domingo, 29 de abril de 2012

No te conozco… de José Ramón Marcos Sánchez

No te conozco, no sé quién eres,
ni dónde estás, ni dónde vas…
Ni tan siquiera si podrás estar algún día,
en alguna parte, dentro de todos, fuera de mí.
Pero tu ausencia me hiere como cercana…
No tienes voz y te escucho,
eres el grito del desamparo, del silencio,
tan aterrador como inapelable…


Sé, que a algunos les colmas con lo avaro de la indolencia.
Sé, que a otros les llamas con la súplica de lo solidario
y sé, que al resto nos regalas lo egoísta de la felicidad
que provoca no ser como tú.
No pasar hambre, ni frío…
No tener que depender de lo mísero de la conciencia
de los que a veces nos consideramos desdichados…
Yo te confieso que en ocasiones me olvido de ti,
prefiero anularte…
Me justifico pensando en mi exigüidad.
Me dejo contagiar por el peor de los males,
la indiferencia;
pero prometo cambiar y abrazar en tu nombre
la esperanza de lo verosímil…
Quiero regalarte lo arriesgado de un mañana,
de un ayer, de un hoy,
que no tienes, que mereces…
Quiero ayudarte a que tengas la posibilidad de equivocarte,
de acertar, de decidir, de ¡VIVIR!
Quiero compartirme contigo,
sé que me necesitas, sé que te necesito…
No te conozco, no sé quién eres,
pero ¡ME DUELES!



Inteligencia interpersonal e inteligencia intrapersonal por Merlina Meiler

Si descollas en tu trabajo o en tus estudios pero tu vida personal o emocional no guarda una simetría con tu área profesional, resulta imperioso que desarrolles tanto tu inteligencia interpersonal como la intrapersonal para que alcances un presente balanceado.

El psicólogo Howard Gardner, de la Harvard School of Education, desarrolló la teoría de la multiplicidad de inteligencias. Anteriormente se consideraba que el cociente intelectual de una persona era el termómetro que indicaba cuánto éxito iba a lograr en su vida laboral. Gardner consideraba que si sólo se tiene en cuenta el cociente intelectual al evaluar a un individuo se limita la noción de inteligencia porque no se tienen en cuenta ni las habilidades ni las capacidades necesarias para triunfar en la vida.

Por eso, él tuvo en cuenta no sólo ésas sino también otras aptitudes para explicar las distintas clases de inteligencias, y las dividió en 7: interpersonal (capacidad de interactuar con otros), intrapersonal (vida emocional propia), espacial (visualización), lógico-matemática (inteligencia no verbal, relacionada con el cociente intelectual), musical, lingüística (para discernir y dialogar) y sinético-corporal (deportes, danza, movimientos reflejos).

En este artículo me referiré a dos de las inteligencias no académicas, la interpersonal y la intrapersonal. Me parece importante destacarlas para lograr estabilidad emocional y así dar lo mejor de nosotros mismos en las áreas que nos desempeñemos, al aplicar la congruencia hacia adentro y hacia afuera.

La inteligencia interpersonal es la capacidad de entender a otras personas, interactuar con ellos y entablar empatía o rapport. Poder discernir, comprender qué le sucede a otra persona en determinado contexto y actuar de manera apropiada en relación con los estados de ánimo, las conductas y los deseos de esa persona resulta de suma utilidad para comunicarnos efectivamente en nuestra vida diaria.

Quienes poseen inteligencia interpersonal son populares, tienen muchos amigos, mantienen una buena relación con sus compañeros de trabajo y con la gente que los rodea en general. Les resulta sencillo captar las necesidades ajenas y reaccionar en consecuencia. Encuentran la palabra adecuada o el comportamiento que logra empatía en su interlocutor, y al leer emociones en otro se puede adoptar una actitud positiva, ya que es necesario tener en cuenta lo que la otra persona siente o necesita para lograr una comunicación realmente efectiva.

La empatía es esencial en nuestras relaciones con los demás. Para lograrla, es útil estar en una posición relajada, de receptividad, sin preconceptos ni defensivas estériles. Una de las claves a tener en cuenta para generar empatía es prestar mucha atención al lenguaje no verbal: tono de voz, expresiones de la cara, movimientos del cuerpo, gestos, accesos oculares, etc. En caso que las palabras y el lenguaje no verbal de una persona no concuerden, es conveniente centrarse en cómo se dice algo más que en las palabras que se utilizan para expresarlo.

La inteligencia intrapersonal es la capacidad de ver con realismo y veracidad cómo somos y qué queremos, y de entender cabalmente cuáles son nuestras prioridades y anhelos, para así actuar en consecuencia. Otro componente es el de no engañarnos con respecto a nuestras emociones y a nuestros sentimientos, y respetarlos.

En vez de suponer que uno está dominado por sus caprichos y deseos y que nada se puede hacer al respecto, las personas con un alto grado de inteligencia intrapersonal pueden entender por qué sienten o piensan tal o cual cosa y actuar en consecuencia. También se ven muy favorecidas ya que hacen excelentes elecciones al momento de elegir con quién casarse, qué carrera estudiar o qué trabajo no aceptar.

Aprender a monitorear los sentimientos para saber qué nos sucede, y llegar a entendernos y a tratarnos con respeto y compasión mientras decidimos qué medidas tomar para lograr equilibrio y satisfacer nuestras necesidades emocionales nos proporciona mecanismos para calmarnos y evita que tengamos reacciones desmedidas frente a lo que se nos presenta. Asimismo, nos permite tener en nuestras manos las riendas de casi todas las situaciones, lo que redunda en un marcado bienestar emocional que llega a notarse en el plano físico también. De ahí la importancia de desarrollar tanto la inteligencia interpersonal como la intrapersonal.