martes, 20 de diciembre de 2011

Cuándo sangra la última pena... de Francisca Nicolle León Riveros

Un grito de hombre rasguñando la escalera de la vida.
Los segundos moribundos, en la boca...
desarmada la vida
fisurados los huesos...
Las defensas escondidas tan dentro de la tierra
tan sangradas y olvidadas...
no queda nada.

Soy la que lo perdió todo
y adentro, muy adentro
aún están los gritos
mientras que en las párades
llora el silencio...

Niebla en los ojos
telarañas en el alma.

Mis pies se congelan, retrocen, se aprisionan...
El recuerdo de sus zapatos, me come la boca...

Loca, muy loca.

Espejos vacíos, ya murió el reflejo.
Y se suavizan los colores de los besos
en el atardecer de luna
que nos separa...
Nunca existió un mañana...

La lluvia golpea el cuerpo lastimado
y la noche inmensa, llora a sus pies...
cuando no queda nada.
Cuando el otoño llora
y el invierno avanza...
Besos, vapor y olvido.

El tacto se pierde
y se adormece el sol
en mi arena... 
Cuándo sangra la última pena...




El amor desnudó las vergüenzas calladas,.. de José Ramón Marcos Sánchez


El amor desnudó las vergüenzas calladas,… y su alma entregó la pasión de su cuerpo,… y fue ella de nuevo entre besos y miedos,… liberando despacio las caricias guardadas,… las caricias soñadas,… recordó sensaciones que olvidaron los años,… que acalló la costumbre,… se sintió deseada en la piel de un abrazo,… y vibró nuevamente al sentir sus jadeos ,… y danzó entre susurros desprovistos de tiempo,… el amor desnudo las vergüenzas calladas,… y el deseo vivió porque sólo dormía,…. y latió nuevamente la carne entregada,… y nacieron secretos que mataron complejos,… que temblaron cobardes lo inseguro del antes,… que gozaron valientes la verdad del durante,… que lloraron seguros liberados después,… que sus ojos gritaban con la luz del recuerdo,... y en su voz maculada brillaban auroras,... y temblaba su aroma disfrazado de ayer,.. se miró y comprendió que su eterna belleza,.. se ausento porque ella se dejo de querer,…  que al volver a quererse desperto la belleza,...y fue bella otra vez,… y volvió a ser soñada,... y volvió a ser mujer,..
Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.

Correo y MSN: joseramonmarcos@live.com Twitter: @joseramonmarcos
Skype y Página oficial de Facebook: jose ramon marcos sanchez
Canal Youtube: turko1969

Pequeños detalles,.. de José Ramón Marcos Sánchez

Todavía me emocionan los detalles mas pequeños,….esos que viven escondidos en pedacitos insignificantes de momentos desapercibidos,…..que me hacen vivir dos veces lo efímero de un instante,…..para llenar mi recuerdo de recuerdos impregnados de lo fugaz de la belleza,…..de la belleza de lo fugaz,….a veces robo una mirada furtiva que parece inmersa en la ilusión de los sueños,….otras me quedo con lo ausente de una sonrisa perdida que parece que recuerde otra sonrisa encontrada,….me alimento con el gesto espontáneo que brota en la esperanza de los deseos,….y me siento agradecido por encontrar lo suficiente,….lo necesario que hace que valore lo que poseo,…..que me enseña a poseer lo que realmente tiene valor,….la esencia de la pureza que vive en el aire de la vida,.….en cada rayo de mañana que da luz a la mañana,….sigo siendo el habitante que habita entre tus silencios,….que necesita vivirte para encontrar sentimientos,….y seguirme emocionando con los detalles pequeños,… 
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo. 
José Ramón Marcos Sánchez. 

Aprendiendo de nuestros errores de Maytte Sepúlveda


¿Alguna vez te ha sucedido que deseas que la Tierra se abra y te trague por el error que acabas de cometer? Eso fue lo que sintió una amiga cuando se encontró con un viejo amigo y una mujer muy joven que estaba con él... y le preguntó ¿Esta es tu hija? ¡Cómo ha pasado el tiempo!, para sólo unos minutos después, saber que era su nueva esposa. ¿Cuántas veces, cometemos errores sin intención, como: equivocar una dirección para luego llegar tarde, olvidar una fecha importante para nuestra pareja o tomar una decisión equivocada que luego nos trae difíciles consecuencias. En estos momentos pensamos... ¡metí la pata! La mayoría de las veces, evitamos asumir la responsabilidad de ellos y casi siempre buscamos un culpable con quien justificarnos. Todos cometemos errores graves de vez en cuando pero, a pesar de la vergüenza que sentimos, no debemos huir de la responsabilidad, ni ponernos agresivos, nuestro único camino es tratar de reparar el daño de la forma más digna posible. Muchas personas creen que reconocer un error puede ser señal de debilidad y que además puede representar la pérdida del respeto por parte de nuestros seres queridos... ¡No es así! Definitivamente el admitir que nos equivocamos, nos merece el respeto y la estima de ellos, especialmente si nos ven hacer el esfuerzo para no repetirlo.
Asumir nuestros errores nos da la posibilidad de corregirlos y al mismo tiempo nos permite crecer y madurar internamente. Además todas las equivocaciones son una oportunidad para aprender algo nuevo acerca de nosotros mismos y de los demás... Tenemos dos posibilidades de aprender y crecer, y aprender acerca de la vida, lo hacemos por error y acierto, a través de las consecuencias que más tarde tenemos que sufrir o asumir, o lo hacemos por conciencia. Podemos convertirlos en una experiencia positiva:
No huyas. Enfrenta el problema. No actúes como si nada hubiera pasado, tampoco murmulles una disculpa en voz baja y sin mirar a los ojos de la persona para luego salir corriendo de ahí. La mayoría de las veces se necesita algo más que un simple lo siento para arreglar las cosas, es necesario conversar sobre el incidente con las personas afectadas, para minimizar el problema. Recuerda que las situaciones no se arreglan por sí solas y que cuando no asumimos la responsabilidad de afrontarlas, con el tiempo empeoran.
Asume tu responsabilidad. Si eres sincero y humildemente explicas en forma razonable el porqué de tu actuación equivocada, la persona afectada se sentirá más tranquila y satisfecha al escucharlo. Debemos siempre enfrentar las situaciones embarazosas con madurez y nunca reaccionar emocionalmente.
Quedarnos callados esperando que el tiempo pase y la persona olvide la ofensa, hará que se genere el resentimiento.
Repara la ofensa. Que tu arrepentimiento no se quede sólo en palabras bonitas. Además de pedir disculpas, es importante que hagamos algo concreto para mostrar nuestro compromiso de corregir el error o la ofensa cometida. ¿De qué manera puedo corregirlo? ¿Qué puedo hacer para que te sientas bien? Son frases que hacen sentir mejor a las personas afectadas. A veces una nota o unas flores nos ayudan a sanar las heridas.
Supera la culpa. La mayoría de las veces nos sentimos culpables por haber cometido un error. Después de pedir disculpa a las personas involucradas, debemos perdonarnos a nosotros mismos por habernos equivocado de esa manera. La culpa puede ser un sentimiento que nos convierta en personas amargadas, tristes y agresivas. Perdónate y piensa ¿Qué aprendiste de ello? y luego, asume el compromiso serio de no volver a hacerlo.
Evita pensar en lo que pudiste hacer. Lo primero que viene a nuestra mente después de cometer un error es: todo lo que hubiera podido hacer para evitarlo. A veces te quedas ahí, dándole vueltas a todas las posibilidades y sintiéndote más culpable o haciendo sentir más culpable al otro, como si de esa manera se pudiera borrar todo lo sucedido. Ya no importa, ya ocurrió...
Simplemente acéptalo y pregunta ¿Qué puedo hacer para solucionarlo de la manera más eficiente? ¡Y hazlo!
Cada vez que ofendemos a otros, tenemos la oportunidad que nos da la vida de reflexionar y aprender algo que nos permita convertirnos en mejores personas. Lo importante no es, no cometer errores, sino, ¡aprender de ellos para no repetirlos! Juntos podemos ser una fuerza positiva que rescate la paz y la armonía para el mundo.
¡Suelta el pasado, vive el presente, la vida es maravillosa y todo va a estar bien!

Buenos días amigos, les mando un abrazo de oso!