lunes, 5 de diciembre de 2011

Actitudes que enferman por Merlina Meiler

Sé que siempre sugiero pensar en positivo. Es lo que nos hace bien, nos llena el alma, nos permite avanzar y dejar atrás bloqueos y limitaciones.

Sin embargo, es necesario estar alertas ante ciertas actitudes contraproducentes que, en muchos casos, pueden llegar a enfermarnos o a provocarnos diversos malestares. De hecho, tal vez padeces alguna dolencia y no eres realmente consciente de qué la causa.

Veamos algunas actitudes nocivas:

Hablarnos de manera descalificadora, reprocharnos, culparnos una y otra vez: Si te dices y te repites: “soy un estúpido”, “nada me sale bien”, “esto demuestra que no soy inteligente”, etc.,
¡te convencerás! 

Todos cometemos errores y también hacemos cosas bien, tenemos mejores días que otros, simplemente.


Usar palabras que indican enfermedades: hace poco recibí una consulta online en la que un hombre decía que su problema “se había hecho cáncer” que le carcomía el alma. ¿Puedes imaginarte el impacto que estas palabras o algunas similares causan en el cuerpo físico? Quién no ha dicho o escuchado: “esta clase de peleas generan úlcera”, “cada vez que discutimos me sube la presión” “me da dolor de panza cuando mi jefe…” Presta atención a no usar referencias a enfermedades en tus palabras, ni permitir que otros las usen.

Estar en relaciones que no nos hacen felices: permanecer al lado de alguien que no nos valora, nos maltrata o ya no nos quiere consume tanta energía que quedamos exhaustos y con las defensas bajas – o sea, propensos a enfermarnos.

Quedarse apegado a algo que fue y ya no es: cualquier intento de vivir en otro momento que no sea el presente tiene un efecto no deseado en nuestro “ecosistema interno” ya que nos saca de nuestro eje. Estar siempre presentes, aquí y ahora, nos brinda acceso a toda nuestra energía y a todos nuestros recursos internos para hacer frente a lo que se nos presente.


Decir a todo que sí: no saber oponernos a algo que no deseamos indica claramente que nos falta decisión para poner los límites que consideramos convenientes. Pintar la raya y no permitir sentirnos invadidos o manipulados es esencial. En nombre de no confrontar o de no discutir podemos preferir decir que sí o dar la razón y que el otro se salga con la suya, pero esta pérdida de terreno, al no surgir de la convicción de que es la verdad o lo que consideramos correcto, tiene un costo interno muy grande.

¿De qué actitud que enferma estás dispuesto a deshacerte?

Fuente: Mejora Emocional 

TE EXTRAÑO AMOR...de Yadira Nerehida Zúñiga Mendoza


Mirando por mi ventana
De los árboles el vaivén de sus ramas
Preguntando en silencio a la luna
Si acaso tú no me extrañas

Yo te extraño tanto mi amor
Extraño el sabor de tus besos
Extraño tus manos inquietas
Extraño el olor de tu cuerpo

Extraño tu tierna sonrisa
Todo tu ser, tu armonía
Tus bromas, tus travesuras
Y tu vida que es la mía

Extraño tus hermosos ojos
Que sin hablar me hipnotizan
Extraño tu voz cuando cantas
Y tus labios que conquistan

Extraño cuando me dices
Que soy todo para tí
Que soy yo tu vida entera
Y nunca te apartarás de mí

Y así me paso la noche
Con la luna por compañía
Deseando que vuelvas mañana
A traerme tu amor y alegría...

YNZM ♥ 2011


Tu síntoma físico, la clave por Merlina Meiler

Cuando nos enteramos que estamos enfermos, por lo general, la primera reacción es el enojo o la pregunta consabida: ¿Por qué a mí? ¿Qué hice mal?

En la mayoría de las ocasiones, antes del momento del diagnóstico, hubo síntomas que no quisimos ver (además de chequeos clínicos que obviamos) y que, al no prestarles atención, fueron intensificándose hasta llegar al punto en el que debemos someternos a un tratamiento médico.

Los síntomas, cuando se presentan (y las enfermedades, cuando se manifiestan) están indicándonos que hay cierto asunto en el que debemos enfocarnos y solucionar. Un dolor de espalda, una tos persistente o una gastritis, por ejemplo, están dejándonos ver que hay un desequilibrio físico causado, en gran medida, por desarreglos emocionales/energéticos.

Entonces, además de seguir al pie de la letra las indicaciones del médico, podemos ayudar muchísimo si nos centramos en descubrir el mensaje que nuestro cuerpo nos está enviando.

Generalmente, tenemos una idea de qué es lo que tratamos de lograr/evitar, malgastando mucha energía, o qué genera el malestar, por ejemplo: exceso de trabajo, intentar sostener situaciones insostenibles, tolerar más de la cuenta – en muchas ocasiones, tiene que ver con problemas para poner límites, por lo que de algún modo, permitimos que los demás nos invadan – ¡resulta difícil mantener el equilibrio con este comportamiento!

Es bastante usual que, al relatar lo que nos sucede, demos en la tecla de qué provoca que nuestra salud esté comprometida, ya que las descripciones literales coinciden con lo que precisamos modificar para volver a nuestro eje.
RECIENTEMENTE…
Como nadie está exento de tener síntomas y de enfermarse, hace pocos meses me diagnosticaron una anemia muy pronunciada. Primera pregunta lógica obligada: ¿yo? ¿Cómo puede ser? Si me alimento bien, hago ejercicio físico, presto atención a mi estado emocional, intento tener una vida equilibrada… El “intentar” muchas veces no alcanza, ya que nos quedamos en la expresión de deseos y cada vez que nos salimos del parámetro nos justificamos “ah, pero trato de hacerlo”. Hace falta ajustar los hechos a las palabras para ser congruentes (y estar sanos). El asumir que mi vida (laboral) no estaba equilibrada, que hubo cambios grandes en los últimos meses a los que me estoy acomodando, que es saludable poner un límite a las horas de trabajo, más seguir el tratamiento médico a rajatablas, están dando excelentes resultados – y, por añadidura, también evitando que las cosas empeoren.

El tomar responsabilidad de lo que generamos (como modo de saber qué área de nuestra vida requiere la máxima atención y la toma de decisiones/medidas) conlleva saber que tenemos las herramientas y la fuerza necesarias para salir del atolladero.

Buenos días amigos, les mando un abrazo de oso!