martes, 8 de noviembre de 2011

Pon una sonrisa a la vida

Cuando tengas una pena
refúgiate en lo hermoso de la vida.
Vive una mañana con alegría
al despertar pensando
que algo mejor nos ha de llegar.

Transforma la tarde, placentera, con tus risas;
dándole a cada cosa el color perfecto.

Espera la noche con la esperanza
que la otra mañana será aún mucho mejor,
diciéndole gracias a Dios
porque cada mañana pasada,
cada tarde vivida
y cada noche soñada
te haya hecho aminorar tu pena
con una gran sonrisa a la vida.

Esa, nunca se agota;
siempre y cuando del corazón te brote
para hacer, una vez más,
que siga viva la fe
para poder enfrentar
todos los grandes retos,
todos esos escollos
que como prueba la vida nos da.

Sonríe siempre,
pues ésa será el arma poderosa
para ganar tus grandes batallas
en esta vida
y en la otra,
que quizás
también nos haga falta.



Fuente:
Oasis

Vida de ©José Ramón Marcos Sánchez

La luz casi me cegaba, se veía allí, al fondo, era mi única salida, no quería pero algo me empujaba con fuerzas tras de mí, fuera,……. lo desconocido…….algo que solo pude percibir a través del oído, en ocasiones parecía cómodo,…… agradable,……. hasta divertido,…..daban ganas de asomar un instante, de explorar,….. De ver sin ser visto,….. pero eso no era posible……. otras en cambio,…. bullicioso……angustioso,…incluso cruel,….en esas ocasiones me aferraba a lo vivo de mi habitáculo, pataleaba y me unía en un solo cuerpo a mi cuerpo,………y ahora me desalojaban,….. la orden de desahucio tenía que ser ejecutada, no había ni compasión, ni demora, en breve me vería obligado a echarle un pulso a la vida…..a esa vida que conocía por otros, que no entendía, que me parecía muy difícil, esa que creía que nunca me tocaría vivir,…..lo angustioso de la situación no hacia si no que complicar las cosas, mis fuerzas empezaban a flaquear, me deje ir, y así, como de repente estaba asomado a un abismo, alguien me cogió de la cabeza y tiro, escuchaba jadeos, incertidumbre,…… quería regresar por donde había venido, pero ahora no solo me empujaban desde dentro también lo hacían desde fuera, me entregue, y derrotado me deje llevar, sacaron mi cuerpo, me vi colgado cabeza abajo, me golpearon, no pude por menos que echarme a llorar, estaba magullado y lleno de sangre, tan solo una pregunta continua y martilleante, ¿Qué iba a ser de mi?........esforzadamente entreabrí los ojos y distinguí a una persona que dirigía sus ojos hacia los míos, eran dulces,… protectores, de repente de sus labios nacieron flechas en forma de palabras que se clavaron en mi y anestesiaron todos mis temores,…..mi niño, mi ángel, bienvenido a la vida, la reconocí, era mi madre,…….. Sin ningún pudor, sonreí. 
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo. 
José Ramón Marcos Sánchez. 

¡Gracias a la Vida...! de ©Maytte Sepúlveda


Erase una vez un hombre desesperado que acudió a un rabino, buscando ayuda.
-Querido Rabino —le dijo—, el panorama de mi casa es aterrador, y no tiene pinta de mejorar. Mi mujer, mis seis hijos, algunos con sus respectivas familias y yo, vivimos juntos en una pequeña casa. Como estamos tan apretados, los roces y las discusiones están a flor de piel. Hemos llegado a un punto en que estamos todos gritando y peleando; ya no tenemos paz.

El Rabino reflexionó unos minutos y le dijo:

-Si haces lo que te digo, pronto mejorará tu vida y la de los tuyos. Pero antes dime algo: ¿Tenéis animales en la granja?

-Sí, tenemos una vaca, dos cabras, varias gallinas y seis patos —contestó agobiado nuestro hombre.

-Estupendo, entonces regresa a tu hogar y mete a todos los animales dentro de tu casa a vivir contigo y con tu familia y regresa en una semana, antes no.

El pobre hombre atónito, y sin decir palabra, obedeció las órdenes de su Rabino sin comprender nada. Al llegar a casa, metió resignadamente todos sus animales dentro de ella.

Pasó una semana y nuestro amigo con grandes ojeras y cara de angustia, acudió al Rabino, y le dijo: “La situación no puede ser más caótica y con todo respeto, es peor el remedio que la enfermedad. Mi hogar se ha convertido en un establo; la vaca, por su tamaño, ha destruido todo; las cabras se comen las alfombras y los muebles huelen horrible;  finalmente, las gallinas vuelan por toda la cocina ensuciando todo. Mis hijos casados, con sus familias, se fueron huyendo, pues no resistieron más, y mi esposa quiere abandonarme. Todos salen al amanecer y regresan tarde en la noche. Ayúdeme, por favor, se lo suplico.

-Pues bien, regresa a tu casa y saca a los animales. A los días, el hombre plácido
y alegre volvió donde el Rabino.

-En verdad, no sé cómo darle las gracias, sus sabias palabras nos han sido de gran ayuda. Ahora que sacamos los animales, tenemos mucho más espacio y nuestra
casa es un hogar limpio y acogedor. La vida nos vuelve a sonreír, mis hijos al salir temprano de casa consiguieron trabajo y los casados se marcharon a hacer su propia vida. Usted tenía razón: Dios nos ha ayudado”.

 A muchos de nosotros nos puede pasar como al hombre de la fábula, porque estamos tan agobiados por las preocupaciones y el ritmo de actividad acelerado que mantenemos, que dejamos de ver y de reconocer los elementos positivos que tiene la vida. Al dejarnos llevar por el estrés diario, y la carrera alocada para conseguir las cosas que creemos necesitar, perdemos la capacidad y la disposición de hacer lo necesario para mantener la armonía y el bienestar de nuestro espacio familiar. Lamentablemente, el estrés nos toma por completo sin que nos demos cuenta, trastornando nuestro carácter y manera de ser, llevándonos en la mayoría de los casos a convertirnos en personas agresivas, irritables y defensivas, ignorando y olvidando el valor que tienen los pequeños placeres de una vida sencilla.

Cada día creemos necesitar más, nada nos satisface y cualquier pequeñez nos amarga la vida. A veces nos sentimos con derecho a todo, hasta que la vida sin anunciar nos pone en la justa dimensión.

Vale la pena detenernos y reflexionar un poco acerca de esto, pues el deseo de adquirir o alcanzar una mejor calidad de vida material, puede llevarnos a equivocar
el camino y al recorrerlo, perder los regalos y las bendiciones que recibimos día
a día y que debemos disfrutar, agradecer y compartir con los demás. 

Conectémonos sólo a aquellos eventos, comentarios e  ideas positivas, que nos lleven a vivir a plenitud cada día y a disfrutar mucho más de la vida, reconociendo
que tenemos muchas veces, más de lo que en realidad podemos usar y disfrutar.

Claves para disfrutar y valorar lo que tenemos

Aprecia lo que tienes. Si haces una lista de tus bendiciones, te darás cuenta que tienes más de lo que en realidad puedes usar. Incluye en la lista a las personas que te quieren y quieres, las pequeñas grandes cosas que disfrutas y los regalos esenciales, como la oportunidad de estar vivo y los momentos de felicidad y paz en tu vida.

Desecha lo negativo. El perdón y el olvido, son los antídotos por excelencia para sanar el resentimiento y liberar los sentimientos y los recuerdos negativos. Recuerda sólo lo bueno y positivo.

Deja de compararte. Evita mirar hacia los lados, para fijarte en lo que tienen los demás, pues la envidia se apoderará de ti. Más bien concéntrate en cada esfuerzo que haces por conseguir tus metas y la paz interior.

Siéntete agradecido. Reconoce y valora todo lo que tienes, siéntete agradecido con las personas que contribuyeron con tu bienestar y con la Divinidad por todas las oportunidades y las bendiciones. Esta es la base de la prosperidad. ¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien!

Fuente:

Buenos días amigos, les mando un abrazo de oso!

"El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños". Eleanor Roosevelt