domingo, 2 de octubre de 2011

Una reflexión de la masacre de Tlatelolco en 1968 (fragmento) Por Salvador Zarco


"En 1968 yo era un estudiante de filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y, como muchos otros de mi generación, estuve involucrado en política estudiantil.
Algunos estudiantes y maestros comenzamos nuestras protestas cuando el gobierno estadounidense invadió la República Dominicana en abril de 1965. Por toda la UNAM había personas preocupadas por los tratados económicos de Estados Unidos con América Latina; también estuvimos envueltos en un número de protestas en contra de la injusticia en nuestra propia sociedad.
En ese año hubo muchas protestas, algunas de otros grupos estudiantiles y algunas de trabajadores.
El foco de estas demostraciones y actividades sucedió, especialmente, en el verano de 1968; iba directamente en contra del gobierno mexicano que incrementaba cada vez más la represión hacia los grupos que hacían movimientos sociales. En julio, el ejército mexicano y la policía, ocuparon
el Instituto Politécnico Nacional; ésta invasión dejó centenas de heridos y docenas de muertos.

El gobierno justificó sus actos declarando que los movimientos estudiantiles en la ciudad eran parte de una conspiración "comunista". Sin embargo,  esta masacre sólo intensificó las protestas. Las organizaciones liberales y los estudiantes comenzaron a pedir el fin de la represión, se hizo un llamado a la democracia y al respeto de la leyes de la Constitución mexicana. El gobierno mexicano, en lugar de responder con una actitud abierta  al diálogo, reaccionó aún con más represión. Los estudiantes eran arbitrariamente arrestados, en septiembre de 68, la UNAM fue ocupada por tropas militares.

El ciclo de violencia del gobierno hacia los estudiantes, provocó el enojo de muchos trabajadores de la ciudad. Desde mi perspectiva, la represión creció a la par de la participación de los trabajadores; el gobierno se alarmó, pensando que el movimiento de estudiantes aunado al de los trabajadores, podría forzar al gobierno a dar apertura a la democracia en la sociedad mexicana. Consecuentemente, el gobierno incrementó su política represiva.

Dado que la prensa mexicana nunca dio noticia exacta de los eventos ocurridos en el verano del 68, para el gobierno fue fácil esconder la situación social que se suscitó a partir de la lucha de los trabajadores.
               
Este es el antecedente de la masacre de Tlatelolco o de la Plaza de las Tres Culturas, ocurrida la noche del 2 de octubre de 1968. Esa noche, según yo entendí, estaba acordada la reunión entre los representantes del movimiento estudiantil, así como de representantes del gobierno, para comenzar la resolución del conflicto. Había una promesa de paz por parte del gobierno, pero el resultado, por supuesto, de esa promesa, fue la masacre donde, según yo creo, fueron asesinados entre 300 y 500 estudiantes y trabajadores.

Yo no estuve presente el 2 de octubre, dado que tenía otro compromiso para esa tarde. Sin duda, tampoco creí que después de la masacre el gobierno se atreviera a atacar nuevamente a los estudiantes y trabajadores.

Desde donde yo estaba, en un lugar cercano al centro de la ciudad, pude escuchar los disparos que provenían de la Plaza.
Más tarde, sin saber todas las implicaciones de lo que había ocurrido, fui a mi trabajo de lector de pruebas a El Día, uno de los periódicos de ese tiempo. En mi camino, vi docenas de camiones incendiados así como coches. Era evidente para mí, que había sucedido una confrontación tremenda entre las fuerzas gubernamentales y los estudiantes y trabajadores.

Después del trabajo, a la mañana siguiente, fui de departamento en departamento buscando a mis amigos. Ninguno parecía estar en casa en los primeros dos sitios que visité; en el tercero, sin embargo, fui bienvenido por miembros de la policía secreta mexicana. Ya fuera que me estaban buscando o no, inmediatamente fui arrestado y llevado a la estación de policía.

Fui colocado en un cuarto frío, me taparon los ojos, me golpearon y me dieron choques eléctricos el día entero.
Fue una experiencia de horror. Ellos querían que yo admitiera que había cometido numerosos crímenes en contra del Estado, los cuales yo nunca había realizado.

Yo supe, tiempo después, que se habían arrestado alrededor de 2000 personas durante esa semana. Fuimos encarcelados, sin juico, en tres diferentes prisiones de la ciudad de México. En diciembre de 1968, la mayor parte de los encarcelados fueron liberados. Sin embargo, yo, junto con otros ochenta, permanecimos en prisión hasta diciembre de 1971, sin nunca haber tenido juicio formal. Entonces, misteriosamente, todos nuestros cargos fueron retirados y fuimos liberados por un gobierno que, repentinamente, aceptaba que había cometido un error al arrestarnos.

Lo que hizo esta experiencia en mí fue comprometerme a fondo con la acción social. En 1974 encontré un trabajo como ferrocarrilero. Yo siempre admiré la historia de la unión de trabajadores de ferrocarriles en México, así como a Demetrio Vallejo, el mayor líder de ese gremio laboral. Me convertí en activista del sindicato hasta llegar a ser Secretario general de una sección.

La lucha en contra de la represión de nuestros movimientos estudiantiles en 1968, ha traído al fin ciertos cambios en México. Antes de 1968 era imposible hacer una protesta pública. Ahora, treinta años después, la gente con quejas y protestas puede circular libremente por la ciudad, se puede demandar resolución a conflictos con el gobierno. La marcha que se hizo el 2 de octubre de 1998, mostró que los estudiantes mexicanos no han sido engañados por la mala información y mentiras acerca de 1968. Esto me hace sentir una esperanza por el futuro de México".

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