viernes, 3 de agosto de 2012

Un juego para enseñar a identificar las emociones


Cuando dos hermanos o amigos discuten, no se ponen de acuerdo y se faltan al respeto, necesitan ver reflejado de alguna manera, el daño que han podido causar en la otra persona con su comportamiento. Los niños tienen que entender, que si insultan a un amigo, el problema no es que está mal insultar sino que esas palabras dañan los sentimientos de su amigo y lo mismo si se pegan, el problema no es que no se deben pegar, sino que no hay nada que justifique la violencia y que no se pueda resolver de otras maneras.

Cuando nos encontramos con dos niños que no consiguen entenderse, es nuestro momento de oro para enseñarles habilidades comunicativas y recursos para resolver sus diferencias de forma adecuada. Una vez que conseguimos calmar el ambiente y atraer la atención de los niños, usaremos la caja de emociones que consiste en que cada uno introduzca en su caja, una imagen de lo que la otra persona le ha hecho sentir. Los que son más mayores pueden introducir frases escritas pero de 3-6 años las imágenes que os adjunto son ideales porque también las pueden pintar.

Recurso educativo: mi caja de emociones

Una vez que cada uno ha introducido en su caja de emociones la cara que mejor describe lo que la otra persona le ha hecho sentir, se intercambiarán las cajas y así podrán descubrir lo que ellos han causado con su comportamiento en la otra persona. A través de esta actividad, tienen la oportunidad de reconciliarse y reflexionar sobre lo ocurrido para hacerse cargo del daño que han producido:
  • ¿Que puedo hacer la próxima vez que sienta que voy a explotar?
  • Quizás me tengo que disculpar…
  • Cada uno tiene que ceder en algo, ¿en que debo ceder yo?
  • Quizás podemos cambiar de juego y así no discutimos tanto….
  • Etc.
Un ejemplo para usar la caja de emociones

Dos niños de 4 años se enfadan porque los dos quieren darle al balón, uno de ellos decide que como es suyo se lo lleva y ya no quiere jugar más. El otro no está de acuerdo y sigue jugando hasta que el dueño del balón se enfada tanto que le da una patada.

En estos momentos, el adulto interviene consolando al niño lastimado y cuando consigue calmarlo, entendiendo que el niño que ha agredido no es un niño malo sino un niño que ha hecho una mala gestión de sus emociones, lo aparta del grupo y le habla con firmeza y contundencia: Miguel, la reacción que has tenido no ha estado bien, has lastimado a tu amigo. Antes de golpearle, solo tenías una cosa que hacer, controlar tu enfado pero al haber dejado suelta tu rabia, tienes dos cosas pendientes: arreglar los destrozos de tu rabia y disculparte por ella.

Más tarde, cuando hayamos calmado el ambiente y los dos niños estén receptivos, sacamos el juego de la caja de emociones y les damos a elegir una cara que refleje como se han sentido con el comportamiento de su amigo. Cuando cada uno descubra su emoción, podremos hablar de como vivir nuestro próximo entrenamiento.

Leticia Garcés Larrea, Pedagoga y coordinadora de las Escuelas de Padres y Madres por Navarra.