lunes, 5 de diciembre de 2011

Tu síntoma físico, la clave por Merlina Meiler

Cuando nos enteramos que estamos enfermos, por lo general, la primera reacción es el enojo o la pregunta consabida: ¿Por qué a mí? ¿Qué hice mal?

En la mayoría de las ocasiones, antes del momento del diagnóstico, hubo síntomas que no quisimos ver (además de chequeos clínicos que obviamos) y que, al no prestarles atención, fueron intensificándose hasta llegar al punto en el que debemos someternos a un tratamiento médico.

Los síntomas, cuando se presentan (y las enfermedades, cuando se manifiestan) están indicándonos que hay cierto asunto en el que debemos enfocarnos y solucionar. Un dolor de espalda, una tos persistente o una gastritis, por ejemplo, están dejándonos ver que hay un desequilibrio físico causado, en gran medida, por desarreglos emocionales/energéticos.

Entonces, además de seguir al pie de la letra las indicaciones del médico, podemos ayudar muchísimo si nos centramos en descubrir el mensaje que nuestro cuerpo nos está enviando.

Generalmente, tenemos una idea de qué es lo que tratamos de lograr/evitar, malgastando mucha energía, o qué genera el malestar, por ejemplo: exceso de trabajo, intentar sostener situaciones insostenibles, tolerar más de la cuenta – en muchas ocasiones, tiene que ver con problemas para poner límites, por lo que de algún modo, permitimos que los demás nos invadan – ¡resulta difícil mantener el equilibrio con este comportamiento!

Es bastante usual que, al relatar lo que nos sucede, demos en la tecla de qué provoca que nuestra salud esté comprometida, ya que las descripciones literales coinciden con lo que precisamos modificar para volver a nuestro eje.
RECIENTEMENTE…
Como nadie está exento de tener síntomas y de enfermarse, hace pocos meses me diagnosticaron una anemia muy pronunciada. Primera pregunta lógica obligada: ¿yo? ¿Cómo puede ser? Si me alimento bien, hago ejercicio físico, presto atención a mi estado emocional, intento tener una vida equilibrada… El “intentar” muchas veces no alcanza, ya que nos quedamos en la expresión de deseos y cada vez que nos salimos del parámetro nos justificamos “ah, pero trato de hacerlo”. Hace falta ajustar los hechos a las palabras para ser congruentes (y estar sanos). El asumir que mi vida (laboral) no estaba equilibrada, que hubo cambios grandes en los últimos meses a los que me estoy acomodando, que es saludable poner un límite a las horas de trabajo, más seguir el tratamiento médico a rajatablas, están dando excelentes resultados – y, por añadidura, también evitando que las cosas empeoren.

El tomar responsabilidad de lo que generamos (como modo de saber qué área de nuestra vida requiere la máxima atención y la toma de decisiones/medidas) conlleva saber que tenemos las herramientas y la fuerza necesarias para salir del atolladero.

Buenos días amigos, les mando un abrazo de oso!