domingo, 20 de mayo de 2012

Te quiero, pero… por Merlina Meiler

Hoy te voy a proponer un ejercicio breve y muy útil para echar luz sobre todas tus relaciones.

Si cuentas con papel y algo para escribir y puedes dejar por escrito lo que va a ir surgiendo, mejor. Si no, con solo seguir los pasos mentalmente estarás obteniendo resultados interesantes.

Pues bien, cuando tengas unos minutos libres, ya sea porque los dediques específicamente a esto, porque precises pasar tiempo improductivo (quizá en situaciones tales como viajando en transporte público o esperando que te atiendan en algún lugar) o simplemente, porque estás leyendo estas líneas, te propongo que repitas esta frase, pensando en las personas que te rodean, de a una (puedes empezar con alguien muy cercano o con quien tengas actualmente alguna duda/necesidad/conflicto/… en curso:

“Te quiero, pero…”

La idea, entonces, es pensar en alguien en particular y aplicar estas tres palabras a ese ser. Por ejemplo, elige a él o a ella ahora mismo: tu pareja (o quien quisieras que sea tu pareja, o tu ex), tu padre, tu madre, tu hermano, tu jefe, tu vecino/a, un amigo/a…

Y teniendo a esta persona en mente, tómate unos instantes para completar esta línea:

Te quiero, pero… (lo primero que venga a tu mente).

Quiero que te enfoques tanto en la primera parte de la frase (te quiero) como en la segunda (pero).

Luego de pensar o de escribir lo que espontáneamente ha salido, vamos a la primera parte: “Te quiero”,

¿Realmente tienes este sentimiento hacia esa persona?

¿En qué medida?

¿La quieres más o menos de lo que pensabas?

¿Se te presenta otra palabra para acompañar o para modificar a estas dos (por ej., “te quiero mucho”, “ya no te quiero”, “te quiero aunque por lo que pasó, no tanto como antes”, etc.)? Todo lo que te venga a la mente está bien y es útil, acá no hay respuestas correctas o incorrectas.

Vamos a la segunda parte del ejercicio:
“Te quiero, pero”… (aquí, deja correr tus emociones y tu mente hacia donde quieran llevarte). Las respuestas que vayas obteniendo te darán la pauta de si hay asuntos pendientes con esa persona, si hay puntos para modificar, para ajustar o para aceptar, ¡o si no hay ningún pero! Y estamos ante un vínculo muy armónico. Una enumeración de hechos después del pero (o sea, varias oraciones) indicaría que hay diversos temas por resolver, ¡manos a la obra!

Con cada ser que vayas eligiendo, ten presente de qué manera pronuncias las tres palabras, si se te dificulta decirlas por alguna razón, si el sentimiento y la comunicación con el otro fluyen, si hay más después del “pero” de lo que imaginas, si alguien del pasado ya dejó de tener un lugar en tu corazón, si descubres nuevas perspectivas en tus relaciones con los demás…

Hay gente que decididamente nos hace felices y otra que, si proponérselo –generalmente-, pone alguna piedra en nuestro camino para que aprendamos a sortearla de la manera más positiva y enriquecedora para nosotros. Lo importante es saber quién es quién en nuestra vida, cambiar lo que se puede, aceptar lo que no y disfrutar a pleno de todos los vínculos basados en el amor, en el cariño y en la comprensión que nos rodean.

¡Haz el ejercicio y luego comparte conmigo los resultados!

Fuente:

El sentir del amor,... de José Ramón Marcos Sánchez.

El amor fue acotando las ganas de amar,… suicidando el deseo de dejar que le amaran,… y en el juicio del tiempo explicó su condena,… esgrimió sus razones escondido en el miedo,… recordó la dulzura de caricias pasadas,…. convertidas en golpes en la piel del ahora,…rescató a duras penas del recuerdo algún beso,… los abrazos callados,… los cariños primeros,… el rubor de los cue...rpos,… y su sangre volvió a latir un instante,… y sus ojos brillaron nacidos de nostalgia,… y al hacerlo llovieron en los surcos del alma,… los llantos que añoraban las partes que no estaban,.. y volvió a revivir la magia y la miseria,… los momentos clavados en heridas de olvido,… el porqué entre los sueños anidaron los miedos,… el amor alegó y según alegaba,… fue asumiendo el valor,… y perdonó a los daños,… y sintió que las penas, si merecen la pena,.. porque amar es vivir,… condonó su condena,… y entendió que es mejor,… el sentir del amor,… que té da todo y nada,… que el sentir de la nada,… que te mata,… de amor,…
Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.
Correo y MSN: joseramonmarcos@live.com TWITTER: @joseramonmarcos

Biografía de Carlos María Ocantos

(Buenos Aires, 1860 - Madrid, 1949) Diplomático y narrador argentino, considerado como uno de los máximos representantes de la corriente realista en las letras argentinas. Carlos María Ocantos emprendió una brillante carrera diplomática que le llevó hasta la Secretaría de la embajada de Argentina en Brasil, de donde pasó a ejercer como ministro plenipotenciario en las legaciones de su país en Noruega y Dinamarca. Pero, hacia finales de la segunda década del siglo XX, abandonó por completo la carrera diplomática para instalarse en España (1918) y consagrase a la creación literaria, en la que ya era conocido desde que publicó su primera novela,León Zaldívar (1888).

Acogida con elogios, esta opera prima le situó entre los grandes novelistas argentinos, al frente de aquellos jóvenes autores que venían a tomar el relevo de la llamada "Generación del 80" (compuesto, entre otros, por escritores como Lucio Victorio Mansilla, Eduardo Wilde o Miguel Cané). La aparición de su novela Quilito (1891) lo situó en el grupo de los narradores de los años noventa del denominado "ciclo la Bolsa", conformado por un amplio número de obras cuyo núcleo temático giraba en torno a la catastrófica quiebra financiera que vivió Argentina en 1890, como La Bolsa (1891), de Julián Martel -pseudónimo de José María Miró (1867-1896)-, y Horas de fiebre (1891), de Segundo Villafañe.

Por su brillante dominio de las técnicas realistas fue pronto considerado como uno de los mejores seguidores de Pérez Galdós. En 1897 ingresó la Real Academia Española, apoyado por Galdós, el narrador y crítico cordobés Juan Varela y el destacado novelista cántabro José María de Pereda. El respaldo de estas tres figuras de la prosa española del siglo XIX permite ofrecer una idea del estilo con que Ocantos analizó, primero desde el realismo y, poco después, desde los más agresivos métodos de la corriente naturalista, las sociedades argentina y española de su tiempo. Llegó a publicar una novela que, ya desde su título (Don Perfecto), venía a rendir homenaje a una de las mejores obras de Galdós (Doña Perfecta, de 1876).

Fuente:

Biografía de Honoré de Balzac



Honoré de Balzac
(Tours, Francia, 1799 - París, 1850) Novelista francés. En 1814 se trasladó con su familia a París, donde estudió derecho y empezó a trabajar en un bufete, pero su afición a la literatura le movió a abandonar su carrera y escribir el drama Cromwell (1820), que fue un rotundo fracaso.

Sin embargo, el apoyo de Mme. de Berny, mujer casada y bastante mayor que él, le permitió seguir publicando novelas históricas y melodramáticas bajo seudónimo, que no le reportaron beneficio alguno. Emprendió varios negocios, que acabaron en fracaso y le cargaron de deudas, que, sumadas a las derivadas de su afición al coleccionismo de arte y su tendencia al derroche, lo pusieron en una difícil situación.

Sin embargo, con El último chuan (1829), la primera novela que publicó con su apellido, obtuvo un gran éxito. A partir de entonces inició una febril actividad, escribiendo entre otras novelas La fisiología del matrimonio (1829) y La piel de zapa (1831), con las que empezó a consolidar su prestigio. La amistad con la duquesa de Abrantes le abrió las puertas de los salones de sociedad y literarios.

En 1834, tras la publicación de La búsqueda de lo absoluto, concibió la idea de configurar una sociedad ficticia haciendo aparecer los mismos personajes en distintos relatos, lo que empezó a dar a su obra un sentido unitario. Por entonces inició su intercambio epistolar con la condesa polaca Eveline Hanska, con quien mantuvo una intensa relación, aunque sus encuentros fueron breves hasta la muerte del marido de ella (1843). En 1847, poco antes de morir, se casó con Eveline, pero entretanto mantuvo relaciones con sus otras amantes.

En los últimos años de su vida fue presidente de la Société des Gens de Lettres (desde 1839) e intervino en numerosos asuntos públicos como director de la Revue Parisienne, al tiempo que sufría el acoso de sus acreedores. En 1841 se inició la publicación de sus voluminosas obras completas bajo el título de La comedia humana, aunque de las 137 novelas que debían integrarla, cincuenta quedaron incompletas.

Balzac es considerado a menudo como el fundador de la novela moderna, y su preocupación por el realismo y el detallismo descriptivo se halla en la base de la posterior novela francesa, aunque su realismo convive siempre con elementos románticos y trazos del Balzac «visionario», tal como lo definió Baudelaire.



Fuente:
http://www.biografiasyvidas.com

Biografía de Cristóbal Colón



Cristóbal Colón
Descubridor de América (Génova?, 1451 - Valladolid, 1506). El origen de este navegante, probablemente italiano, está envuelto en el misterio por obra de él mismo y de su primer biógrafo, su hijo Hernando. Parece ser que Cristóbal Colón empezó como artesano y comerciante modesto y que tomó contacto con el mar a través de la navegación de cabotaje con fines mercantiles.

En 1476 naufragó la flota genovesa en la que viajaba, al ser atacada por corsarios franceses cerca del cabo de San Vicente (Portugal); desde entonces Colón se estableció en Lisboa como agente comercial de la casa Centurione, para la que realizó viajes a Madeira, Guinea, Inglaterra e incluso Islandia (1477).

Luego se dedicó a hacer mapas y a adquirir una formación autodidacta: aprendió las lenguas clásicas que le permitieron leer los tratados geográficos antiguos (tomando conocimiento de la idea de la esfericidad de la Tierra, defendida por Aristóteles); y empezó a tomar contacto con los grandes geógrafos de la época (como el florentino Toscanelli)
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De unos y otros le vino a Cristóbal Colón la idea de que la Tierra era esférica y de que la costa oriental de Asia podía alcanzarse fácilmente navegando hacia el oeste (ya que una serie de cálculos erróneos le habían hecho subestimar el perímetro del Globo y suponer, por tanto, que Japón se encontraba a 2.400 millas marinas de Canarias, aproximadamente la situación de las Antillas). Marineros portugueses versados en la navegación atlántica le informaron seguramente de la existencia de islas que permitían hacer escala en la navegación transoceánica; e incluso es posible que, como aseguran teorías menos contrastadas, tuviera noticia de la existencia de tierras por explorar al otro lado del Océano, procedentes de marinos portugueses o nórdicos (o de los papeles de su propio suegro, colonizador de Madeira).

Con todo ello, Colón concibió su proyecto de abrir una ruta naval hacia Asia por el oeste, basado en la acertada hipótesis de que la Tierra era redonda y en el doble error de suponerla más pequeña de lo que es e ignorar la existencia del continente americano, que se interponía en la ruta proyectada. El interés económico del proyecto era indudable en aquella época, ya que el comercio europeo con Extremo Oriente era extremadamente lucrativo, basado en la importación de especias y productos de lujo; dicho comercio se realizaba por tierra a través de Oriente Medio, controlado por los árabes; los portugueses llevaban años intentando abrir una ruta marítima a la India bordeando la costa africana (empresa que culminaría Vasco da Gama en 1498).

Colón ofreció su proyecto al rey Juan II de Portugal, quien lo sometió al examen de un comité de expertos. Aunque terminó acepando la propuesta, el monarca portugués puso como condición que no se zarpase desde las Canarias, pues en caso de que el viaje tuviera éxito, la Corona de Castilla podría reclamar las tierras conquistadas en virtud del Tratado de Alcaçobas. Colón encontró demasiado arriesgado partir de Madeira (sólo confiaba en los cálculos que había trazado desde las Canarias) y probó suerte en España con el duque de Medina Sidonia y con los Reyes Católicos, que rechazaron su propuesta por considerarla inviable y por las desmedidas pretensiones de Colón.

Finalmente, la reina Isabel aprobó el proyecto de Colón por mediación del tesorero del rey, Luis de Santángel, a raíz de la toma de Granada, que ponía fin a la reconquista cristiana de la Península frente al Islam (1492). La reina otorgó las Capitulaciones de Santa Fe, por las que concedía a Colón una serie de privilegios como contrapartida a su arriesgada empresa; y financió una flotilla de tres carabelas -laPinta, la Niña y la Santa María-, con las que Colón partió de Palos el 3 de agosto de 1492.

Navegó hasta Canarias y luego hacia el oeste, alcanzando la isla de Guanahaní (San Salvador, en las Bahamas) el 12 de octubre; en aquel viaje descubrió también Cuba y La Española (Santo Domingo) e incluso construyó allí un primer establecimiento español con los restos del naufragio de la Santa María (el fuerte Navidad). Persuadido de que había alcanzado las costas asiáticas, regresó a España con las dos naves restantes en 1493.

Colón realizó tres viajes más para continuar la exploración de aquellas tierras: en el segundo (1493-96) tocó Cuba, Jamaica y Puerto Rico y fundó la ciudad de La Isabela; pero hubo de regresar a España para hacer frente a las acusaciones surgidas del descontento por su forma de gobernar La Española. En el tercer viaje (1498-1500) descubrió Trinidad y tocó tierra firme en la desembocadura del Orinoco; pero la sublevación de los colonos de La Española forzó su destitución como gobernador y su envío prisionero a España.

Tras ser juzgado y rehabilitado, se le renovaron todos los privilegios -excepto el poder virreinal- y emprendió un cuarto viaje (1502) con prohibición de acercarse a La Española; recorrió la costa centroamericana de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Regresó a España aquel mismo año y pasó el resto de su vida intentando conseguir mercedes reales para sí mismo y para sus descendientes, pues el rey Fernando intentaba recortar los privilegios concedidos ante las proporciones que iba tomando el descubrimiento y la inconveniencia de dejar a un advenedizo como único señor de las Indias.

Colón había descubierto América fortuitamente como consecuencia de su intuición y fuerza de voluntad. Aunque fracasó en su idea original de abrir una nueva ruta comercial entre Europa y Asia, abrió algo más importante: un «Nuevo Mundo» que, en los años siguientes, sería explorado por navegantes, misioneros y soldados de España y Portugal, incorporando un vasto imperio a la civilización occidental y modificando profundamente las condiciones políticas y económicas del Viejo Continente. Aunque los vikingos habían llegado a América del Norte unos quinientos años antes (expedición de Leif Ericson), no habían dejado establecimientos permanentes ni habían hecho circular la noticia del descubrimiento, quedando éste, por tanto, sin consecuencias hasta tiempos de Colón.



Fuente:
http://www.biografiasyvidas.com/