domingo, 4 de diciembre de 2011

Viviendo otra vida (sobre las relaciones simbióticas) por Merlina Meiler


Siempre hablas de alguien cercano a ti.. Tienes a esa persona como ejemplo y guía, estás pendiente de qué le sucede, de sus decisiones, idas y venidas… ¿y si decidieras hacerte cargo de tu vida en vez de vivir una ajena?
Algunas personas tienen una relación extremadamente cercana a otra y eso les impide crecer y desarrollarse en el ámbito personal, más allá de la edad que tengan.
No me refiero a las relaciones de cercanía que son bien sanas y necesarias para transitar con apoyo y cariño las distintas etapas de nuestra vida. Este intercambio estupendo de momentos, emociones, confidencias, tribulaciones, partes de nuestra historia, es muy enriquecedor. Es importante tener en nuestro entorno a alguien en quien confiemos plenamente y nos dé contención emocional, ya sea un familiar o un amigo entrañable. Nos ayuda a sentirnos mejor, nos quita ese sentimiento de soledad ante el universo que a veces se apodera de nuestra razón, nos abriga el alma. Es un estímulo insustituible en los momentos difíciles: sin lugar a dudas, la presencia de un ser querido nos ilumina la vida.
RELACIONES SIMBIÓTICAS
Pero hay otra clase de relaciones interpersonales que son nocivas y son a las que quiero referirme en este artículo: son aquéllas en las que uno de los miembros deja de tener vida propia para fundirse simbióticamente con otra persona: ve y siente por ojos de un familiar, una pareja o algún amigo, o incluso algún personaje famoso del cine, la televisión u otro medio. Resulta difícil algunas veces darse cuenta de las verdaderas implicancias de estos vínculos hasta que un día te das cuenta que tu vida ha quedado relegada en un aspecto (o en muchos), ya que no eres el protagonista: estás tan inmiscuido en lo que le sucede a otra persona que “te olvidas” que respiras, comes y te manejas en el mundo de manera autónoma.
Tal vez piensas en esta persona constantemente, te preocupan sus problemas en carne propia ya que sientes lo mismo que ella – no estás disociado. Se podría decir que, de algún modo, intentas ocupar su lugar y no el tuyo. Se establece una conexión simbiótica, de ganar/perder (o incluso perder/perder) y no es necesario que la otra persona esté involucrada, o sea, puede haber un nexo unilateral, como en el caso de admirar profundamente a alguien famoso, al punto de imitar su vida o costumbres sin prestar atención a tus necesidades genuinas.
Las personas que entablan este tipo de vínculos generan un vacío en sus vidas que es llenado por la presencia (real o imaginaria) de otra persona. Te preocupa lo que le sucede, la juzgas, le resuelves sus problemas, hablas sobre sus cosas más que sobre las tuyas, las cosas malas que le acaecen tienen un impacto tan fuerte sobre ti que te nublan el discernimiento y se te hace difícil continuar con tus actividades diarias. No respetas sus espacios ni su intimidad. Opinas y tomas partido en sus asuntos. Estas actividades te sacan del centro de tu vida y te insumen tanta energía y tanto tiempo que todo lo tuyo queda relegado a un segundo plano. Situación cómoda para ti, seguramente, ya que implica no enterarte de qué te está sucediendo realmente. El temor de tomar las riendas de tu propia vida y de desarrollar tu rica personalidad te paralizan, prefieres subsistir y actuar en función de lo que tú percibes como las necesidades y deseos de otra persona.
Tal vez discutan o no tengan una relación armónica, pero no es una condición excluyente de las conexiones simbióticas seguir parámetros de tranquilidad o mansedumbre. Una pelea no significa poner un límite, puede implicar una reafirmación del drama de control existente entre las dos partes, o sea, una retroalimentación.
PARA RECONOCER UNA RELACIÓN SIMBIÓTICA
¿Cómo reconocer si te hallas en una situación semejante? Es bastante simple: describe tu vida. ¿Te sientes en un lugar estanco? Si no tienes muchos eventos nuevos para contar y en cambio sí puedes describir con lujo de detalles los acontecimientos de alguien con quien tienes un trato prácticamente diario, entonces es bien probable que formes parte del grupo de personas que entablan relaciones simbióticas.
IDEAS PARA SALIR
Si vivir la vida de otra persona en vez de la tuya te hace infeliz, lee algunas ideas que pueden llegar a ayudarte para que encuentres tu rumbo:
Respeta a la otra persona. No la juzgues ni irrumpas en su vida tratando de manipularla, ni permitas que lo haga contigo. Si toma decisiones erróneas, respétala, a cada persona le gusta equivocarse por sí sola. No hagas lo que no te pidió que hicieras, y niégate a hacer cosas que le correspondan a él o ella. Poner límites claros a otras personas significa respetarte a ti mismo en primer término, y luego a ellos.
Toma una distancia prudencial, aunque vivas en la misma casa. No pases todo tu tiempo libre con esta persona, diversifica tu núcleo. Que pasen menos tiempo juntos no implica un abandono o que se dejen de querer.
Trata de iniciar alguna actividad nueva, por tu cuenta. Seguramente tienes inquietudes no desarrolladas, es un excelente momento para que enfoques tu atención en ellas. Te sentirás profundamente bien al encarar algo productivo para ti, de manera independiente.
Al poner en práctica recursos para despegarte emocionalmente, cambiará tu manera de relacionarte con esta persona y con todo tu entorno. Lograrán una comunicación más sana, que a su vez se translucirá en la creación de otros vínculos igualmente sanos en distintas áreas de tu desenvolvimiento personal. Asimismo, esta actitud nueva y positiva liberará energía trabada que permitirá la puesta en marcha de facetas de tu vida que hoy están en proceso de hibernación.

Lo único de mi recuerdo de José Ramón Marcos Sánchez

Dicen que un día le vieron los ojos brillar,...aquel día en que amaneció muerto,…mirando a la nada parecía verlo todo,...la mirada del que recuerda tan sinceramente que por momentos se sumerge en el recuerdo,...desprendía tanta bondad,…que por primera vez nadie vio lo distinto,…lo externo,... aquel vagabundo huraño parecía en paz con el mundo,...apretaba contra el pecho un papel,...una carta que siempre le acompaño,...que guardaba como un ingente tesoro,...que fue lo único que le abrigo de consuelo el día que decidió bajarse del mundo,…o que el mundo decidió no permitirle subir,…dicen que murió esperando la vida y que la vida le había renunciado hacía muchos años,…una mañana de una lejana primavera en la que decidió abandonar a su amada,…dicen que el final de aquella carta decía: 
“No espero que me comprendas pero debo dejarte ser libre porque te amo tanto que me da miedo la idea de no saber compartirte,….de no poder,….marcho en silencio en dirección al sufrimiento perpetuo,….siempre serás lo único de mi recuerdo,….mi maldición será la ilusión imposible de intentar engañar al propio desengaño,….espero algún día puedas perdonarme por haberte amado tanto,….por no haberte sabido amar,…” 
Dicen que aquella carta nunca se entrego,…dicen que ella unos meses después murió de amor,…de desamor,…dicen que él nunca lo supo,… 
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo. 
José Ramón Marcos Sánchez. 

Buenos días amigos, les mando un abrazo de oso!


"¡No dependas de los demás! sé un ser independiente. Escucha tu voz interna". Osho