miércoles, 11 de abril de 2012

Alpiste y germen de Trigo para el Colesterol y triglicéridos

El colesterol es una grasa que el cuerpo necesita para funcionar apropiadamente. Los niveles de colesterol que son demasiado altos pueden aumentar la probabilidad de padecer cardiopatías, accidentes cerebro vasculares, entre otros.

La Diabetes y una glándula tiroides hipoactiva pueden llevar a niveles decolesterol altos. Otras enfermedades que pueden elevar los niveles de colesterol abarcan el síndrome ovárico poliquístico y la enfermedad renal.

Por su parte, los triglicéridos son un tipo de grasa y el cuerpo produce algunos de ellos, provienen del alimento que una persona come. Se puede hacer un examen de sangre, llamado nivel de triglicéridos, para medir la cantidad de éstos en la sangre
Cuando se come, el cuerpo usa las calorías para obtener energía inmediata. Las calorías sobrantes se convierten en triglicéridos y se almacenan en las adipositos para su uso posterior. Si una persona come más calorías de las que su cuerpo necesita, su nivel del triglicéridos puede ser alto.


Tanto el Alpiste como el germen de Trigo tienen buenas propiedades para combatir el colesterol y los triglicéridos elevados.

La acción del Alpiste para reducir el colesterol y triglicéridos se centra en su contenido de enzimas exclusivas de sus semillas, los ácidos grasos de gran calidad y su contenido de fibras, se pueden consumir a través de la clásica leche de Alpiste.

Por su parte, el germen de Trigo contiene fitoesteroles que son buenos para evitar la absorción del colesterol y también posee tocotrienoles, unos derivados de la vitamina E que ayudan a que las grasas no se oxiden.

Como se ah visto, las acciones son diferentes, pero se puede tomar elAlpiste por su lado e incorporar por otro en comidas o batidos el germen de Trigo. De hecho, su alto contenido de vitamina E aporta nutrientes para el cuidado de la salud.

Fuente:  http://blogdefarmacia.com 
 

Cuidando el corazón


El corazón es un músculo increíble. Comienza a latir después de las seis semanas de gestación en el vientre materno y continúa firmemente hasta el día en que morimos. En el camino, puede ser asaltado por enfermedades sin que nosotros lo sepamos.

Las enfermedades cardíacas fluyen lentamente, muchas veces sin ser detectadas hasta encontrarnos en un momento crítico. Se ha avanzado en el control de las enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión arterial y altos niveles de colesterol. Pero la epidemia de la obesidad y la diabetes adquirida aún son problemas de considerable importancia.





El hecho está en que la mayoría de las personas pueden controlar los factores de los hábitos de vida que previenen las enfermedades cardíacas, puesto que solo un 30% de la forma en que envejecemos depende de nuestra genética y un 70% está en control directo de cada persona (eso es en la ausencia de enfermedades específicas que no se relacionan con los hábitos de vida).

Las siguientes recomendaciones son verdaderas salvavidas:

1. Evitar el humo del cigarrillo, ya sea como fumador activo o pasivo.

2. Ejercitarse regularmente. Se fortalece al corazón y como un bono, se fortalece la mente.

3. Lo que comemos importa, y mucho. Una dieta rica en frutas, vegetales y granos enteros nos ayuda a mantenernos saludables.

4. Disminuir la presión arterial. Mientras más tenga que trabajar el corazón, peor será para la longevidad del mismo.

5. Mantener un control sobre los niveles de colesterol en sangre.

6. Ser dulce por fuera, no por dentro. Niveles elevados de azúcar en sangre daña los vasos sanguíneos y los tejidos, además de aumentar el riesgo de desarrollar diabetes.
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Qué es el Hirsutismo


El Hirsutismo es el crecimiento excesivo de vello en mujeres, en zonas en las que no suelen tener puesto que son andrógeno-dependientes: labio superior, patillas, barbilla, cuello, areolas mamarias, tórax, en área inmediatamente superior o inferior al ombligo, así como en ingles, muslos, espalda. Frecuentemente se asocia a acné, a caída de cabello y a irregularidades menstruales.
El Hirsutismo no es una enfermedad como tal, es una expresión o manifestación clínica presente en varias enfermedades por la producción excesiva de hormonas masculinas (andrógenos) por parte de las glándulas suprarrenales y también de los ovarios, o ser una manifestación familiar, racial o constitucional. 
Su causa varía según las características raciales y geográficas, familiar, menopausia, hiperfunción de las glándulas suprarrenales, por el uso de ciertos medicamentos, como la testosterona o Minoxidil, entre otros.

A veces existen cambios en el tono de la voz, aumento excesivo de masa muscular, disminución del tamaño mamario, aumento de tamaño del clítoris y alteraciones menstruales.

El diagnóstico se genera haciendo una historia clínica que permita conocer, la fecha de inicio del crecimiento del pelo, o del acné o de la caída del cabello, así como la evolución posterior; fecha de la primera menstruación y periodicidad de las siguientes. Realizando una detenida exploración física para cuantificar la intensidad, longitud y grosor del vello y del cabello.
Los medicamentos más eficaces son los que combinan estrógenos y un antiandrógeno, durante un periodo de un año, se eligen dependiendo de la causa del Hirsutismo.
Además, las pacientes pueden someterse a los cuidados cosméticos que deseen, por razones estéticas, como depilación láser, aunque evidentemente estos procedimientos no solucionan ni total ni parcialmente la causa productora el Hirsutismo.
En los seis primeros meses de tratamiento no suele percibirse ningún efecto beneficioso aparente; a partir del sexto mes, el vello se hace más fino y corto, y la necesidad de depilación se va espaciando.

Mejora tu Entorno de Maytte Sepúlveda


Es posible que alguna vez hayas considerado la posibilidad de trabajar para cambiar el mundo y que tus esfuerzos se hayan visto frustrados al descubrir que es una tarea de titanes... porque depende de la transformación y de la participación de muchas personas a tu alrededor. Mucha gente se pregunta: ¿Cuál será mi misión en esta vida? Esperando, tal vez, que la respuesta sea: salvar al mundo.
Cada uno de nosotros, ciertamente, tiene asignada una gran misión: vivir a plenitud y compartir el resultado positivo de ese proceso con los demás. Podemos afectar de manera positiva nuestro entorno inmediato, comenzando por el rescate de valores esenciales, que puestos en práctica nos ayuden a mejorar nuestro espacio familiar. En la medida en que logremos alcanzar con éxito nuestras metas, estaremos influenciando con nuestro ejemplo, entusiasmo y actividad la vida de los demás. Es así como podemos contribuir con la transformación de nuestro mundo.
El comienzo de una nueva etapa, llena de luz, amor y paz, marca la pauta para una época de cambio y crecimiento interior.
Estas aquí, ahora, pudiendo ser partícipe activo de dicha transformación. Tal vez el efecto de nuestro trabajo no se vea inmediatamente, pero dejaremos una estela positiva que cobijará a los nuestros y a todos aquellos que están por venir a este mundo para formar parte de una nueva y más equilibrada humanidad.
Es el momento de recordar verdades sencillas, pues sólo con la puesta en práctica de algunas de ellas podremos participar en la restauración de la paz, la armonía y la prosperidad en nuestro entorno.
Muchas situaciones pueden cambiar, para dar paso a situaciones nuevas. Podemos buscar y alcanzar de nuevo el balance y la armonía que nos permitan recuperar nuestra calidad de vida. Recuperemos el aprecio y el valor por nosotros mismos y por los demás, de manera que tenga sentido realizar el esfuerzo de vivir la diferencia. Sólo entregando lo mejor de nosotros mismos podremos poco a poco mejorar nuestro espacio vital. Recuerda que depende de cada uno de nosotros y de la decisión que tomemos en un momento dado de avocarnos al cumplimiento de nuestra misión.

¿Cómo podemos lograrlo..?
No te sobrecargues. Evita asumir más compromisos y obligaciones de los que en realidad puedes manejar con responsabilidad y eficiencia. Se trata de disfrutar cada cosa que haces y dejar espacio para que puedas compartir con tus seres queridos sin estrés y agotamiento.

Acércate a los tuyos. Es importante que recuperes y mantengas la comunicación con tus seres queridos. Evita criticarlos y juzgarlos en todo momento. Escucha lo que tengan que decir con atención y amor. Compartir con ellos sus inquietudes e intereses los hará sentirse queridos por ti.

Sana el sentimiento. Practica el perdón y la comprensión para sanar todas las heridas de tu corazón. No permitas que el recuerdo difícil o doloroso de algo vivido en el pasado se convierta en resentimiento estimulando tus más bajos sentimientos. Ábrete al amor para que fluya lo mejor de ti.

Fija tu atención siempre en lo positivo. Evita fijar tu atención y aferrarte a todo lo negativo que ocurre en tu vida. Cuando lo hacemos nos llenamos de emociones y pensamientos negativos, que transforman nuestra visión de la vida y nuestra manera de ser. Vamos, te invito a buscar y a reconocer todos los aspectos de tu vida cada día, para que puedas apoyarte en ellos y mantener la fortaleza y el optimismo.

Entrega lo mejor de ti. Comienza a repartir a manos llenas lo mejor de ti, hazlo con responsabilidad, amor y excelencia. Ama lo que haces para que el resultado de tu trabajo siempre sea positivo. Esta es la forma de sembrar prosperidad y abundancia en nuestro mundo. ¡Enciende tu luz y deja recuperar la esperanza!

Aplica lo aprendido. No olvides lo que has vivido, leído y escuchado todo este tiempo acerca de cómo puedes mejorar tu vida; este es el momento de poner en práctica parte de todo ese conocimiento. Recuerda que son tus acciones y no tus ideas las que pueden transformar y mejorar tu mundo. Pregúntate cada día: ¿Qué puedo hacer hoy para mejorar mi vida o la vida de los demás? Y no pierdas el impulso de hacerlo...

Fortalece tu espíritu. Recuerda la importancia de recargar tus baterías espirituales para que cuentes con la fortaleza, la confianza y la fe para perseverar en tu empeño, hasta que logres alcanzar tus metas. Cuando te sientas triste, desanimado o desesperado, cierra los ojos por un instante y reconoce la presencia de Dios en tu interior. Permanece ahí por un momento, orando o simplemente hablando con él; así podrás recuperarte más fácilmente.