jueves, 5 de enero de 2012

Historia del perfume


Casi con toda seguridad que el perfume nació en estrecha relación con la religión, empleado como purificante del alma y también como ofrenda a los dioses. El incienso, que se lleva utilizando desde hace 5.000 años, se empleaba en las ceremonias religiosas y, al igual que hoy en día, se despedía a los muertos con flores. En la mayoría de los casos era el sacerdote el encargado de mezclar los aromas en las proporciones adecuadas. Prueba de su uso en rituales lo tenemos en los relieves egipcios y en la artesanía griega y romana. Desde la India se importaban hacia Egipto, Grecia y Roma grandes cantidades de sustancias aromáticas que eran muy valoradas, como las especias y el sándalo.

Las fragancias pasaron de Oriente a Egipto, donde, los que disponían de agua vertían una pequeña cantidad en los baños, y al salir de ellos se untaban el cuerpo con más de veinte aceites diferentes, creyendo así, estar más cerca de los dioses.

De Egipto pasaron a Grecia. Los gimnasios griegos contaban con una parte para el aseo personal, y allí se podían encontrar infinidad de productos fragantes de diferentes formas y colores: talcos que aplicaban en su piel, aceites, resinas mezcladas. Incluso fueron los primeros en comercializar estas sustancias en los mercados, naturalmente, entre un público muy seleccionado. Pero fueron los romanos los que, ocupados por un aseo personal diario, lanzaron el consumo de los perfumes a todos los escalones de la sociedad.

 La perfumería también se encuentra desde la antigüedad asociada a la ciencia médica. En Grecia, Hipócrates, padre de la medicina, utilizaba pequeños concentrados de perfume para combatir ciertas enfermedades. La capacidad curativa de las plantas o aromaterapia tiene su origen en este país, aunque posteriormente, en la Edad Media, los perfumes se siguieran utilizando para luchar contra las epidemias y como desinfectantes hasta bien tarde, como por ejemplo en la peste que azotó Londres a mediados del s. XVII.

 Paradójicamente con la llegada del Cristianismo y sus mensajes de humildad y pudor, el uso del perfume por parte de las mujeres (mayores consumidoras de perfume a lo largo de la historia) cayó en desuso. Esto, junto con la caída del Imperio Romano, marcaron un periodo de declive del desarrollo general (principalmente cultural) en occidente.

Fue de nuevo la civilización árabe la que comenzó a experimentar con perfumes tras la aparición de una nueva ciencia, la alquimia. La alquimia aplicada a esta materia pretendía arrebatar las propiedades a las plantas, extrayendo así su quintaesencia. De esta forma, la planta seleccionada era destilada infinidad de veces hasta que sus cualidades pasaban a otro estado.

Con la llegada de los árabes a España la perfumería se extendió al resto de Europa. Los países mediterráneos contaban con el clima adecuado para el cultivo de flores y plantas aromáticas, principalmente el jazmín, la lavanda y el limón, por lo que las costas de España, Francia e Italia se vieron de repente rodeadas de plantaciones cuyos frutos eran aprovechados por los árabes, haciendo del perfume la principal herramienta de su comercio.

Por oriente, el perfume es introducido en Japón a través de China, que ya contaba en el s. VI con grandes artesanos de la jardinería natural que destinaban parte de sus cosechas al prensado de pétalos para la fabricación de perfumes. En este país se le concede al perfume un gran poder, y el sentido del olfato, siempre desplazado frente a los otros cuatro, es colocado en la posición que le corresponde. Una de las artes obligatorias que recoge el Kamasutra es, precisamente, perfumarse, para así formar una sólida alianza entre olor y amor, favorecedora del encuentro erótico entre sexos.

Aunque en la Edad Media la utilización del perfume quedara relegada gracias a la iglesia, si se siguió usando entre las clases sociales más favorecidas. Como la higiene personal dejaba mucho que desear, las mujeres se perfumaban con fuertes y persistentes aromas, como el ámbar, que alejaban, aparentemente, el mal olor. En los castillos se aromatizaban algunas estancias, naciendo así el primer ambientador de la historia.

Una alternativa energizante, con Chocolate


El consumo de leche con chocolate bajo en grasas después de una jornada extenuante de ejercicio, ofrece una recuperación de los músculos igual o posiblemente superior a la que brindan las bebidas energéticas altas en carbohidratos, con el mismo contenido calórico, según los especialistas.
Cabe señalar que es un alimento valioso, casi completo, su única deficiencia está en la falta de vitamina C y el hierro, cuenta con proteínas (3.5%) en forma de caseína, bien equilibrada en aminoácidos indispensables, contiene, además, hidratos de carbono, 5% en forma de lactosa y grasas, a la vez es rica en calcio y fósforo, lo cual es muy beneficioso para nuestros huesos, contiene potasio, sodio, cloro, azufre, vitaminas del grupo B, vitamina A y vitamina D.La leche puede ser tan efectiva como algunas bebidas deportivas para ayudar a los atletas a recuperarse y rehidratarse. La leche con chocolate tiene la ventaja de tener nutrientes adicionales que no se encuentran en la mayoría de las bebidas deportivas tradicionales.


La proteína láctea ayuda a construir músculos sin grasa y pueden reducir el daño del mismo inducido por el ejercicio, también provee líquidos para la rehidratación y minerales como calcio, potasio y magnesio, que necesitan tanto los que se ejercitan para recrearse como los atletas profesionales después de una extenuante actividad.
Sudar no sólo significa perder líquidos, sino también la pérdida de importantes minerales como el calcio, el potasio y el magnesio. Por eso la mejor rutina de recuperación debería reemplazar fluidos y nutrientes perdidos por la sudoración y ayudar a recuperar los músculos. En este caso, tomar leche con chocolate bajo en grasas luego del ejercicio es una buena bebida para realizar una actividad física de manera adecuada y saludable.


Mal bicho por Merlina Meiler

Son mujeres y hombres que no toleran que su prójimo sea feliz.

Algunos buscan el punto débil de su interlocutor y, al hallarlo, allí se estacionan y dan vueltas hasta que provocan dolor (como si clavaran un aguijón) e intentan convencernos, con buenos modos, que resultan “totalmente necesarios” para que nos sintamos mejor. Tratan de separarnos de quienes queremos o nos hacen bien y de generar una relación de dependencia con nosotros.

Otros, codician lo ajeno. Conocen a alguien y no les interesa si esa persona está en compañía (esto parece atraerlos aún más): intentan seducirla, compiten, buscan, utilizan los artilugios que consideran necesarios para separarlos de sus parejas y de sus familias, ya que entablan guerras imaginarias en las que deben obtener el trofeo que se han propuesto, sin importar los medios ni lo que queda destruido en el camino.

Quizá se trate de gente que siempre necesita ser el centro de todo y no toleran que otros tengan protagonismo ni siquiera un instante. A mí no me interesa si su problema es este, que su autoestima está por el piso, que han tenido una infancia desdichada o lo que les haya sucedido: nada justifica semejante accionar en contra de los demás y a favor de nadie.

En todos los casos, son manipuladores profesionales que se “alimentan” no solo de la energía y de las buenas intenciones ajenas, sino también de la ingenuidad y bondad de los demás: a muchos les cuesta darse cuenta de que detrás de una fachada amigable y cordial se encuentra alguien agazapado, buscando el mejor momento de herir para destruir y gozar.

Tal vez te parezca extraño que me refiera a este asunto, ya que siempre trato de escribir sobre temas positivos, de destacar lo bueno, de dar ideas superadoras. Pero también hay que tener presente que esta clase de sujetos existe y que, si nuestra intuición (no celos o inseguridades) nos dice que debemos tener cuidado con alguien, hay que confiar en esta lucecita que se prende dentro de nosotros. Observa la realidad y te darás cuenta si hay algún ser de estas características a quien conviene tener lo más lejos posible o neutralizar con seguridad y confianza en quienes somos, para que no se interponga entre nosotros y nuestras concreciones.

Fuente: http://www.mejoraemocional.com

Añoranza,... de José Ramón Marcos Sánchez

Sé que me vas a añorar cuando la distancia te permita comprenderme,….cuando el dolor añadido se aleje lo suficiente,…cuando el reproche le de paso a los recuerdos,…volverán las aguas mansas al centro de tu cariño,….me veras nuevamente velando tus despertares,….para ahuyentar los ayeres que un día te dañaron,….me dañaron,…hasta creer que ya no quedaban ni los posos de un amor tan honesto como inconstante,….el exceso de atención se torno en la carencia de atenciones,….por dar tanto tan deprisa luego todo ya era poco,….luego todo ya era nada,….sé que me vas a añorar aunque te duela quererme,…aunque no tengas respuestas al porque se paró el mundo,…al porque se partió el cielo,…mañana aún será pronto y pronto no será nunca,….pero marchar es vencer cuando al menos todavía el respeto nos respeta,…somos almas gemelas a las que les sobra el resto,….aquello que nos unió,….aquello que nos separa,…..tu lugar es mi lugar,…tu dolor es mi castigo,….perderte la consecuencia que me lleva a estar perdido,…sé que te voy a añorar aunque me muera quererte,…
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.