfigura los objetos, apoyándose en las formas de la cultura prehispánica y en el simbolismo del arte precolombino para dar libre curso a una poderosa inspiración poética que bebe en las fuentes de una lírica visionaria.

Animales (1941), de Rufino Tamayo


Un año después de su nombramiento como director del Departamento de Artes Plásticas realizó su primer mural, trabajo que le había sido encargado por el Conservatorio Nacional de México y en el que se puso de manifiesto su ruptura con los presupuestos estéticos que habían informado, hasta entonces, las obras de los muralistas encabezados por Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. En obra mural se percibe un voluntario rechazo a la grandilocuencia y un consciente alejamiento de los mensajes revolucionarios y de los planteamientos políticos esquemáticos que informaban las realizaciones del grupo, lo cual lo enfrentó con "los tres grandes". No puede afirmarse, sin embargo, que su actitud fuera apolítica o reaccionaria, aunque muchas veces se le acusara de ello, pero no cabe duda, y no se abstuvo nunca de decirlo con claridad, que para él la llamada escuela mexicana de pintura mural estaba agotada y que había caído en plena decadencia tras el florecimiento de los años veinte.

La propuesta mural de Tamayo tomaba caminos distintos, innovadores, que desdeñaban las formas más superficialmente populares, folclóricas casi, de la cultura de su país y, por sendas más elaboradas, buscaba la plasmación de sus raíces indígenas y de sus vínculos con la América prehispánica en equivalencias poéticas más sutiles. Aun durante su larga residencia en el extranjero, que se prolongó a lo largo de casi tres décadas, siguió visitando México para encargarse de los trabajos murales que se le encomendaban, muchas veces porque los representantes fresquistas los rechazaban o no podían abarcarlos.

La parte fundamental de su producción, sin embargo, se encauza a través de la pintura de caballete, en la que Tamayo es uno de los pocos artistas latinoamericanos que cultiva la naturaleza muerta (representando objetos, frutos exóticos y también figuras o personajes pintorescos) por medio de una transmutación formal, un elaborado simbolismo de indiscutibles raíces intelectuales y estética experimental que lo alejaron sin duda de la buscada popularidad, pero lo convirtieron en uno de los grandes artistas representativos de la pintura mexicana de la segunda mitad del siglo XX.

Ya a los treinta y siete años, cuando viajó en calidad de delegado al Congreso Internacional de Artistas celebrado en Nueva York, recibió un primer homenaje que le valió, como se ha visto, el nombramiento como profesor de pintura en la Dalton School. Pero puede considerarse que su éxito internacional se consolida cuando, a principios de la década de los cincuenta, la Bienal de Venecia instaló una Sala Tamayo y obtuvo el Primer Premio de la Bienal de São Paulo (1953), junto al francés Alfred Mannesier.

Se inicia entonces la época dorada en la vida y en la producción artística del pintor. Comienzan a llover los encargos y se lanza a la producción fresquista tanto en México, donde realiza su primer fresco del Palacio de Bellas Artes de la capital (1952), como en el extranjero, donde sus obras florecen en los ambientes y países más diversos. Pone en pie así, en Houston, Estados Unidos, el que es quizá su mural de mayor envergadura, titulado América (1956); antes, en 1953, había realizado el mural El Hombrepara el Dallas Museum of Cine Arts; en 1957, y para la biblioteca de la Universidad de Puerto Rico, lleva a cabo su mural Prometeo y, un año después, en 1958, los ambientes artísticos y culturales europeos que tanto le habían influido en sus comienzos le rinden un cálido homenaje cuando realiza un monumental fresco para el Palacio de la UNESCO en París
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Detalle del mural América (1956)


Esta consagración internacional se ve avalada, también, por un largo rosario de galardones, reconocimientos y nombramientos a cargos de organismos artísticos del mundo entero. En 1961 es elegido para integrarse en la Academia de Artes y Letras de Estados Unidos; antes había recibido ya, en 1959, su nombramiento como Miembro Correspondiente de la Academia de Artes de Buenos Aires. Pero el galardón del que se sentiría más orgulloso es anterior a todos ellos: en 1957 había sido nombrado en Francia Caballero de la Legión de Honor, título que siempre consideró como un reconocimiento valiosísimo al proceder de un país que, para él, había sido la cuna del arte de vanguardia.

En 1963 lleva a cabo dos murales para decorar el casco del paquebote Shalom: Israel Ayer e Israel Hoy. Era el resultado de sus amistosas (y controvertidas) relaciones con el Estado de Israel, al que apoyó en los difíciles momentos de su conflicto con los estados árabes a causa del problema palestino. Se explica así que varios museos israelíes, especialmente en Jerusalén y Tel-Aviv, posean numerosas muestras de su producción artística, aunque su obra se ha expuesto prácticamente en todo el mundo y sus creaciones forman hoy parte de las más importantes colecciones y museos internacionales. Los innumerables premios recibidos y las exposiciones individuales que realizó en Nueva York, San Francisco, Chicago, Cincinnati, Buenos Aires, Los Ángeles, Washington, Houston, Oslo, París, Zurich o Tokio dispararon su cotización artística, que en las décadas de los ochenta y noventa alcanzaría valores astronómicos en la bolsa del arte.

Al iniciarse la década de los años sesenta, Rufino Tamayo regresó a su México natal. Su obra revelaba ya la madurez de un hombre que ha bebido de las más distintas fuentes estéticas e intelectuales, integrándolas en una personalidad artística profundamente original. Pese a considerarse a sí mismo "el eterno inconforme con lo que se ha pretendido que es la pintura mexicana", no cabe duda de que Tamayo es un crisol en el que se amalgaman las más vivas tradiciones de su país y las investigaciones estéticas en una síntesis superior de personalísimas características e innegable fuerza expresiva.

Hombre de pocas palabras en su vida cotidiana (consideraba que el pintor debe manifestarse con sus pinceles y que la única razón de una obra es la propia obra), en la producción de Tamayo sorprende la exquisita disposición de los signos que junto a las superficies que comparten se disputan a veces la tela; hay en el volumen de su materia, lentamente forjada en capas superpuestas de color, paulatinamente elaboradas, un colorido peculiar, suntuoso, fruto de estudiadas y brillantes yuxtaposiciones; el poderoso fluir de sus orígenes étnicos, la fuerza mestiza que alienta en el arte de México, empapa su paleta con todas las calidades e intensidad de los azules nocturnos, la palidez de los malvas, el impacto violento de los púrpura, un espectro de naranjas, rosados, verdes, colores de las más primigenias civilizaciones que se concretan en símbolos irónicos o indescifrables, fascinantes para el profano, como los antiguos e inaccesibles jeroglíficos de los templos, como un ritual insólito y sobrecogedor. Todo cabe en su obra, desde la preocupación cósmica por el destino humano hasta la vida erótica.

Su obra como muralista, ciclópea y hecha en el más puro «mexicanismo», culmina en el mural El Día y la Noche. Realizado en 1964 para el Museo Nacional de Antropología e Historia de México, simboliza la lucha entre el día (serpiente emplumada) y la noche (tigre). Ese mismo año recibió el Premio Nacional de Artes. Sus últimos trabajos monumentales datan de 1967 y 1968, cuando por encargo gubernamental realizó los frescos para los pabellones de México en la Exposición de Montreal y en la Feria Internacional de San Antonio (Texas). A partir de entonces, retirado casi, se dedicó de lleno a transmitir el saber acumulado en su larga e intensa vida artística.

Pero, como ya se ha dicho, la parte más significativa de su obra corresponde a su pintura de caballete, que no abandonó hasta poco antes de su muerte. Entre sus numerosas obras hay que citar Hippy en blanco (1972), expuesto en el Museo de Arte Moderno, o Dos mujeres (1981), en el Museo Rufino Tamayo. Su interés por el arte precolombino cristalizó al inaugurarse en 1974, en la ciudad de Oaxaca, el Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo, con 1.300 piezas arqueológicas coleccionadas, catalogadas y donadas por el artista.


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Biografía de Carlos Gardel



Carlos Gardel
(Charles Romuald Gardès; Toulouse, Francia, 1890-Medellín, Colombia, 1935) Cantante, compositor y actor argentino de origen francés. A finales de la década de 1920, la identificación de Gardel con el tango era ya un fenómeno de ámbito universal. Desde entonces nunca ha dejado de reconocerse su papel esencial en el desarrollo y difusión del tango y su condición de mejor intérprete de la historia del género. Como suele suceder con las figuras de tan enorme dimensión popular, la biografía del "zorzal criollo" está teñida de leyendas, y su fama póstuma apenas ha menguado con el paso de las décadas. Durante muchos años fue habitual ver cómo mucha gente peregrinaba hasta la tumba de Carlos Gardel para pedirle salud y trabajo; en Argentina, la expresión "es Gardel" equivale a "es incomparable".

Carlos Gardel tuvo esa infancia castigada por la adversidad que parece caracterizar a todo héroe arrabalero y triunfador. Su madre, Bèrthe Gardès, nunca llegó a saber con exactitud quién era el padre de aquel hijo nacido el 11 de diciembre de 1890 en el hospital de La Grave (Toulouse) y bautizado con el nombre de Charles Romualdo. Más tarde, en los suburbios de la ciudad de Buenos Aires, adonde huyó en busca de unas migajas de fortuna cuando su hijo aún no había cumplido los tres años, se resignó a ver cómo su vástago correteaba entre las casuchas de Retiro, Montserrat o Los Corrales y se buscaba la vida pateando calles destartaladas y sucias, creciendo con resentimiento, congoja e inseguridad.

Charles se convertirá pronto en Carlitos, un muchacho despierto, simpaticón e irascible cuya única ansia consiste en alcanzar el lujo de los ricos y ganar montañas de dinero. Con dieciocho años desempeña toda clase de pequeños trabajos y ya deja oír su aterciopelada voz en esquinas, reuniones familiares y garitos. Detesta el trabajo duro, rinde culto al coraje, santifica la lealtad a los amigos y se esfuerza por imitar a los adinerados acicalándose con un esmero narcisista y casi femenino.

Por aquel entonces, ese "pensamiento triste que se baila" de incierto origen, llamado tango, comenzaba a hacer furor en París. Sus intérpretes más destacados viajaban al continente y regresaban con los bolsillos a rebosar. Carlos, a quien le gusta el canto casi tanto como la "guita", cambia la s final de su apellido por una l y prueba fortuna en algunos cafés de los barrios periféricos bonaerenses, en los que se presenta con el sobrenombre de "El Morocho"; ante la sorpresa de propios y extraños, manifiesta una aguda sensibilidad y un temperamento artístico completamente original.

Su interés y sus aptitudes lo inclinan hacia el tango canción o tango con letra, escasamente cultivado hasta ese momento. En efecto, el tango estaba por entonces culminando su proceso evolutivo que lo había llevado de ser una música alegre (en compás de dos por cuatro y de origen posiblemente cubano) que se bailaba de forma un tanto procaz en las fiestas de las clases populares de Buenos Aires, a convertirse en un lamento cantado, una música nostálgica y desgarrada que los porteños acomodados habían aprendido a admirar y a bailar y que Gardel estaba destinado a dar a conocer en todo el mundo.

Cuando en 1915 forma pareja con José Razzano, intérprete de tangos que ya goza de alguna fama, ninguno de los dos sospecha que en pocos años van a convertirse en ídolos tanto de los entendidos como de un amplio sector de público. Fue a raíz de una apoteósica actuación en el teatro Esmeralda de Buenos Aires, en 1917, cuando el personal estilo de interpretar el tango de Carlos Gardel caló hondo en el público porteño y dio al dúo Gardel-Razzano una fulminante celebridad.

El tándem se mantendrá hasta 1925, año en que Gardel debió partir solo hacia Europa. José Razzano, aquejado de una enfermedad en la garganta, había decidido abandonar el canto. Esta desgracia de su compañero significará, no obstante, la fama internacional para Gardel. Tres años después de cruzar el Atlántico, escribe a Razzano: "La venta de mis discos en París es fantástica; en tres meses se han vendido setenta mil". Bing Crosby, Charles Chaplin y Enrico Caruso se deleitan con canciones como "Mi noche triste", "Volver" o "No habrá más penas ni olvido".

Si grande había sido el éxito de Gardel en París, no lo fue menos en España. Gardel debutó en solitario en 1925 en el teatro Apolo de Madrid y en el teatro Goya de Barcelona el 5 de noviembre de ese mismo año. Tal fue el recibimiento y cariño que el público le brindó en la capital catalana al "zorzal criollo", como también se lo llamaba, que hizo de ella su centro de operaciones para sus giras europeas, no obstante sus largas estancias en París. En "Che, papusa, oí" canta Gardel: "Trajeada de bacana, bailás con corte / y por raro esnobismo tomás prissé", acaso evocando las fiestas al estilo parisino que ofrecía por esa época la aristocracia barcelonesa, con esmoquin, champán francés y cocaína o plis o plissé, como llamaban a esta droga.

La voz, la estampa y la simpatía de Gardel arrollaban, especialmente entre las mujeres. Reveladora es la entrevista "a la sombra de Gardel", que salió publicada en Tango Moda, en 1929. La sombra era una bella francesa que seguía al ídolo por todas partes después de haberlo visto actuar una vez en el cabaret de Florida de París. "Cuando por la noche me retiro a mi cuarto del hotel, doy por muy bien pagados mis esfuerzos si le he oído cantar tres o cuatro canciones", confesaba esta admiradora incondicional. Sus películas, como Flor de durazno, rodada en Argentina en 1917, Luces de Buenos Airesy Cuesta abajo, en Francia en 1931 y 1934, y Tango Bar, en Estados Unidos en 1935, además de Melodía de arrabal, El tango en Broadway, El día que me quierasy Cazadores de estrellas, entre otras, contribuyeron a incrementar su fama, gracias a su magnífica voz y a su fascinante personalidad.

Su forma de cantar los pequeños dramas existenciales de sus tangos va a significar una revolución. Nadie es capaz de imitar el fraseo de Gardel ni su habilidad para metamorfosearse en los personajes de sus canciones. Además, su figura simpática, mezcla de pícaro y castigador siempre bien vestido y repeinado, se convierte en un modelo para los porteños. Ahora es un triunfador nato, modelo de "el que llegó", un mito rioplatense admirado por los hombres y adorado por las mujeres.

A pesar de esta imagen, Gardel fue en la intimidad un hombre tortuoso, retraído y contemplativo, atenazado por una oscura tristeza y víctima fácil del abatimiento. En cuanto a su vida sentimental, confesaría que nunca se había enamorado de mujer alguna, "porque todas valen la pena de enamorarse y darle la exclusividad a una es hacerle una ofensa a las otras".


En 1934, después de haberse paseado en olor de multitud por escenarios de Europa y Estados Unidos, Carlos Gardel inició una gira por toda Hispanoamérica provocando el delirio. Los teatros se llenaban de un público rendido al cantante argentino, que lo aclamaba y lo continuaría aclamando hasta después de su muerte.

El 24 de junio de 1935, cuando se encontraba en la cúspide de su fama, el cantor murió en un accidente de aviación cuyas causas nunca se han aclarado, al menos no para los millones de apasionados del tango que en todo el mundo entonces lloraron la muerte de su ídolo y aún hoy hablan de él en tiempo presente. Gardel viajaba de Bogotá a Cali en un F-31 de la compañía Saco. Hecha escala en Medellín, el avión recorrió la pista para alzar el vuelo, pero apenas había despegado se precipitó a tierra, chocando con otro avión alemán que esperaba en la cabecera de la pista.

Un velo de misterio rodeó el suceso. Corrieron rumores acerca de un tiroteo entre Gardel y uno de sus acompañantes, con el piloto del aparato como víctima inocente e involuntario causante de la tragedia. Sin embargo, y según el testimonio de los dos únicos pasajeros que lograron salvarse de los veintiuno que viajaban en el vuelo, la verdadera causa del accidente parece haber sido el fuerte viento reinante que hizo que el piloto perdiera el control del trimotor en el momento del despegue.

A la confusión del accidente se sumaría después la leyenda de un cantor encapuchado cuya voz sorprendía por su parecido con la de Gardel; muchos afirmaron que el ídolo se había salvado y seguía cantando, pero no deseaba mostrar su rostro totalmente desfigurado; a ser eso cierto, el cuerpo velado por las multitudes en el estadio del Luna Park no habría sido el suyo. Pero es su espíritu lo que cuenta: un mar de melancólicos lo lloró entonces y siguió lamentando la pérdida de la voz más triste y cálida que el tango ha dado nunca.



Fuente:
http://www.biografiasyvidas.com