domingo, 15 de abril de 2012

El YIN YANG: historia y significado.


El Tao es una fuerza primitiva que es producida por todas las fuerzas naturales del cielo y de todo el universo. Tao es una forma de vida, no es un Dios o una religión. Los principios del Tao fueron enunciados por primera vez por medio de símbolos y de palabras por los antiguos filósofos de la China, hace más o menos 5000 años. Es una forma de equilibrar la vida.

Uno de los primeros filósofos del Tao fue Lao Tzu. Era un funcionario del Tesoro Real o Biblioteca de la dinastía Zhou y esto le facilitó el convertirse en un erudito de renombre. Se cuenta que el joven Confucio lo visitó para pedirle información sobre los rituales de la dinastía Zhou. Disgustado por la decadencia en la que vivía la familia real de Zhou, Lao Tzu abandonó la capital Luoyang y al llegar al paso de Han Guguan escribió los dos tomos del Tao-te ching.

El Yin y el Yang es un ejemplo de esta filosofía.

El Yin Yang es un símbolo dinámico. Muestra la continúa interacción de dos energías y su equilibrio: como tal, es un símbolo de armonía. Es un símbolo que crea igualdad pues sin el Yin no podría existir el Yang y al revés, igual, y sin la interacción de ambos, no se genera vida. No existe nada opuesto entre el Yin y el Yang. Son complementarios.

Lao-tzu en “Tao-te ching” escribió: “Todo tiene dentro de sí ambos, yin y yang y de su ascenso y descenso alternados nace la nueva vida”.

Cuando una de las dos energías llega a su máxima expresión, inicia la transformación en su opuesto: esto es lo que representan los dos puntos en el símbolo. En su máxima expresión, el yang contiene la semilla del yin, tanto como el yin contiene la semilla del yang.

Yin, originariamente, era el nombre del lado frío de la montaña, aquel que mira al Norte; al contrario, Yang era el nombre de aquel más cálido, dirigido al Sur.

Yin es el lado oscuro, la noche y lo femenino; Yang el lado masculino, la luz y lo masculino.

Fuente: http://aikun.wordpress.com

Los dos tipos de colesterol

Sabemos que importante cuidar los niveles de colesterol en sangre, y por ello hoy hablaremos sobre los dos tipos de colesterol que existen, popularmente conocidos como colesterol bueno y colesterol malo o mejor dicho, HDL y LDL.

El colesterol es una de esas sustancias que el cuerpo necesita y que no puede vivir sin ella. Pero un exceso de el hace mal, puede ser muy perjudicial. Partamos de la base de que el colesterol no es más que grasa, y por lo tanto, el cuerpo necesita colesterol para fabricar sustancias (como vitamina D, hormonas, entre otras).

Centrándonos en los dos tipos de colesterol podemos encontrar una ardua diferencia entre el colesterol bueno y colesterol malo:

- HDL. Denominado comúnmente como colesterol bueno, se encarga de llevar el exceso de colesterol que hay en los tejidos hasta el hígado. El nivel de HDL en condiciones normales tiene que ser superior a 40 mg/dl en la mujer y 35 mg/dl en el hombre.

- LDL. Conocido como colesterol malo. Produce enfermedades como arteriosclerosis, es decir, la acumulación de colesterol en las paredes de las arterias Es importante, ya que aproximadamente el 70% de colesterol que tenemos en la sangre está compuesto por esta clase de colesterol. El LDL es la forma en la que el organismo captura el colesterol que hay en el hígado y lo distribuye al resto de tejidos del cuerpo. Los niveles adecuados de LDL son los siguientes:

* Alto: por encima de 160 mg/dl
* Normal-alto: de 100 a 160 mg/dl
* Normal: menos de 100 mg/dl

Para finalizar, los niveles de colesterol total (según la Fundación Española del Corazón) son los siguientes:

* Alto: por encima de 240 mg/dl

* Normal-alto: entre 200 y 240 mg/dl. A niveles superiores a 200 mg/, se considera hipercolesterolemia.

.* Normal: menos de 200 mg/dl.

Cómo curar ampollas con elementos caseros


A quién no le ha pasado de caminar durante largas cuadras y sentir que nuestros pies comienzan a dolernos? Cuando nos quitamos los zapatos y las medias, allí está: una ampolla!

En este artículo, trataremos el tema de las ampollas. Al final, te enseñamos cómo curar ampollas con elementos caseros, acudiendo a la medicina natural. Comencemos



¿Qué son las ampollas?

Antes de comenzar a hablar acerca de cómo curar ampollas, es una buena idea describir qué son las ampollas y hablar acerca de algunas de sus características para comprender mejor cómo funciona nuestro organismo y, posteriormente, cómo podemos curarlas.

Las ampollas son básicamente un método de defensa de nuestro organismo ante determinados daños producidos en la piel. Por lo tanto, generalmente es mejor dejar que nuestro cuerpo haga el trabajo y dejarlas tal como están. Sin embargo, podemos acelerar el proceso y si hacemos las cosas bien, no tendremos problemas.

Lo que resulta fundamental en el momento en que encontramos una ampolla es evitar infecciones, por lo que siempre debemos evitar toca la ampolla con las manos sucias, evitar pinchar con una aguja des esterilizada la ampolla, etc.

¿Cómo curar ampollas?

Ahora que sabemos qué son las ampollas y qué debemos hacer cuando tenemos una, explicamos cómo curarlas o acelerar su proceso de curación.

1. Malva

La malva es una planta muy útil para tratar todo tipo de problemas de la piel. El mucílago, uno de sus componentes es el responsable directo de esta interesante propiedad. Aplicar en la ampolla suavemente, utilizando una gasa.

2. Caléndula

La caléndula tiene propiedades cicatrizantes. No curará nuestra ampolla, pero ayudará en su cicatrización. Para aplicar esta planta, necesitamos sus flores para hacer una infusión con ellas.

Concluyendo este artículo acerca de cómo curar ampollas de forma natural, esperamos que esta información haya resultado útil. Hasta la próxima!



Fuente: http://blogdefarmacia.com

Pura Vida de Maytte Sepúlveda

Un hombre entró a un cementerio y pasó por un pabellón que le despertó mucha curiosidad, pues las lápidas tenían descripciones fuera de lo común. Una de ellas decía: ‘Aquí yace Alberto Pérez que vivió ocho meses y cuatro días’. Otra: ‘Juan, quien vivió siete meses y veinte días’. Unos pasos mas allá, otra placa rezaba: ‘Martha, quien vivió tres meses y doce días’.

La cantidad de inscripciones de esa clase le hizo suponer que estaba en un cementerio de niños. Y en ese momento vio venir a uno de los encargados del lugar y le preguntó:
- ¿Por qué anotan el tiempo que estos niños vivieron?
- ¿Por qué tantos niños muertos? ¿Acaso fue una epidemia?

El cuidador respondió:
- En este pueblo acostumbramos entregarle una libreta a cada joven en la adolescencia. En sus páginas deben anotar los momentos mas importantes de su vida y al frente el tiempo que duró ese disfrute. Desde entonces el chico registra los momentos que gozó intensamente y su respectiva duración. Casi todos describen, por ejemplo: la emoción de su graduación, los minutos que duró y lo que sintieron, la voz amable de los cumplidos recibidos, y el tiempo que duraron los sentimientos a ellos asociados. Así también las navidades, el primer beso, los cumpleaños, el día de su matrimonio, el nacimiento de su primer hijo, el viaje deseado, el encuentro repentino con un ser querido….. Y este, al final es el tiempo vivido, el tiempo que verdaderamente cuenta. Porque existimos para ser felices, para disfrutar de lo que nos rodea, para satisfacernos de ayudar a otros, para llenarnos de gozo por la labor cumplida, para crecer y estar en paz. Lo demás, amigo mío, no es vida”.


Me encanta este cuento, porque su reflexión nos lleva a preguntarnos: ¿Cómo hemos vivido? ¿Cuántos momentos felices, de satisfacción y tranquilidad hemos experimentado y compartido? Y no para juzgarnos y evaluarnos de forma crítica e implacable, sino para hacernos otra pregunta: ¿Cómo vamos a vivir el resto de nuestra vida, de la misma manera? Pocas veces nos detenemos para pensar en la vida que llevamos. Nos levantamos e iniciamos una carrera llena de actividad frenética que, a lo largo del día, nos lleva a cumplir con el deber, la obligación y la responsabilidad, muchas veces sin que sepamos si nos sentimos a gusto con todo ello. Poco a poco, y sin darnos cuenta, nos vamos acostumbrando a ese estilo de vida serio y cargado donde la sonrisa, la esperanza, el buen humor, la espontaneidad, la gentileza, la camaradería, el disfrute, la contemplación, la capacidad de asombro y la observación van desapareciendo lentamente de nuestros días. Y, en la medida en que nos acostumbramos a esto, nuestra vida queda reducida a la mínima expresión. Perdemos el placer del contacto con los demás, la capacidad de compartir y disfrutar del cariño hacia nuestros seres queridos, ya no tenemos la motivación para soñar y levantarnos con la convicción de que podremos alcanzar nuestras metas personales, ya no nos detenemos a contemplar y llenarnos con la belleza de una flor, una puesta de sol o un cielo estrellado…

Nos acostumbramos a ahorrarle calidad a nuestros días, poco a poco se nos va gastando la vida y, al dejarnos envolver por la costumbre, nos perdemos la oportunidad de vivir con pasión.

¡Venzamos la costumbre, despertemos de ese letargo a donde nos llevaron la rutina, el estrés y el exceso de obligaciones!

Herramientas
Administra bien tu tiempo. Cumple con tus horas de trabajo, pero planifica en el resto de tu tiempo actividades para despejar tu mente, relajar tu cuerpo, y para compartir y disfrutar.

Mantén una actitud positiva. Llena tu mente de pensamientos positivos, aprende a ver oportunidades y posibilidades, sonríe y espera siempre lo mejor.

Disfrutas las cosas pequeñas de la vida. Decide reconocer y resaltar el valor de las cosas positivas que le dan calidad a tus días.

Reserva un espacio para ti. Sin sentirte culpable planifica alguna actividad que te llene, que te divierta o te enriquezca esencialmente.

Busca la trascendencia. ¡Tu vida está ocurriendo ahora, vívela a plenitud!

La Verdadera Historia del Titanic

El Naufragio del Titanic Antes y Después: 

El miércoles 10 de abril de 1.912, a las doce en punto, zarpaba del puerto de Southampton (junto al Canal de la Mancha, Inglaterra) el barco más lujoso y de mayor tamaño construido hasta entonces... Se trataba del Titanic, salido de los astilleros de Harland & Wolff de Belfast (Irlanda), habiendo sido botado el 31 de mayo de 1.911. Este gigante de los mares era el fruto de la carrera que desde principios de siglo venía enfrentando al Reino Unido con Alemania por el dominio de los mares. Era el orgullo de su compañía propietaria, la "White Star Line".

Medía 269 m de eslora y 28 de manga, y con un peso bruto de 46.328 toneladas, desplazaba 66.000. Su potencia de cerca de 50.000 h.p. comunicaba fuerza a sus motores, que disponían de 3 hélices, y que gracias a sus 29 calderas de 5 m de diámetro cada una, con un total de 159 hornos que consumían diariamente 650 toneladas de carbón, en los momentos más favorables, conseguía alcanzar una velocidad próxima a los 24 nudos (un nudo equivale a 181,8 m). 

Su característica más peculiar estribaba en un doble fondo, dividido en 16 compartimentos estancos. Se le calificó de "insumergible".

Este paquebote de lujo era como un auténtico palacio flotante, superando a los deseos de los más exigentes por su lujo, comodidades y refinamientos. Resistía perfectamente la comparación con cualquier hotel de lujo; disponía de unas 3.000 camas y cada una de sus "suites" de lujo medía 15 m de largo. Contaba también con un paseo de cubierta privado y sus paredes estaban decoradas con maderas nobles de estilo isabelino. Los camarotes disponían de muebles de estilo holandés antiguo, y los de primera clase estaban decorados según periodos y estilos, desde Luis XV hasta la Reina Ana.

Se habían cuidado todos los detalles, el trasatlántico contaba con ascensores, y un moderno gimnasio, con toda clase de aparatos, incluidos equipos de equitación mecánica que simulaban el trote y el galope de un caballo; pista de "squash", baño turco y piscina. En los grandes salones, incluido el de fumadores, disponían de mobiliario inglés del siglo XVIII. Tenía tres bibliotecas con más de 30.000 volúmenes, sin contar con enormes despachos y salones de trabajo, destinados a los pasajeros que no podían suspender sus actividades durante la travesía... Incluso los compartimentos de tercera clase eran muy confortables para la época.

Allí, todas las proporciones y medidas eran colosales: por ejemplo, fueron embarcadas 40 toneladas de patatas, 12 de diferentes clases de agua mineral, 7.000 sacos de café, 35.000 docenas de huevos, etc. Su tripulación estaba integrada por 904 miembros (397 entre oficiales y marineros, y el resto dedicado a la atención de los distintos servicios del pasaje). Allí, todas las comodidades de la época estaban al alcance de cualquier privilegiado dispuesto a pagar hasta 4.350 dólares (precio de un pasaje de lujo) por una travesía marítima de 6 días. Todo había sido previsto en tan magnífico barco... menos la posibilidad de un naufragio...

Además de los habituales comedores en este tipo de embarcaciones, el Titanic disponía de un magnífico restaurante "a la carta", así como el "Café Parisien", una exactísima réplica de la cafetería de moda en aquel entonces. Su escalera principal era de lo más suntuosa que pudiera imaginarse en un barco. No faltaban lugares de reunión como el "Café Veranda" o el "Palm Coirt" en la cubierta "A".

Confiados en una fama de "inhundible", sin perjuicio de grandes fortunas en dinero, valores, joyas y objetos de valor, que llevaban los pasajeros en sus camarotes o en sus cajas de seguridad, la nave portaba objetos artísticos y arqueológicos de gran valor, destinados a ser expuestos en América, entre ellos una momia egipcia (de una sacerdotisa o hechicera)Lord Canterville transladaba una momia de Inglaterra a Nueva York. Se trataba del cuerpo embalsamado de una pitonisa muy respetada en los tiempos de Amenofis IV, también conocido por Akenatón. Esta momia femenina estaba provista de los adornos y amuletos de rigor. Debajo de su cabeza había sido introducido un amuleto con la figura de Osiris y la siguiente inscripción: "Despierta de tu postración y la mirada de tus ojos triunfará, sobre todo cuanto se haga contra ti".

Al relatar esto, no queremos afirmar que la causa del hundimiento del trasatlántico fuera debida a una especie de "maldición de los faraones", pero resulta curioso, que dicha momia que era transportada en una caja de madera, no fue depositada en las bodegas del "Titanic", que era el sitio lógico de su ubicación, sino detrás justamente del puente de mando, muy cerca del capitán.

En la larga historia de las excavaciones egipcias, aparecen relatos que nos inducen a pensar que muchos investigadores que han tenido contacto con momias, han dado claras muestras de perturbación mental.

Investigaciones posteriores han parecido confirmar el origen de estos sucesos en causas naturales, descartando cualquier tipo de explicación más fantástica. Pero recordemos: "Despierta de tu postración y la mirada de tus ojos triunfará". Habiendo estado situada en la travesía, detrás justo del puesto de mando, hasta casi sentimos una especie de escalofrío. ¿Fue el capitán Smith, víctima de los influjos de aquella momia?. ¿Fue víctima de la maldición de los faraones?. Seguramente muchos de ustedes consideraran un tanto excesivo el anterior interrogante. Y probablemente sea así, y el naufragio de aquel coloso de los mares simplemente se debió a desgraciadas coincidencias. Pero, el capitán Smith, desempeñó en la catástrofe un misterioso papel. Smith era un marino intachable y de gran experiencia. De lo contrario no se le hubiera dado el puesto. Pero aquel 14 de abril de 1912, su actuación no pudo ser más extraña y desacertada. El trazado del rumbo, la excesiva velocidad del navío, su actitud autoritaria ante la petición de botes salvavidas, y el retraso con que dio a conocer su plan de salvamento, son detalles cuando menos desconcertantes. Dejémoslo así.

El resto de la historia ya la sabemos. El "Titanic" se fue al abismo. Con él, arrastró muchas vidas humanas ... y a su extraña pasajera. Y el misterio, "si lo hubo", se hundió también para siempre.

Y aquí yace una pregunta aún más desconcertante: a pesar de las investigaciones que se han hecho sobre el "Titanic", de los ojos objetos recuperados y de las continuas inmersiones al fondo del mar para recuperar algo más de su misteriosa historia, no se ha podido recuperar a la "misteriosa pasajera" y una rarísima edición del Rubaiyat, de Omar Khayyam, valorada en 250.000 libras de la época... Hasta tal punto está persuadida la "White Star Line" de la invencibilidad de su trasatlántico, que lo había asegurado -sólo por puro trámite- en la cuarta parte de su valor.

A las 10.30 de aquel domingo 14 de abril el capitán del Titanic, Edward J. Smith, asistió a un servicio religioso celebrado en el salón-comedor de primera clase. A las 7.30 un grupo de pasajeros celebraba una fiesta en su honor en el restaurante "a la carta", ya que el capitán tenía 62 años, y pensaba solicitar el retiro tras el término del viaje inaugural. Mientras tanto el vapor Californian, que navegaba a pocas millas por delante del trasatlántico, telegrafiaba informando de la presencia de grandes témpanos en aquella zona. Sin embargo, el capitán Smith no llegó a recibir este mensaje y alrededor de las 9 se disculpó ante sus anfitriones, dirigiéndose al puente, donde estaba de servicio el segundo oficial Charles H. Lighttoller, con quien comentó las incidencias meteorológicas y la proximidad de uno o varios icebergs. Sobre las 9.20 el capitán se retiró a su camarote, tras advertir al segundo oficial: "Si la situación se pone incierta, hágamelo saber de inmediato. Estaré dentro". 

Como la noche estaba bastante despejada y tranquila, salvo una pequeña modificación en el rumbo, el Titanic no adoptó ninguna otra medida de precaución; y eso que en las últimas horas se habían recibido seis telegramas, cinco para el capitán y otro para el radiotelegrafista, que no fueron tenidos en cuenta.
A las 23.40 de la noche del domingo, el vigía Fleet vio un gran témpano a muy poca distancia de la proa e inmediatamente dio la alarma con reiteración... Sabía que la velocidad del buque en aquel momento era de 22,5 nudos y que éste navegaba por una zona peligrosa en la que los últimos 27 años habían naufragado 19 barcos... Por lo demás, el agua estaba en calma y la noche era fría y clara...

El primer oficial, William Murdoch, no había tomado muy excesivamente en cuenta la alarma de Fleet, hasta que lo que consideraba una neblina... ¿neblina en una noche clara?, se convirtió en un pavoroso bloque de hielo de más de 60 m de altura. Rápidamente, el oficial hizo virar el buque ligeramente hacia babor, con lo que si bien evitó una colisión frontal, hizo que alguna de las partes más afiladas del témpano rasgase el casco del Titanic, abriendo una brecha de cerca de 100 m de longitud. Casi inmediatamente el paquebote detenía su marcha.

Fue justamente entonces cuando Lady Cosmo Duff Gordon, una pasajera que, como otros muchos, ya se había retirado a su camarote a esas horas, sintió "como si alguien hubiera pasado un dedo gigantesco por el costado del barco".

Acto seguido el Titanic comenzó a inclinarse ligeramente a babor, y raudales de agua comenzaron a penetrar en él. Pronto fue informado del accidente el ingeniero constructor del buque, Thomas Andrews, que viajaba en él y que fue una de las víctimas del naufragio -el coloso podía mantenerse a flote con 4 compartimentos estancos anegados, pero no con 5-, quien vio de inmediato que la nave estaba perdida sin remisión.

La mayor parte de los pasajeros no advirtieron nada alarmante e incluso el propio capitán Smith tardó 20 preciosos minutos en darse cuenta de la situación; sabía que se iba a desatar el pánico colectivo, por lo cual ordenó obrar con cautela. Mandó avisar al pasaje, pero procurando restar importancia al incidente, y sólo a las 12.05, cuando ya el agua alcanzaba la pista de "squash", ordenó disponer los botes salvavidas y que se emitiera la llamada de auxilio habitual en aquella época, "C.Q.D.", junto con la recién adoptada y aún en vigor, "S.O.S.", siendo tal vez la primera vez que se utilizó. La situación del buque en aquel momento era de 41º 46' norte, y de 50º 14' oeste. Se calculó, muy a la ligera, que dada la gravedad de las averías y la enorme brecha, el Titanic estaba condenado a desaparecer en menos de tres horas. Algunos barcos captaron las angustiosas llamadas de socorro y trataron de acudir a toda máquina; pero, por una ironía del destino, el radiotelegrafista del Californian se había ido a dormir, por lo que esta nave, a tan sólo 19 millas de distancia, y que hubiera podido llegar a tiempo para ayudar eficazmente al salvamento del pasaje y de la tripulación, no advirtió nada, si bien es cierto que el segundo oficial del mismo, que se hallaba en cubierta observó una desusada iluminación e incluso cohetes de señales, pero no concedió al hecho mucha importancia, atribuyéndolo a que en algún gran trasatlántico estaban celebrando una fiesta a bordo.
Cuando, ya tardíamente, el pasaje tuvo conciencia de la catástrofe, sonó el clásico: "¡Sálvese quien pueda!" ¡Las mujeres y los niños primero!"... Desafortunadamente, el Titanic, considerado insumergible, llevaba 2.207 personas a bordo y sólo disponía de 1.178 plazas en los botes. Cundió el pánico y se sucedieron actos de bajeza inenarrables, alternados con sacrificios y abnegaciones difícilmente igualables en semejantes circunstancias...
La noche se saldó con 1.503 muertos, el 68% de los embarcados.

La falta de plazas en los botes, la confusión y el miedo, así como el desorden con que se realizaron las operaciones de abandono del buque agravaron el naufragio y fueron responsables de no pocas víctimas. Mientras tanto, el Titanic -se había dado la orden de tener encendidas a toda costa las calderas 2 y 3, para mantener en funcionamiento la energía eléctrica-, con todas sus luces encendidas y lanzando cohetes de señales, seguía hundiéndose más rápidamente de lo calculado. Mientras, la orquesta de a bordo interpretaba diversas melodías, en un vano intento de crear una atmósfera festiva y disminuir el miedo, y así permaneció hasta el último instante.

Según la mayor parte de los supervivientes, la última pieza interpretada fue Más cerca de ti, Dios mío, aunque -al parecer- opiniones más autorizadas afirman que se trataba del viejo himno Otoño.

El viaje inaugural del Titanic había traído a la flor y nata de la sociedad británica y estadounidense. Entre sus más acaudaladas víctimas destacaban: John Joseph Astor IV, reputado como el hombre más rico del mundo; Benjamin Guddenheim, conocido como el "rey del cobre"; el "rey de los ferrocarriles", Charle Hayes; Isidor Strauss, propietario de los mayores almacenes neoyorquinos; y el millonario español Victor Peñasco.

Un detallado examen de las listas de supervivientes revela que, contra lo que suele creerse, el factor determinante para sobrevivir no fue ni la edad ni el sexo, sino la condición social. Se salvó el 98% de las pasajeras de primera clase, contra un 54,7% de las de tercera. Entre los hombres de primera se registró un 66% de supervivientes, contra sólo un 29,4% de los niños de tercera.
Si se observan las cifras totales de las víctimas, se puede comprobar que perecieron 120 pasajeros de primera clase (el 8%); 162 de segunda (el 11%); 535 de tercera (el 35,5%), y 686 miembros de la tripulación (el 45,5%).

Era la noche del 14 de abril de 1.912. Sobre la cubierta del trasatlántico Titanic, el marinero de guardia Frederick Fleet oteaba en la noche fría y serena. El trasatlántico, el "insumergible", la más grande y hermosa nave del mundo, avanzaba majestuosa en la quinta noche de su viaje inaugural hacia Nueva York. Se encontraba a 700 km. al sur de Terranova y a 1.900 de Nueva York.
A las 23.40 Fleet vio de pronto frente a sí una enorme masa blanca en medio de la oscuridad.
Prontamente se interrumpió el ruido de las maquinarias y el barco se preparó para retroceder. Fleet observaba con espanto acercarse cada vez más la inmensa montaña de hielo, mucho más alta que el castillo de proa. El marino se hallaba espantado, esperando el encontronazo. Pero luego, ya en el último momento, la proa comenzó a doblar a la izquierda, mientras la montaña de hielo se escurría por el flanco derecho de la nave.

El peligro parecía haberse conjurado. Más el témpano, con un espolonazo bajo las aguas, había abierto una enorme hendidura en el casco del buque. En el recinto de la caldera número 6, el fogonero Fred Barret estaba hablando con el segundo oficial de la máquina cuando se encendió la luz roja de alarma. Se sucedió enseguida un estruendo ensordecedor, mientras toda la pared de acero de la embarcación se abrió, dejando pasar un torbellino de espuma blanca...

La última visión que tuvieron los supervivientes del Titanic fue la elevación de la popa y el último parpadeo de las luces, antes del hundimiento definitivo... Eran las 2.20 del lunes 15 de abril.

Hasta las 12.45 no fue arriado el primer bote salvavidas de estribor, el número 7, con capacidad para 65 personas, pero que partió sólo con 28.

Los siguientes, de características similares, tampoco regresaron para recoger a más náufragos, algunos de los cuales -como apuntábamos- hubieran podido ser salvados. A la 1.10 se arrió el último bote de babor, con sólo 39 ocupantes. Algunos consiguieron asirse a tablas u otros improvisados flotadores, con la esperanza de ser recogidos por los botes o algún barco, pero el frío no tardó en acabar con ellos.

Así murió el Titanic, el insumergible. A las 2.20 del día 15 de abril, el imponente buque, luego de haberse empinado, comenzó a deslizarse bajo el agua. Hasta que al fin, en una nube de espuma, las aguas cubrieron el asta de la bandera de popa. Con la nave desaparecieron 1.503 personas.

Biografía de Pedro Infante


(Mazatlán, Sinaloa, 1917 - Mérida, Yucatán, 1957) Actor cinematográfico y cantante mexicano. A edad muy temprana se trasladó con su familia a Guamúchil, donde adquirió algunas nociones de música y fue en sus primeros años aprendiz de carpintero. Fue también miembro de un conjunto musical que actuaba en la localidad de Guasave.
En 1939, una emisora de radio local, la XEB, permitió a Pedro Infante iniciar modestamente su carrera como cantante hasta que, en 1943, consiguió grabar su primer disco, Mañana, cuyo relativo éxito fue el primero de su brillante carrera y supuso que su nombre comenzara a ser conocido por el gran público.
Intérprete especializado en el género de las "rancheras", Pedro Infante llegó a grabar más de trescientas canciones que siguen gozando de gran popularidad en toda Latinoamérica, donde su muerte, en un accidente de aviación acaecido en las proximidades de Mérida, Yucatán, en 1957, provocó un dolor y una estupefacción semejantes a los que rodearon la desaparición de los míticos Rodolfo Valentino y Carlos Gardel.
Pedro Infante inició su carrera de actor en un papel perfectamente irrelevante, aunque vinculado, como es lógico, a la actividad musical que comenzaba ya a hacerle famoso: fue contratado para reforzar, en la película La feria de las flores (1943), la voz del protagonista Antonio Badú en la melodía que dio título a la producción. La naturalidad, verismo y simpatía que impregnaban su trabajo de actor le supusieron un éxito inmediato, razón por la que comenzaron a lloverle las ofertas. Infante se convirtió así, muy pronto, en el galán y cantante favorito del cine nacional.
Su interpretación de papeles en los que encarnaba personajes de charro -hombre del campo, muy diestro en el manejo del caballo que viste un traje especial compuesto de pantalones ajustados y chaquetilla, acompañado del característico sombrero ancho, de copa puntiaguda-, varoniles y mujeriegos, así como su ejemplar personificación de las gentes humildes, siempre sencillas pero llenas de valor, a la vez que sentimentales y nobles, le valieron la aceptación del gran público, que lo convirtió en el símbolo por antonomasia de la mexicanidad.

La comedia Jesusita en Chihuahua, producida en 1942, constituyó una nueva revelación del talento interpretativo de Pedro Infante que, con naturalidad y verismo, personificaba a Valentín Terrazas, valiente sinvergüenza que se juega la vida por la mujer a la que desea y que termina por enloquecerlo de amor.
En La razón de la culpa, también de 1942, representó por única vez en su carrera el papel de "gachupín" (mote despectivo que los criollos mexicanos aplicaban desde el siglo XVII al español que emigraba y se establecía en México, y que, por su condición de metropolitano, gozaba de mercedes y cargos de los que la Corona excluía a los criollos; el sobrenombre continuó usándose después de la Independencia para referirse a los emigrados económicos españoles en la otra orilla del Atlántico), con resultados que dejaban bastante que desear. De 1943 es la filmación Arriba las mujeres, comedia ligera perfectamente obviable.
En el mismo año 1943, ya como protagonista y en una verdadera maratón cinematográfica, intervino en otras cuatro películas: Cuando habla el corazónLa AmetralladoraMexicanos al grito de guerra, titulada también Historia del Himno Nacional (drama patriótico que hubo de vencer ciertas dificultades para ser exhibido) y Viva mi desgracia, comedia ranchera que gira en torno a un brebaje denominado "Animosa", capaz de transformar al tímido Infante en un bravucón desvergonzado, y que parece un reconocimiento del papel catártico que se atribuye al alcohol en buena parte de las producciones de cierto cine mexicano.
Pedro Infante en Ustedes los ricos (1948)
Una de sus creaciones más representativas es su actuación en Escándalo de estrellas (1944), comedia caricaturesca, caótica y dislocada, en la que se realizan sangrientas parodias del mundo de Hollywood cuyas estrellas, entre otras la célebre actriz Verónica Lake, sirven de blanco para las burlas de los guionistas, tal vez en una suerte de inconsciente venganza por el tratamiento que La Meca del cine reservó, tantas y tantas veces, a los actores mexicanos. Como dato curioso cabe destacar que el celebrado "gag" de la lectura de un texto muy largo, a cargo del propio Infante, fue copiado dieciséis años más tarde por el genial cómico Jerry Lewis en Cinderello (Érase una vez un ceniciento), de Frank Tashlin.
La biografía de Pedro Infante puede resumirse a partir de entonces en una serie ininterrumpida de películas ya como protagonista absoluto, que fueron creadas para el único lucimiento personal de Pedro Infante y puestas al servicio de sus dotes musicales. Vale la pena mencionar, aunque sea tan sólo a título indicativo, Cuando lloran los valientes (1945), cuyo título parece un resumen de su personaje arquetípico; Soy charro de Rancho Grande y Nosotros los pobres, ambas estrenadas en 1947, y en las que Infante renueva su interpretación del emblemático personaje mexicano; Los tres huastecos y Ustedes los ricos, ambas de 1948; El gavilán pollero (1950).
En 1951, siguiendo con su infernal ritmo de trabajo, interpretó A toda máquinaAhí viene Martín Corona y El enamorado, a las que siguieron, en 1952, Dos tipos de cuidado y Pepe el Toro; dos películas más: Escuela de vagabundos y El mil amores, en 1954; El inocente, en 1955, y Tizoc y Escuela de rateros, en 1956. Aquel mismo año, 1956, obtuvo el Premio Ariel a la mejor actuación masculina por el drama (uno de los pocos que interpretó en su fugaz pero intensa carrera) La vida no vale nada. Tras su muerte, fue distinguida su participación en Tizoc con el Oso de Plata del Festival de Berlín (1957) y el Globo de Oro de Hollywood (1958).



Biografía de Abraham Lincoln


(Hodgenville, EE UU, 1809 - Washington, 1865) Político estadounidense. Abraham Lincoln nació en el seno de una familia de colonos cuáqueros. Durante su infancia y su juventud, marcadas por la pobreza de su familia, recorrió el Missisippi y vivió de cerca las condiciones infrahumanas que padecían los esclavos negros.
Abraham Lincoln tenía veintitrés años cuando dejó la granja donde trabajaba para combatir como soldado raso en la guerra contra los indios. Mientras tanto, emprendió su formación autodidacta y hacia 1836 logró licenciarse en derecho. Dos años antes, su actitud contraria a la esclavitud lo había conducido a intervenir en política, lo que le valió su elección como diputado de Illinois para el período 1834-1842. Merced a su defensa de mejores condiciones de vida para los negros y a su gran elocuencia, logró una gran popularidad en todo el estado.

En 1846 Lincoln alcanzó la jefatura del partido Whig, y como diputado del Congreso federal apoyó a los abolicionistas de Washington. Sin embargo, su decidida oposición a la guerra contra México, a cuya finalización obtuvo los territorios de Alta California, Nuevo México, el norte de Sonora, Coahuila y Tamaulipas y la anexión definitiva de Texas, le hizo perder muchos votos, y fracasó en las elecciones senatoriales de 1849.
Decepcionado, Lincoln se retiró de la política y durante seis años trabajó como procurador. Su regreso a la vida pública se produjo en 1854, cuando la cuestión de la esclavitud volvió al plano político a raíz de que la Kansas-Nebraska Act propugnara extenderla a los estados del noroeste. Si bien él inicialmente no apoyaba la abolición de la esclavitud en los estados en los que ya existía, sobre todo en los del sur, se oponía a que se instaurase en aquellos otros en los que no estaba autorizada. Particularmente célebre por la vehemencia de su verbo y la solidez de sus argumentaciones fue su discurso antiesclavista Peoria, en 1854.
Comprometido con la causa contra la esclavitud, Lincoln se afilió al Partido Republicano dos años más tarde. Derrotado de nuevo en las elecciones al Senado de 1858, la intensidad de la campaña antiesclavista y los duelos dialécticos que mantuvo con el candidato demócrata Stephen A. Douglas, elegido en la ocasión, le devolvieron la popularidad perdida. La moderación de sus posiciones fue decisiva para que en 1860 la convención republicana de Chicago lo eligiera candidato a la presidencia en detrimento de William H. Seward, representante de los abolicionistas más radicales.
Al año siguiente, favorecido por las divisiones internas de los demócratas, ganó las elecciones a la presidencia de la Unión, lo que desencadenó la reacción de los estados sudistas. Antes de que asumiera oficialmente la presidencia, éstos, encabezados por Carolina del Sur, se declararon independientes.
Aunque el estallido de la guerra civil parecía inevitable, Lincoln intentó detenerla y restaurar la unidad formando un gobierno de coalición con los sudistas. Iniciada la guerra de Secesión pese a todo, el presidente promulgó en 1862 la Homestead Act, para la colonización del Oeste, y propuso una abolición progresiva de la esclavitud, con el íntimo propósito de promover un acercamiento a la Confederación sudista que acelerara el fin de la contienda.
Tras comprobar una vez más la intransigencia del otro bando, el 1 de enero de 1863 decretó la emancipación de los esclavos en todo el territorio de la Unión. Al año siguiente, cuando las fuerzas del Norte ya dominaban casi por completo la situación y el fin del enfrentamiento bélico se veía próximo, Lincoln fue reelegido para un nuevo mandato con un programa de reconstrucción nacional que no pudo realizar: a los cinco días de finalizar la guerra de Secesión, Abraham Lincoln fue asesinado mientras asistía a una función teatral en Washington por un actor sudista llamado John Wilkes Booth.