miércoles, 9 de mayo de 2012

Crisis Sobre la Crisis de Maytte Sepúlveda

Hace unos dias se le perdio la billetera a una amiga mía. De un momento para otro se quedó sin papeles de identificación, tarjetas de crédito, efectivo, chequera y notas personales... la primera reacción fue de sorpresa y angustia al darse cuenta de la desaparición de su billetera. Más tarde, experimentó el deseo compulsivo de buscar en cada lugar donde estuvo en las ultimas horas con el ánimo de encontrarla simplemente olvidada por descuido. Un rato después, la idea de que una persona la encuentre... y la devuelva. Unas horas más tarde, la tristeza o la rabia, el sentirse culpable de un accidente que a cualquiera le pudiera pasar de la misma manera por más organizado que viva. Al final del día, la resignación que en realidad significa lamentarlo y conservar la esperanza de que aparezca para dejar de sufrir la pérdida. A lo largo del día, contarle a los amigos para escuchar de casi todos ellos: ¿Pero cómo se te ocurrió? Yo nunca salgo a la calle con ella... Eso es para que la próxima vez no te suceda, tienes que estar más atenta... Como si ya mi amiga no sintiera suficiente carga del malestar que le produce la situación y sus consecuencias.
¿Por qué nos cargamos tanto e insistimos en extender nuestro malestar hasta convertirlo en dolor? ¿Por qué en lugar de apoyar a la persona que vive la dificultad, le hacemos presión señalando sus errores como si fuesen obvios, en lugar de comprenderlos y suavizarles el momento restándole importancia a la situación?
Esta historia es el reflejo de muchas situaciones en las que nos encontramos en diferentes momentos de la vida, atrapados a veces por cosas muy pequeñas o sin trascendencia... pero sufriendo el aceptarlas o el dejarlas ir...
En un momento como éste es cuando agradecemos que nuestra pareja o un buen amigo nos diga: No te preocupes, eso le pasa a cualquiera, a mí una vez... ¿De qué manera te puedo ayudar? ¡Ya verás como lo vas a solucionar fácilmente! Ven te invito a tomarte un café o a cenar para que no te sientas tan mal...

Aprendamos a soltar
Expresa tus emociones. Lo más importante cuando has vivido un momento difícil, es expresar libremente tus emociones. No te reprimas actuando como si no pasara nada, pues toda esa emocionalidad se convierte en una energía que te desequilibra. Es natural sentirnos afectados por algunas situaciones, lo equivocado es permanecer sumidos en alguna emoción negativa por mucho tiempo.

Acepta. Una vez que identifiques la situación... acéptala, para que puedas mantener la claridad mental que te permita ver más allá... para encontrar la solución. A partir del momento en que aceptas la situación, bajas el nivel de sufrimiento y te dispones a afrontar o resolver la situación.

Recupera la calma. Respira profundo y botando el aire por la boca, libera parte de la ansiedad que experimentas. Recuerda que todo ocurre por alguna buena razón aunque no puedas verlo en el momento. Evita pensar en todas las consecuencias negativas que traerá esa situación. Serénate y busca el apoyo de una persona cercana para que juntos analicen la situación.

Analiza la situación. Revisa la situación objetivamente. No permitas que tus emociones te hagan exagerar o perder la perspectiva real que tiene la situación que enfrentas.
¿Pregúntate que puedes hacer para resolverla? Y da cada uno de los pasos serenamente.

No te sientas culpable. La mayoría de las veces te desgastas pensando en lo que pudiste hacer para evitarlo, sin darte cuenta que de esa manera te causas más presión. Es sólo un error, a cualquiera le pudo suceder... Ya no importa el pasado, discúlpate y proponte hacer cuanto sea necesario para resolverlo.

Busca la solución. Deja de pensar en el problema y concéntrate en darle solución. Algunas veces la solución no está en tus manos, de manera que lo único que puedes hacer es aceptar y disponerte a asumir las consecuencias para aprender de ellas. Pero la mayoría de las veces, puedes darle solución, incluso evitar que te vuelva a suceder. ¡Vamos, pon buena cara y piensa que algo negativo se llevó de tu vida y que algo bueno está por llegar a ti.

¡Suelta! Pasa la página y coloca tu atención en todo lo bueno, lo bello y lo importante que todavía conservas... ¡Aún estás a tiempo de comenzar a disfrutarlo!

Fuente

Principios básicos de convivencia


RESPETO: DAR SU LUGAR A CADA PERSONA.

“EL RESPETO AL DERECHO DE LOS DEMÁS ES LA PAZ”.
BENITO JUÁREZ


RESPETAR A LOS DEMÁS ES RESPETARTE A TI MISMO.

El respeto es el valor moral que faculta al hombre para el reconocimiento, aprecio y valoración de las cualidades de los demás y sus derechos, ya sea por su conocimiento, experiencia o valor como personas. El respeto ayuda a mantener una sana convivencia con las demás personas, se basa en normas que pueden variar entre las diferentes sociedades e instituciones, pero siempre los principios que lo rigen serán los mismos. El respeto nos ayuda a tener amigos y buenas relaciones ya que si tú respetas te respetan. El respeto es la primera condición para la convivencia entre las personas, e implica el reconocimiento de la dignidad de cada una. El respeto a los demás nos ayuda a la participación. En nuestra sociedad se piensa erróneamente que debemos regirnos por nuestros gustos y caprichos, aún a costa de pasar por encima de los demás. Esta visión y forma de vivir impide establecer relaciones interpersonales positivas y lleva a quienes la practican a la soledad y el vacío. En algunos ambientes materialistas de nuestra sociedad, se
piensa que vale más y merece más respeto el que más tiene, y no el que más es.

Esto lleva a poner los ideales e ilusiones en lo material y elimina el sentido trascendente y la posibilidad de una realización y felicidad más profundas.· Porque hay algunos derechos que no proceden de ninguna obra realizada por el hombre,sino de su dignidad como persona humana, y hay otros que se adquiere por su manera de vivir y de pensar, al ennoblecer su dignidad.

PRACTICAR EL RESPETO SIGNIFICA ENTRE OTRAS COSAS :
  • Ver a la otra persona como yo me veo a mí mismo.
  • Tratar a las personas como a mí me gustaría ser tratado.
  • Tratar a los demás sin distinciones y con amabilidad.
  • No hablar mal, no burlarse, no criticar ni ignorar a los demás.
  • Saber escuchar y ayudar cuando alguien lo requiera.
  • Dejar hablar a los demás y saberlos escuchar.
  • No imponer los gustos, los caprichos personales, ni la voluntad personal.
  • Ceder cuando sea necesario.
  • Respetar la opinión de los demás.
  • Respetar el esfuerzo y cuidar el trabajo de los demás.
  • Desarrollar al máximo las cualidades propias para ser cada vez una mejor persona.
  • Pensar que valgo por lo que soy y no por lo que tengo.
  • Ser prudente y respetar el espacio, la intimidad y los sentimientos de los demás.
  • Mostrarse alegre, generoso y bondadoso, ya que los demás merecen recibir lo mejor de mí.
TOLERANCIA : ARMONÍA EN LA DIFERENCIA.

La envidia por Merlina Meiler


Hay personas envidiosas alrededor de nosotros. En ciertas ocasiones, sentimos cierta envidia que no podemos refrenar. ¿Qué nos conviene hacer en estos dos casos?
La envidia es un mecanismo que nos hace desear algo que no poseemos. Es normal tener cierta añoranza por algo que vemos concretado en otra persona y que no tenemos.
¿Es normal tener envidia?
Considero que es una manifestación que no se puede evitar. Lo positivo es ver qué nos está señalando y de qué manera podemos solucionarlo o aceptarlo. Nos invita a superar nuestras propias limitaciones.
Por ejemplo, si nos da cierta envidia que alguien se case o reciba un título universitario, resulta evidente que nos gustaría estar en el lugar de ese ser y esta alerta podría ser muy bienvenida, ya que nos indica claramente qué queremos lograr y hacia dónde encauzar nuestros pasos futuros.
Hasta acá, todo se encuadra dentro de limites normales.
¿Está mal sentir envidia?
Si cada vez que envidias a alguien sientes ira y te dan ganas de insultarlo (“¡qué %$&#&, no puede tener tanta suerte!”, te desvalorizas (“todo lo bueno le pasa a los demás, no sirvo para nada”) o incluso tienes la tendencia de querer desearle el mal a esa persona (“ojalá no le confirmen su trabajo nuevo”), te estás envenenado internamente y eso , sin lugar a dudas, es nocivo y puede causarte problemas de diversa índole (además de afectar profundamente tu comunicación con los demás).
¿Qué hacer si hay gente envidiosa cerca de nosotros?
Podemos ayudarlos a que vean sus carencias y las enfrenten, o simplemente y si es posible, no darles cabida en nuestra vida ni permitirles que se inmiscuyan en nuestros asuntos. Hacer oídos sordos suele dar resultados estupendos. Si te preocupas por lo que te dicen o por cómo te miran, estarás entrando en su terreno y ellos ejercerán poder sobre ti (¡te manipularán a su antojo!).
¿Qué hacer si nos invade la envidia?
En primer lugar, relajarnos. A todos nos entristece ver que alguien ha logrado (o sin proponérselo, ha conseguido) eso que tanto buscamos obtener. Tenemos la gran posibilidad de que este sentimiento se transforme en el impulsor de acciones para acercarnos a nuestro cometido.
En caso de no poder manejarlo o de que venga acompañado de sentimientos indeseables o negativos, es nuestra responsabilidad trabajar lo que nos duele y no permitir que nos enferme en ningún plano – transmutar esto será un gran paso hacia una mejor calidad de vida emocional.
Fuente
http://www.mejoraemocional.com