jueves, 15 de diciembre de 2011

Cuatro Formas de Tolerancia…

La mayor fuerza de la humanidad no consiste en armas de fuego, puños, ni en un poderío militar, sino en la capacidad de tolerancia. Todo tipo de fuerza debe inclinarse delante de quien tolera.

Hay cuatro principios para la tolerancia:

1. No responder a las blasfemias
Cuando somos insultados, provocados o acusados injustamente debemos responder con el silencio. Si respondemos de la misma forma cuando somos víctimas de la blasfemia, nos igualamos con aquellos que nos insultan, rebajando nuestro nivel. Si nos mantenemos en silencio usándolo como arma contra las blasfemias, evocando la conciencia de quien las pronunció, esta fuerza es, naturalmente, mayor.

2. Mantenerse calmo frente a los infortunios
Cuando nos encontramos con personas que nos quieren incomodar derrumbar u oprimir, debemos enfrentarlas con calma, evitando cualquier confrontación. No responder con un puñetazo cuando se recibe uno, ni responder con un puntapié cuando se recibe otro, pues de esta confrontación nadie sale vencedor. Si la intención es buscar venganza de un odio momentáneo, no alcanzará el éxito de grandes hazañas.

3. Compasión frente a la envidia y el odio
Frente a la envidia y el odio de otros no debemos responder igualmente con odio y envidia, sino con corazón abierto y alma compasiva, ofrecer nuestra amistad y mostrarles nuestra intención pacífica.

4. Gratitud frente a las difamaciones
Si alguien lo insulta y difama, no se enoje con quien lo provocó, sino acuérdese de los beneficios que esa persona le proporcionó en el pasado y sea agradecido por eso. Principalmente, no se olvide de que en el fango más inmundo crece la impecable flor de loto. Cuanto más oscuro es el lugar, mayor es la necesidad de mantener encendida la luz del alma. Por lo tanto, ante las difamaciones, aquellos que nos difaman deben ser influenciados con ética, compasión y misericordia.

El verdadero vencedor tiene la fuerza de la tolerancia y el coraje de asumirla frente a los insultos, opresiones.

Desconozco a su autor

La razón,... de José Ramón Marcos Sánchez

La razón es solo una parte de la certeza en la que queremos vivir de manera perpetua,….su cobijo nos estima como poderosos,…..nos convierte en estultos en posesión del absolutismo de la verdad,….la propia razón nos acerca a su lado oscuro,….una vez poseída se convierte en un monstruo intransigente,….que no razona,….que se hincha de ego hasta reventar de vanidad,….y nos atrapa la sinrazón de la razón,….que se pierde en reproches,…en odios,…en maniqueos que solo descansan en los extremos,….y acunan tópicos como “perdono pero no olvido”,…..el que no olvida no puede perdonar solo adormece el rencor,…..hibernado,….latente como una amenaza que clama venganza en silencio,…que encizaña las raíces de los sentimientos para mancharlos de ira,…y convierte al perdonado en olvidado,….en proscrito,….condenado al ostracismo por cometer el error de equivocarse,….de solicitar al humano humanidad,….no quiero ser paradigma de la necedad,…elijo lo tolerante de la empatía,….no quiero tener razón,….prefiero no tener culpa de hacerte sentir culpable,…...si algún día me perdonas,…..por favor recuérdame,…. 
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo. 
José Ramón Marcos Sánchez. 

Quisiera


Quisiera cerrar los ojos y caer en un profundo sueño para que al despertar se haya borrado ya de mi, todo recuerdo que me lleve hacia ti, tenerte simplemente como un pedazo de mi vida que pasó sin dejar huellas, como una persona más de esas que durante el transcurso de tu vida te vas topando sin que hagan mella en tu destino, que dejara de escuchar tu voz en susurros del viento cada mañana diciéndome buenos días.

Quisiera haber seguido siendo una idealista, pero me dediqué a regalarte toda mi energía y pensamientos, porque creí que me construías a cada paso que daba, cuando en realidad me iba desplomando en cada beso furtivo que me robabas, consumiéndome, extirpándome hasta la última gota de sentimiento que yacía en mi, y fui tan feliz que me deje matar de a poco, y mientras tu allá a distancia sonríes, yo no paro de llorar.

Quisiera tener la fortaleza que tu tienes, para que no me importara usar corazones rotos, para cumplir únicamente mis caprichos, para saciar mis necesidades aunque en ello seque la vida de quien se me entrega sin reserva alguna, he intentado seguir sin reconocer que eres todo en mi vida y he tenido que aceptar sufrir por pagar el precio de haber pisado el cielo y haber conocido a Dios cuando me hacías el amor.

Quisiera recordarte sin que mi pecho se oprimiera y doliera tanto, poder decir tu nombre sin que me temblara la voz, que llegara por fin la resignación, que el tiempo pase rápidamente y así un día ponerme en pie siendo tu presencia en mi tan solo un sueño irreal que no vuelve a recordarse, sin que mi piel se queme por tus caricias, sin que mis labios estén partidos por la falta de tus besos.

Quisiera simplemente amarte menos, comprender que tú no eres para mi, aprender a vivir sin ti, como hacía antes de conocerte, incompleta pero tranquila, pero no así, con esta ansiedad de todos los días, con los insomnios acumulados bajo mis ojos, quisiera no haberte conocido para no haber conocido jamás el sufrimiento que estoy padeciendo, quisiera realmente decir esto de verdad, pero miento, porque amarte ha sido lo más perfecto…

Autora: BR

Sin Internet ni TV, ¿durante 6 meses? por Merlina Meiler


Hace poco tiempo leí en Yahoo! una nota escrita por Beth Harpaz sobre una madre que “desconectó” a su familia de la electrónica durante 6 meses para que se “conectara” con el mundo real. Me parece interesante compartir el artículo y los hallazgos.
Susan Maushart vivió el sueño de todo padre moderno: Desconectó a sus hijos adolescentes.
Durante seis meses, Maushart quitó internet, la televisión, los iPods, los celulares y los juegos de vídeo. El fantasmagórico brillo de las pantallas dejó de iluminar la sala de estar. Los aparatos electrónicos ya no sonaban por la noche, como “grillos maléficos”. Y ella dejó de llevar su iPhone al baño.
El resultado de lo que Maushart llama “El Experimento” fue una inmersión en la vida real.
Como Maushart explica en un libro publicado en Estados Unidos y llamado “The Winter of Our Disconnect” (El invierno de nuestra desconexión), ella y sus hijos redescubrieron placeres simples, como juegos de tablero, libros, viejas fotos, cenas familiares y escuchar música juntos, en lugar de cada uno conectado a su propio iPod.
Su hijo Bill, un adicto a los juegos de vídeo, llenó su tiempo libre tocando saxofón. “Cambió Grand Theft Auto por las obras de Charlie Parker”, escribió Maushart. Bill dice que El Experimento fue meramente la chispa, y que él habría vuelto a la música tarde o temprano. Sea lo que haya sido, él se dedicó tan seriamente al saxofón que cuando se acabó la veda electrónica, vendió su consola de juegos y ahora estudia música en la universidad.
La hija mayor de Maushart, Anni, estaba menos “conectada” y leía más que sus hermanos, así que su transición fue la más fácil. Sus amigos pensaron que la prohibición era “cool“. Cuando necesitaba computadoras para hacer las tareas escolares, iba a la biblioteca. Incluso ahora, pasa tiempo sin conectarse a Facebook.
La hija menor de Maushart, Sussy, fue la que tuvo mayores dificultades. Maushart había decidido permitir el uso de internet, TV y otros aparatos electrónicos fuera de la casa, y Sussy inmediatamente adoptó esa opción, tomando su laptop y mudándose con su padre —el ex esposo de Maushart— por seis semanas. Cuando regresó a la casa de su madre, se pasaba horas hablando por el teléfono de línea fija.
Pero la privación electrónica tuvo su impacto de todas formas: Las calificaciones de Sussy mejoraron considerablemente. Maushart escribió que sus hijos “se despertaron lentamente del estado de cognitus interruptus que había caracterizado muchas de sus horas de vigilia, y se volvieron mejores pensadores”.
Maushart decidió desconectar a la familia porque los muchachos —de 14, 15 y 18 años cuando comenzó El Experimento— no sólo usaban los medios, “vivían en ellos”.
“No se acordaban de la época antes del correo electrónico, o los mensajes instantáneos, o Google”, escribió.
Al igual que muchos adolescentes, no podían hacer sus tareas escolares sin escuchar música, actualizar sus páginas en Facebook e intercambiar mensajes instantáneos”. Las niñas se habían vuelto “meros accesorios de su propio perfil en las redes sociales, como si la vida real fuese un ensayo con vestuario para la próxima actualización”.
Maushart admite haber sido tan adicta como sus hijos. Neoyorquina de nacimiento, vivió en Perth, Australia, cerca de su ex esposo, y curaba su nostalgia con podcasts desde Estados Unidos. Su mayor reto durante El Experimento fue “abandonar la falsa ilusión de avestruz de que enterrar la cabeza en información y entretenimiento de mi país era tan bueno como estar allí”.
Maushart comenzó El Experimento con una medida drástica: Cortó completamente la electricidad durante unas pocas semanas, usó velas en lugar de bombillas, tomó duchas frías y comió alimentos guardados en hieleras. Cuando se acabó el apagón, Maushart esperaba que la reacción de aprecio por la electricidad suavizara la transición de sus hijos a la vida sin Google ni celulares.
Como resultado de El Experimento, Maushart hizo un cambio importante en su propia vida. En diciembre, se mudó de regreso a Long Island, Nueva York, con Sussy. Por supuesto, la mudada perpetuó la necesidad de Maushart de vivir en dos lugares a la vez: Mantuvo su trabajo como columnista de un diario australiano y está “viviendo en Skype”, porque sus otros dos hijos se quedaron en Australia estudiando la universidad. Irónicamente, internet alivio la transición a Estados Unidos para Sussy, que usó Facebook para establecer amistad con niños en su nueva escuela antes de llegar.
Maushart entiende que vivir totalmente desconectado por seis meses no es algo realista para la mayoría de la gente.
Pero alienta a las familias a desconectarse periódicamente. “Una forma de hacerlo es establecer un día a la semana sin pantallas. No como castigo, sino como algo especial”, dice. “No hay un niño en el planeta que no preferiría jugar un juego de tablero que sentarse frente a su computadora”.
¿Cuánto tiempo crees que soportarías el experimento de estar sin Internet ni TV?

CONSEJOS PARA MEJORAR TU RELACIÓN DE PAREJA

Este artículo de autoayuda está dirigido a mujeres que desearían hacer una terapia de pareja, pero sus parejas no quieren oir hablar de un psicólogo.

Las personas son lo que son, no lo que a nosotros nos gustaría que fueran. Acéptalo de una vez. A lo mejor él no querrá asistir a ninguna terapia, ni leer ese libro que a ti te pareció tan interesante y que crees os podría ayudar en vuestra relación de pareja, quizás no va a reconocer que tiene un problema, y mucho menos intentar un cambio. Probablemente no es que no quiera, todo el mundo quiere ser feliz y sentirse amado. Quizás no sepa hacerlo mejor, no crea que puede hacerse mejor o no esté preparado para tomar decisiones o intentar un cambio.

¿Prefieres tener razón a ser feliz? Ya sabemos que una pareja es cosa de dos. Qué él podría tomar también la iniciativa y tratarte mejor. Todo eso es cierto, también lo es que sólo puedes cambiar aquellas cosas que dependen de ti.

Si estás dispuesta a no quedarte de brazos cruzados, esperando a que la vida, el tiempo, la suerte o los demás te resuelvan la vida, haz algo ya.

RECUERDA:

1. Si tú no estás bien, nada lo estará.

La dedicación y falta de tiempo por el trabajo, el niño, la casa, las discusiones, etc. es objetivo. Tu actitud hacia esa circunstancia y todo lo que piensas y sientes es subjetivo, y ahí puedes intervenir desde ahora mismo.

Tienes que estar bien contigo misma, serenarte, despojarte de los sentimientos de culpa, ser capaz de recuperar tu independencia emocional y perder el miedo a estar sola contigo misma. Tienes que desear estar con él, pero no necesitar estar con él. Tienes que perder el miedo a perderlo.

2. Demuéstrale que estás de su lado, SIEMPRE…

Tenéis que pasar progresivamente del miedo a la confianza. No “voy a hacer esto o aquello para que no se enfade”, sino porque “verle feliz me compensa y me hace feliz a mí también”.

Tenéis que recuperar la confianza en el otro, la confianza de que me quiere aun sin ser perfecta/o, elige cada día estar conmigo libre y voluntariamente, puedo mantener su amor a pesar de que no estemos de acuerdo en todo.

La bronca termina siendo un mecanismo de defensa mediante el cual consigo controlar al otro, ya que por las buenas parece no dar resultado. La bronca lleva al miedo, y el miedo a medio-largo plazo al deterioro de la relación, ya que nos sentimos tensos, humillados, manipulados, etc.

Para recuperar la confianza necesitamos sentir que se pone en mi lugar, que está de mi parte, que no es mi enemigo/a sino la persona que me quiere, que tiene en cuenta mis necesidades y deseos tanto como los suyos propios.

Volvemos a la idea primera. TIENES QUE ESTAR A BIEN CONTIGO para no necesitar demostrar nada, ni justificarte por nada. Si no, lo que sucede es que nuestro comportamiento se centra en intentar que el otro se ponga en nuestro lugar y que nos dé la razón.

Que nos den la razón cuando nosotros no nos ponemos en el lugar de las otras personas es difícil, porque el otro siente lo mismo que tú, quiere que le comprendan y le den la razón, alguno tiene que empezar, ¿por qué no reconocer que los dos tenemos razón?

PARA GENERAR CONFIANZA:

• Pilla haciendo algo agradable a tu pareja (Ej.: Te ayuda recogiendo la mesa, se ocupa del niño, llega de buen humor, etc.) y reconóceselo con un beso, una sonrisa o una palabra amable. Que se dé cuenta de que te gusta, no te quedes pensando “qué mosca le abra picado”, “algo querrá”,… y pongas mala cara o te quedes indiferente. A todas las personas nos gusta gustar, si se da cuenta de que así lo consigue tienes más posibilidades de que repita esas conductas agradables.

Importante: NUNCA se te ocurra aprovechar que hace algo bueno para echarle la charla o intentar solucionar conflictos de otro tipo, Ej.: “si fueses así siempre que bien nos iría”, “ves como cuando quieres puedes resultar adorable”, etc.

• Cuando tengas que dar tu opinión, primero le escuchas atentamente y luego le dices:
“ENTIENDO QUE…” (Demuestras que has comprendido su idea, muestras empatía y, si es posible los puntos de acuerdo con su postura)
“TAMBIÉN ES CIERTO QUE…” (Procura no usar un PERO… porque parece que lo anterior no vale. Das tu opinión o argumentas con hechos otro punto de vista distinto al escuchado. Si vas a dar tu opinión subjetiva, utiliza mensajes “YO”, habla por ti, y no te metas en descalificaciones hacia los demás)
“POR LO TANTO SUGIERO… O ¿QUÉ PODRÍAMOS HACER?…” (Propones un cambio que satisfaga a ambas partes)

Importante: Recuerda que son 3 pasos y por ese orden, y que SIEMPRE tienes que empezar por demostrarle que te pones en su lugar y que respetas su punto de vista con un entiendo que… antes de dar tu opinión o de pedir algo. Trata de abrir el diálogo y la negociación en lugar de cerrarla con ataques personales, exigencias, malos modos, gestos de impaciencia, etc.

Ejemplos:

- (Ej.: Te propone un plan que no te apetece demasiado)

Entiendo que quieras quedar con tu hermano para no perder el contacto. Yo comparto tu misma opinión sobre su mujer, así que qué te parece si vemos la forma de no dedicarle todo el día a esa visita.

EVITA DECIR COSAS COMO: Sabes que no soporto a fulanita, y tu hermano me parece un… por consentirla… Creía que a ti tampoco te gustaba…, la verdad es que no te entiendo (es decir terminas metiéndote o con la persona que es de su agrado o con él mismo, o pones obstáculos para permitir ese encuentro.

Entiendo perfectamente que te apetezca pasar unos días con… También es cierto que hemos tenido una semana muy complicada y apenas hemos podido pasar un rato a gusto los 3 juntos (refiriéndote al niño). Para mí es importante que reservemos algo de tiempo para estar nosotros solos juntos en familia, seguro que si pensamos con calma en una solución para hacer ambas cosas la encontraremos (abrir el abanico de alternativas, no se trata de ahora o nunca, de todo o nada, podemos reservarnos un fin de semana distinto o un puente, una mañana o una tarde, negociar.)

EVITA DECIR COSAS COMO: “Y nosotros cuándo, a ver si te enteras de una vez que tu familia somos nosotros. Eres un cobarde, no sabes nunca decir que no a los demás y siempre nos sacrificas a nosotros”.

- (Ej.: No colabora en las tarea domésticas porque dice estar cansado)

Entiendo que tienes poco tiempo para ti con tanto trabajo, (también es cierto) a mí me pasa lo mismo (mensaje yo), entre la casa y el niño estoy un poco agobiada. ¿Qué te parece si recogemos esto rápidamente entre los dos y nos tumbamos un poquito en el sillón a ver la película? Dicen que es muy buena. (sugerencia)

EVITA DECIR COSAS COMO: “A ver si te crees que yo no estoy cansada, si te agobia la casa y llevas 5 minutos, imagínate yo que paso toda la tarde aquí con el crío, qué egoísta eres”.

- (Ej.: Se queja de cenar varias veces lo mismo)

Entiendo que te aburras de comer una cosa, a mí también me pasa, quizás podrías darme alguna idea para variar el menú. Con el tiempo que tengo tiene que ser algo fácil de hacer.

EVITA: Picarte. No escuches lo que no se te ha dicho, no te precipites sacando conclusiones o haciendo interpretaciones negativas de las palabras del otro. Céntrate en el tema y no personalices cualquier comentario que se te haga. No estés a la defensiva, no tienes que defenderte de nada y si así fuera que sean más explícitos contigo.

• Sé cariñosa y demuéstrale tu afecto habitualmente, incluso cuando no estéis de buenas. Utiliza muchos te quiero y el contacto físico (besos, abrazos, sonrisas). Que tu gesto sea agradable, destierra el “morro choto”, los gestos desairados, las voces.

Tú misma mejorarás con el cambio. Williams James (un prestigioso psicólogo) decía: ¿estamos tristes porque lloramos o lloramos porque estamos tristes? El cambio físico influye en nuestro cambio mental y a la inversa.

RECUERDA: No le regañes. Utiliza una forma positiva de expresión, habla de lo que deseas y no de lo que quieres evitar.

Ejemplo, se puede decir:

- Ya era hora que llegaras a casa, o

- Cuanto me alegra que ya hayas llegado a casa, tenía ganas de verte.

(Si quería decir lo primero, ¿por qué digo lo segundo? Estoy deseando verle y consigo nada más llegar montarla para que nos enfademos y nos demos la espalda en la cama)

Si estás enfadada por algo que ha hecho recuérdale que tu enfado no pone en peligro tu amor hacia él. A veces es bueno antes de hacer una crítica comenzar por un halago, y si puedes terminar con otro mejor (Ej.: Te quiero mucho y si algo no deseo es que discutamos más por problemas domésticos. Siento no estar de acuerdo con lo que me propones, mi opinión es que… / Otro Ejemplo: Me pareces un buen padre. Creo que en este caso, no estás teniendo suficiente paciencia para…)

Deja de estar enfadada todo el rato, eso se consigue:

- No creyéndote mejor que los demás (cada vez que le culpas tan duramente por algo es porque se te olvida que también tú tienes defectos),

- Evitando los “campos de minas” (aquellos asuntos con los que eres especialmente susceptible),

- No provocando la ira de los demás (pinchando y señalando sus defectos, a veces gratuitamente),

- No sobrecargándote de trabajo o de responsabilidad más de lo estrictamente necesario. El estrés produce irritabilidad (seguro que puedes reducir la carga que te auto impones, ¿qué más da si hoy no paso el aspirador y me tumbo un rato a descansar?, mímate más)

• No seas tan perfeccionista, y deja de criticarle. Es sólo un ser humano tan imperfecto como tú.No estés corrigiéndole continuamente por cosas nimias. (Ej.: Te has dejado la leche fuera de la nevera, te ha quedado la camisa un poco arrugada, vaya pelos que te has dejado hoy, anda que me has dado un beso al llegar, etc.)

• Deja de competir. Los dos estáis en el mismo equipo. ¿Por qué tienes que demostrarle que eres más lista, más intuitiva, más rápida, que sufres más, que cocinas mejor, qué pones más de tu parte, etc.? ¿Tan insegura te sientes que tienes que ir demostrando lo que vales montando y ganando batallas? No conseguirás así su aprecio y valoración, lo que conseguirás es que se resienta, se sienta atacado, humillado y contraataque.

EVITA FRASES DEL TIPO: “Todavía vas por ahí, a mí me ha dado tiempo a…”, “Que poco ojo tienes para las personas, ya te dije yo que…”, “¿Ya estás cansado? … llevo yo desde está mañana…”.

Si es él el que compite, deja que sea para él una necesidad, no entres al trapo. En el fondo lo que está pidiendo a gritos es amor y reconocimiento, dejará de hacerlo en cuanto mejore su autoestima y/o no se sienta amenazado. No te inmutes, puedes reconocerle su virtud sin menospreciarte tú. La clave está en no comparar ni compararse con los demás. Frases como: “cada uno tiene sus virtudes” o “reconozco tus virtudes, por eso te quiero” puede ser suficiente, si la cosa se pone fea, puedes añadir.. “¿Puedes hablar de ti sin hablar de mí por favor?”

• Dale un voto de confianza. Si hay algo que no entiendas, simplemente PREGUNTA POR QUÉ SIN PONERTE A LA DEFENSIVA, evitarás muchas discusiones y meteduras de pata por ser malpensada. Las personas solemos tener un motivo más o menos razonable para hacer lo que hacemos. Escucha lo que tiene que decir.

Ejemplo:

- Llega tarde a casa… ¿ha sucedido algo?/ en lugar de “bonitas horas de llegar a casa”

- Llega de mal humor… ¿has tenido un mal día?/ En lugar de “eres insoportable”.

- Se pone a la defensiva… ¿he dicho algo que te haya molestado?/ En lugar de “a ti no hay quien te hable, cómo te pones por nada”.

- Grita al niño… ¿qué ha pasado?/ En lugar de “para un rato que le ves le estás gritando”.

3. Si está el ambiente muy tenso por su parte o por la tuya… aplaza la conversación para otro momento. Las cosas no son ahora o nunca.

Ej.: “Ahora estamos muy alterados y nos podríamos decir cosas de las que luego nos arrepintiéramos, por favor dejemos esta conversación para más tarde, ¿qué tal mañana después de acostar al niño? Seguro que mañana, más tranquilos, vemos todo este asunto de otra manera. No tenemos que llegar a un acuerdo de forma inmediata, tenemos tiempo”

A veces, si la alterada eres tú, puede bastar con que controles tu impulsividad, ¿cómo? Desaparece por un rato de la escena, vete al servicio, a otra habitación, a la calle con cualquier excusa, deja que tu adrenalina vuelva a los niveles normales y elige qué quieres hacer, cómo quieres actuar.

Respira profundamente y destensa tus músculos, piensa en amor, en abundancia, en que todo tiene una salida, en el fin positivo de las cosas (de todo se aprende, hay cosas que llevan su tiempo, etc.). Se trata de encontrarte a ti misma y conectar con tus deseos, y no de reaccionar a lo loco y a la defensiva, alejándote del fin último y bueno de tus deseos (ser felices, amarnos, ayudarnos, entendernos, resolver dificultades, permanecer unidos, etc.)

4. Perdónate. No te culpes si no logras estar encantadora todo el tiempo.

La gente perfecta es repelente. Si fueras una santa estarías en los altares y no en el salón de tu casa. Perdónate, sé tan buena contigo misma como tú eres con quienes más quieres. Sé tu mejor amiga y date consuelo cuando te sientas triste o avergonzada por algo que hayas hecho o dicho. Piensa cómo podrías haberlo hecho mejor y qué has aprendido de esta situación. Paga una sola vez por tus errores. No te engañes, martirizarte por ello no te hace mejor persona, no soluciona el problema ni es un consuelo para la persona que hemos afectado. Es sencillamente un sufrimiento inútil.

Existe un truco para cuando metemos la pata, rebobinar. Siempre puedes decir: “¡qué mal ha sonado eso que he dicho! Rebobino, como si no te hubiese dicho nada ¿vale?” Y empiezas de nuevo. También puedes decir, “creo que no voy bien, empiezo de nuevo”, e imaginariamente pasar la cinta hacia atrás. Vuelves a colgarte el bolso, el abrigo, sales por la puerta y entras de nuevo como si fuese la primera vez que lo haces (si eso fue lo que ocurrió inmediatamente antes de meter la pata.

El sentido del humor es muy importante para quitarle hierro al asunto, y liberar tensiones.

Discúlpate pero no te pases pidiendo perdón o convencerás al otro de que lo que has hecho es terrible. Un “no siempre conseguimos estar a la altura de las circunstancias, he metido la pata lo siento”, o “aunque mi intención era buena, no lo he sabido hacer, lo lamento”, es suficiente.

EVITA DECIR COSAS COMO: soy un desastre, no hago más que amargarte la vida, nunca aprenderé, no se como me aguantas, etc., ni te beneficia a ti ni es un consuelo para los demás.

Si metes la pata, y no sabes como sacarla, siempre puedes hacer algo para no empeorar más las cosa, dejar de meterla. Agacha las orejas y déjalo correr, no trates de justificarte más. Un “quizás me he precipitado” (reconociendo el error) y no volver a sacar el tema puede ser suficiente. Ya se olvidará, pero desde luego será más difícil si no dejas el tema en paz.

5. Apóyate en lo que sí va bien.

A veces mostramos un sesgo perceptivo importante al valorar lo que nos sucede. Es como si nos pudiéramos unas gafas con cristales de un color y a partir de ahí toda nuestra realidad se tornara de ese mismo color.

No es cierto que todo vaya de mal en peor. Piensa en aquello que sí funciona y recuérdaselo para que él también lo vea y se sienta menos frustrado y más animado para resolver las diferencias.

Ej.: Puede ser un mal amo de casa, pero jugar mucho con el niño. Puede ser un poco muermo pero muy trabajador, podéis discutir mucho pero también quereros con locura, podéis tener poco dinero pero reíros mucho juntos.

6. No bloques las negociaciones más de lo que están.

En lugar de tratar el tema de forma dicotómica (blanco o negro) trata de encontrar soluciones “grises” abriendo el abanico de alternativas sobre las cuales negociar. Ej.: No es “sí” o “no” compramos un equipo de música. Podemos negociar precio, momento de comprarlo, formas alternativas de escuchar música (a través del ordenador, portátil,…), etc.

A veces, cuando no estamos de acuerdo en algo, nos atrincheramos en nuestras posiciones y creemos que llegar a acuerdos es cada vez más difícil por no decir imposible.

Para poder avanzar en cualquier intento de acuerdo o negociación, llegados a un punto de no avance, debemos apoyarnos en lo que sí estamos de acuerdo para sentir que no estamos tan alejados y que podemos seguir avanzando. Hazle ver que estáis de acuerdo en lo básico.

Ej.: Tú quieres una cosa para el niño y él otra, relativa a cuidados, educación, etc. Decir: “Los dos estamos de acuerdo en una cosa, buscamos lo mejor para el niño, ¿verdad?”.

Ej.: Él quiere pasar el fin de semana de una manera y tú de otra. Decir: “Al menos estamos de acuerdo en que no nos apetece quedarnos en casa, bueno ya es algo”.

Encontrar por fin un “SÍ” después de tanto “NO”, hace que sea más fácil seguir dialogando, y encontrar otro “SÍ” más adelante.

Tomamos inercia con nuestras respuestas, consigue muchos “SIES” seguidos hablando de aquello en lo que sí estáis de acuerdo.

7. Trata de no obsesionarte por lo de siempre.

¿Qué es lo de siempre? Su madre, su trabajo, las tareas domésticas. A cada uno le da por una cosa. Cuidado con las obsesiones, sólo conseguirás sacar las cosas de quicio y hacer el problema más gordo.

Quien busca, encuentra. Saca ese asunto de tu vida. No lo nombres, no lo menciones, no hables de ello. Sólo dejará de ser un problema cuando dejes de darle protagonismo en tu relación de pareja.

Si es una cuestión de tomar decisiones, tómalas y actúa en consecuencia, pero deja de “marear la perdiz”.

¿Por qué sacamos una y otra vez cosas como lo mal que me sentó lo que hiciste el día tal…? (Lo que me dolió un comentario, un gesto, una acción), ¿hasta cuando lo vas a estar recordando y culpabilizando o haciéndole sentir mal por aquello? Ya va siendo hora de que olvides. Recuerda: Nosotros damos permiso a las personas para que nos puedan hacer daño, reviviendo malos recuerdos me golpeo una y otra vez, sacando punta a lo de siempre, me golpeo una y otra vez. ¡Basta ya!

8. No dediques toda tu energía en preocuparte por tu relación de pareja.

No le dediques toda tu energía ni todo tu tiempo a darle vueltas al asunto. Recuerda el primer consejo. Si tú no estás bien, nada lo estará.

Pensamos con más claridad cuando tomamos distancia de nuestros problemas. Tomamos distancia cuando diversificamos nuestra atención, nos olvidamos por un rato del asunto y podemos volver a ello viéndolo desde otro punto de vista, con otro ánimo, con otras experiencias.

Cuídate mucho, date caprichos (los hay muy baratos: oír música, darte un baño, comprarte un libro, quedar con una amiga, etc.)

Refuerza tu autoestima, haz cosas (dentro de tus posibilidades) que te permitan sentirte mejor contigo misma y que no tengan nada que ver con él. Puede ser tan sencillo como hacer una nueva receta de cocina, ir a la peluquería, apuntarte a un curso, conversar amigablemente con alguien desconocido, cuidar tu dieta, hacer ejercicio, etc. Se trata de aprender alguna habilidad nueva, ponernos pequeñas metas o simplemente disfrutar de cosas sencillas.

No seas catastrofista pensando todo lo que va mal y lo que podría ir aún peor. Se positiva, disfruta de lo que la vida te ofrece, de lo que sí va bien, de lo que aún puede ir mejor. Cambiará tu estado de ánimo, la importancia que le das a las cosas, tu actitud ante las dificultades.

Primera y última regla: QUIÉRETE.
Primer y último objetivo: SÉ FELIZ.
Primera y última obligación: CUÍDATE.
Primer y último derecho: RESPÉTATE.

Hasta la religión, que (siendo o no creyente) ha calado en nuestra cultura y nuestra educación y que tanto nos habla de pecados, tiene entre sus premisas “amarás al prójimo como a ti mismo”. Comienza por ti para saber cual es la medida en la que puedes amarle a él.

Por: Mª del Carmen Camacho Gil
Psicóloga

Buenos días amigos, les mando un abrazo de oso!







"En este lugar perdemos demasiado tiempo mirando hacia atrás, Camina hacia el futuro, abriendo nuevas puertas y probando cosas nuevas, se curioso... porque nuestra curiosidad siempre nos conduce por nuevos caminos." 
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