jueves, 24 de noviembre de 2011

¿Me acompañas? de José Ramón Marcos Sánchez

Hoy quiero mudar la piel para tener muescas nuevas,…..para olvidar lo gastado del recuerdo lacerante,…..para nacerme de nuevo sin maculas infectadas de ira,……de odio,….de miedos,……salir de cien mil cadenas que me hacen ser ignorante,…..profano de sentimientos,…….eliminar los prejuicios conseguidos en juicios no celebrados,…..paralelos,….escondidos,……quiero salir de mi para poder ser yo,….emanciparme del ayer en busca de la sonrisa perdida,…..la tuya,….la mía,…..cargar solo con aquello que el desnudo de lo inédito puede llevar de equipaje,…..sin cargos,……sin cargas,…..estragado por la aprendido en libros no deseados,……esos que ya están leídos antes de ser iniciados,….que marcan las minorías que decretan sin derechos destinos de mayorías,……que censuran, que te excluyen si decides construir criterios propios,…y te vencen,….y te dejas,…y sin saber cuándo ni cómo te has convertido en uno de muchos,….en mucho de todos,……y no sientes,…… o no dices,……solo callas,….solo sigues,….hoy prefiero detenerme, y o ser nuevo o no ser nada,……hoy voy a dar el primer paso mirando altanero, orgulloso de ser diferente,……aceptando la etiqueta otorgada a los que escuchan locura y quieren ser voluntarios,…..¿me acompañas?.
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo. 
José Ramón Marcos Sánchez.

Ajedrez de Jorge Luis Borges



I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
 
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
 
Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
 
En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
 
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
 
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
 
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

¡Mantén la calma!


Muy a nuestro pesar, el trabajo tarde o temprano termina por estresarnos, son muy afortunados los pocos hombres que disfrutan de su empleo. Mantener la calma no solo es favorable para la salud sino además para un mejor desempeño profesional.
Bajo presión, las personas tienden a dejar la cortesía de lado, situación ideal para el enfrentamiento, para hostigar y ser hostigado. Si en lugar de caer en la discusión invitamos al agresor a calmarse y conversar, evitaremos el mal rato.
Es muy aconsejable nunca tomar las críticas como algo personal, como una ofensa a lo que tú eres como ser humano, sino como una observación a tu trabajo. Mucho menos se debe dar importancia a los insultos, es preferible esperar al día siguiente para aclarar las cosas con el agresor.

Cuando respondes a una agresión con educación, desarmas a la otra persona, él viene a buscar líos, a gritar y dejar fluir su estrés, tiende un puente agresor que tú desbaratas manteniendo la calma. Muchas veces no vale la pena ni siquiera defender nuestros argumentos pues la otra persona solo está buscando pelea, es mejor no darle importancia.
Una situación por demás estresante es cuando somos señalados por un compañero o por nuestro jefe de haber cometido un error importante. En tal situación, es aconsejable no ponerse a la defensiva, por el contrario, mostrar calma y pedir que se detalle el error que cometiste, de manera que puedas rebatir los cargos. Pero si resulta que realmente el error fue tuyo, entonces lo mejor es aceptarlo, sin perder la postura serena, y comprometerte a hacerlo mejor en el futuro.

Esta es una historia de un hombre que no perdió la calma ante las diferentes circunstancias que enfrentó:
Vivía en un pueblo en el interior de la India, había enviudado y tenía un hijo. Poseía un caballo, y un día, al despertarse por la mañana y acudir al establo para dar de comer al animal, comprobó que se había escapado. La noticia corrió por el pueblo y vinieron a verlo los vecinos para decirle:
-¡Qué mala suerte has tenido! Solo un caballo poseías y se ha marchado.
-Sí, sí, así es; se ha marchado -dijo el hombre.
Transcurrieron unos días, y una soleada mañana, cuando el hombre salía de su casa, se encontró con que en la puerta no sólo estaba su caballo, sino que había traído otro con él. Vinieron a verlo los vecinos y le dijeron:
-¡Qué buena suerte la tuya! No sólo has recuperado tu caballo, sino que ahora tienes dos.
-Sí, sí, así es -dijo el hombre.
Al disponer de dos caballos, ahora podía salir a montar con su hijo. A menudo padre e hijo galopaban uno junto al otro. Pero he aquí que un día el hijo se cayó del caballo y se fracturó una pierna. Cuando los vecinos vinieron a ver al hombre, comentaron:
-¡Qué mala suerte, verdadera mala suerte! Si no hubiera venido ese segundo caballo, tu hijo estaría bien.
-Sí, sí, así es -dijo el hombre tranquilamente.
Pasaron un par de semanas. Estalló la guerra. Todos los jóvenes del pueblo fueron movilizados, menos el muchacho que tenía la pierna fracturada. Los vecinos vinieron a visitar al hombre, y exclamaron:
-¡Qué buena suerte la tuya! Tu hijo se ha librado de la guerra.
-Sí, sí, así es - repuso serenamente el hombre ecuánime.

Mantener la calma es una de las maneras de continuar por el sendero correcto a nuestra felicidad.

Fuente: Motivalia

¡No dejes de vivir el hoy!

Fijarte una meta y trabajar por alcanzarla, esforzarte siempre por crecer y ser mejor persona, es sin duda una manera saludable de afrontar la vida. Sin embargo, no caigamos en valorar excesivamente el futuro, de modo que soñemos despiertos en aquello que vendrá y perdamos de vista aquello que ya es.
El presente posee motivos para alegrarnos, así como exige responsabilidades y esfuerzos que no podemos postergar. Ni la alegría ni el sacrificio son para después. El presente debe vivirse con convicción, cualquiera sea nuestra circunstancia.





Era un lechero acaudalado y que contaba con varios trabajadores en su lechería. A uno de ellos llamado Gabriel, le entregó una olla llena de mantequilla para que la llevase a un cliente de un pueblo cercano. A cambio le prometió algunas monedas extras. Gabriel, muy contento, colocó la olla sobre su cabeza y se puso en marcha, en tanto se decía para sí: “Voy a ganar dos rupias. ¡Qué bien! Con ellas compraré gallinas, éstas pronto se multiplicarán y llegaré a tener nada menos que diez mil. Luego las venderé y compraré cabras. Se reproducirán, venderé parte de ellas y compraré una granja. Como ganaré mucho dinero, también compraré telas y me haré comerciante. Será estupendo.
Me casaré, tendré una casa soberbia y, naturalmente, dispondré de excelente cocinero para que me prepare los platos más deliciosos, y si un día no me hace bien la comida, le daré una bofetada”. Al pensar en propinarle una bofetada al cocinero, Gabriel, automáticamente, levantó la mano, provocando así la caída de la olla, que se hizo mil pedazos contra el suelo derramando su contenido. 


En lugar de fantasear con un paraíso que tarda en hacerse realidad, experimenta tu cotidianidad, recuerda que eres tú quien lleva las riendas de tu vida, hazlo con valentía y optimismo.



Fuente:
Motivalia

¡Controlemos nuestros celos!

Los celos han acompañado la historia de la humanidad y en su nombre se han hecho cosas asombrosas, traiciones, ejecuciones, guerras, etc. La literatura ha abordado el tema innumerables veces.
Pero, ¿qué son los celos? ¿Qué los origina? ¿Por qué los sentimos? ¿Cómo superar los celos?La psicología define los celos como una manifestación del miedo que experimenta una persona ante la posibilidad de perder algo que tiene: poder, imagen profesional, amor, etc.

Cuando hablamos de relaciones sentimentales, los celos pueden llegar a destruir parejas y autoestimas, sin embargo, los celos en sí mismos no son algo negativo, pues pueden demostrar que uno está realmente comprometido con la persona amada. El problema es cuando uno priva de su libertad a la otra persona, cuando los celos quedan fuera de control y se siente que la otra persona nos pertenece.





Para no dejar que los celos arruine nuestra felicidad, lo primero que debemos hacer es preguntarnos el porqué de nuestra inseguridad, por qué pensamos que podríamos ser reemplazados.
Otra cosa que nos ayudará mucho es mejorar nuestro aspecto físico, estudiar, o renovar nuestro armario, crecer como persona para fortalecer nuestra autoestima.

Desear que la persona amada no se comprometa afectiva o sexualmente con otra persona es una idea natural, pero es distinto a pensar que podemos obligar al otro a no hacerlo, pensar que podemos vigilar y controlar que no tenga oportunidad de relacionarse con otra persona, es mejor abandonar esa idea porque es absolutamente perjudicial para el bienestar de la relación.

Dejar de pensar que podemos ser abandonados, dejar de pensar que en ese caso sufriremos mucho y no lo podremos superar, pensar que nuestra vida se termina cuando nuestra relación acabe es absolutamente perjudicial para la felicidad actual de la pareja.

Poder mirar a los ojos a la persona amada y ser capaces de decirles que la amamos tanto que solo deseamos su felicidad aunque esto pudiera implicar la separación, tener la valentía de hacerlo tal vez nos acerque más, estreche nuestros lazos.

Disfrutemos de nuestra relación hoy, dejemos de pensar en un final que tal vez nunca llegue y no vale la pena evocarlo, es mejor amar con pasión que amar con temor. Si es que algún final llega, será definitivamente para mejor, mientras tanto, amemos con libertad y seguridad. Que los celos no nos dominen, que no arruinen nuestra relación.



Fuente:
Motivalia

Buenos días amigos, les mando un abrazo de oso!


"Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas". 
Pablo Neruda