lunes, 14 de mayo de 2012

El amor no será un sueño,.. de José Ramón Marcos Sánchez

Quiero escapar al lugar donde sólo existas tú,…donde el aire sea tu cuerpo,….y me arrulle con caricias el pasado hasta olvidarlo,…y que seas lo único que habite en mis sentimientos,…y sentir que aun siendo todo,…todo sigue siendo nada,…insuficiente,….agotarme hasta desgastar tus miedos,….tus tristezas dañadas,….y darte hasta el amor idealizado que vive en los imposibles,….que jamás nadie encontró,…y buscarlo en los sueños hasta llegar a encontrarlo,….hasta hacerlo posible,…seremos el hechizo que permita que el destino se equivoque,….que la cordura fallezca en la locura de amarnos,…sin la medida del tiempo,…sin las mentiras arraigadas mas allá de nosotros,….sin el temor que clama suicidio ante la inanición de no sentirte,…subiremos mas allá de lo que esté mas arriba,…llegaremos mas allá de lo que sea alcanzable,….y seremos la piel que proteja nuestra demencia de los cuerdos que no creen en quimeras,…de los cobardes disfrazados de correctos,…de los que creen que parte de sentir es engañar lo que sienten,….olvidemos que el amor ha sido un sueño,…pero hagámoslo viviéndolo,….
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.

Biografía de Edward Jenner

(Berkeley, Gran Bretaña, 1749-id., 1823) Médico inglés. A los trece años entró al servicio de un cirujano local, con el que permaneció hasta los veintiuno, momento en el que se trasladó a Londres y se convirtió en pupilo de John Harvey. En 1773 regresó a Berkeley para abrir una consulta local, en la que adquirió un notable prestigio.



Edward Jenner
En el siglo XVIII, la viruela era una de las enfermedades epidémicas con un mayor índice de mortalidad. El único tratamiento conocido en la época era de naturaleza preventiva, y consistía en inocular a un sujeto sano materia infectada procedente de un paciente aquejado de un ataque leve de viruela. Dicho principio se basaba en la evidencia empírica de que un sujeto que hubiera superado la enfermedad no la volvía a contraer. Sin embargo, la persona inoculada no siempre desarrollaba una versión leve de la enfermedad y fallecía a menudo; además, podía actuar como foco de infección para los que lo rodeaban.

Jenner se percató de que una variante de la enfermedad, la viruela de las vacas, también ejercía el mismo efecto inmunitario con respecto a la viruela convencional en las personas que la habían contraído. En 1796 extrajo materia infectada de un individuo afectado por la viruela de las vacas y la inoculó a un niño sano de ocho años, que prontamente desarrolló una fiebre leve y pequeñas lesiones. Dos meses después inoculó nuevamente al niño, pero esta vez con el virus de la viruela convencional, sin que la enfermedad llegara a desarrollarse.

La memoria con los resultados obtenidos fue rechazada por la Royal Society, pero él la publicó en 1798, incluyendo también los resultados favorables de otras pruebas posteriores. No sin problemas, la práctica de la vacunación se fue extendiendo desde el campo de la acción médica particular al ámbito nacional, continental y mundial. Jenner, convertido en un personaje célebre, disfrutó desde 1802 de una cuantiosa suma anual concedida por el Parlamento, retirándose de la actividad científica en 1815.



Fuente:
http://www.biografiasyvidas.com

Biografía de Daniel Gabriel Fahrenheit

(Danzig, hoy Gdansk, actual Polonia, 1686-La Haya, 1736) Físico holandés. Pese a su origen polaco, Daniel Gabriel Fahrenheit permaneció la mayor parte de su vida en la República de Holanda. El fallecimiento repentino de sus padres, comerciantes acomodados, cuando contaba quince años de edad, propició su traslado a Amsterdam, por entonces uno de los centros más activos de fabricación de instrumentos científicos. Tras un viaje de ampliación de estudios por Alemania e Inglaterra y una estancia en Dinamarca, en cuya capital conoció a Roemer (1708), fue soplador de vidrio en Amsterdam y comenzó a construir instrumentos científicos de precisión.

Autor de numerosos inventos, entre los que cabe citar los termómetros de agua (1709) y de mercurio (1714), la aportación teórica más relevante de Fahrenheit fue el diseño de la escala termométrica que lleva su nombre, aún hoy la más empleada en Estados Unidos y hasta hace muy poco también en el Reino Unido, hasta la adopción por este país del sistema métrico decimal.


Escalas termométricas de Celsius y Fahrenheit

Fahrenheit empleó como valor cero de su escala la temperatura de una mezcla de agua y sal a partes iguales, y los valores de congelación y ebullición del agua convencional quedaron fijados en 32 y 212 respectivamente. En consecuencia, al abarcar un intervalo más amplio, la escala Fahrenheit permite mayor precisión que la centígrada a la hora de delimitar una temperatura concreta.

Publicó estos resultados el 1714, en Acta Editorum. Por entonces los termómetros usaban como líquido de referencia el alcohol, y a partir de los conocimientos que había adquirido Roemer de la expansión térmica de los metales, Fahrenheit pudo sustituirlo ventajosamente por mercurio a partir de 1716.

Gran conocedor de los trabajos de los científicos más relevantes del momento, Fahrenheit publicó en 1724 diversos trabajos en las Philosophical Transactions de la Royal Society, institución que lo acogió como miembro ese mismo año. Versan éstos sobre las temperaturas de ebullición de diversos líquidos, la solidificación del agua en el vacío y la posibilidad de obtener agua líquida a una temperatura menor que la de su punto de congelación normal.

Tras la muerte de Fahrenheit se decidió unificar su escala termométrica, tomando como referencia 213 grados para la temperatura de ebullición del agua y 98,6 en vez de 96 para la correspondiente al cuerpo humano.



Fuente:
http://www.biografiasyvidas.com/