lunes, 22 de agosto de 2016

Pensamientos de abundancia por Merlina Meiler

Aquello en lo que enfocas tu atención crece y se expande.

Esto es así aunque no creas plenamente en este concepto.

Ya sé, has escuchado muchas veces eso de que “los pensamientos condicionan tus acciones”, “hay que tener ideas positivas y desterrar las negativas” y conceptos similares, pero no les das mucho crédito. Al fin y al cabo, ¡son solo pensamientos!

No importa. Porque esto funciona aunque desconfíes de que esto puede ser útil para ti.

Cuando decides cambiar un pensamiento, no solo se modifica la percepción de lo que te rodea, sino también lo que proyectas y hacia dónde enfocas tu energía para trazar un camino y obtener resultados.

Entonces, tengo una propuesta para hacerte que puede aumentar la abundancia que hay en tu vida. Por abundancia me refiero a lo que quieras: más amor, dinero, claridad mental, oportunidades… lo que escojas estará muy bien para ti.

Solo te pido algunos segundos de tu tiempo sin ocupaciones, ese que tienes cuando viajas a tu trabajo, cuando esperas, cocinas, caminas… ya sabes.

En esos ratitos en los que tu mente no hace nada que consideres que necesita una gran concentración, piensa si has tenido algún pensamiento limitante en las últimas horas. Alguna frase que te haya venido a la mente descalificándote, maltratándote, cercenando tus ilusiones o proyectos, aunque parezca inofensiva, la uses a menudo o la hayas escuchado desde que tengas uso de la razón.

Pueden ser del tenor de: “qué inútil”, “nunca nada me sale bien”, “no soy bueno/a para…”, “no hay suficiente”, “nunca conseguiré un ascenso o un mejor trabajo” o cualquier uso de palabras de menosprecio hacia tu persona, incluyendo “malas palabras/groserías”.

Ya sé, me dirás “quién no las usa de tanto en tanto” y yo te responderé: de ahora en adelante, TÚ.

Porque si te dices cosas hirientes, estás cerrándote ante la abundancia que puede venir a tu vida. Y como mereces muchas cosas buenas, es preciso que las puertas estén abiertas de par en par para atraerlas y para recibirlas.

Independientemente del grado en que supongas que esto tal vez traiga aparejados beneficios, todos los días durante una semana, dedica unos segundos a desechar los pensamientos limitantes. Cuando te des cuenta de que utilizaste uno, visualízalo, escúchalo. Después, píntalo de blanco o hazlo desaparecer y sobre él plasma lo opuesto. Por ejemplo, si notas un “nunca podré cambiar mi auto”, desintegra estas palabras y fija la frase: “estoy más cerca de cambiar mi auto”. Palabras como: desde ahora, en adelante, pero, son útiles para descartar lo que ya no te sirve y empezar a construir un futuro distinto.


miércoles, 3 de agosto de 2016

Aprendiendo por Merlina Meiler

Creo que todos tenemos alguna conducta o interés recurrentes a los que dedicamos gran parte de nuestro tiempo y energía.


La mía es aprender algo de cada circunstancia que atravieso.

Tengo la costumbre de buscarle el lado brillante a las cosas.

Claro, al igual que cada persona que está leyendo estas líneas, muchas veces eso se me dificulta, porque lo que se me presenta va en detrimento mío.

Pero es especialmente en estos casos en los que intento -por todos los medios a mi alcance- llevar a la práctica esta “obsesión”, porque encontré que es una excelente manera de que el tiempo pase hasta que las cosas se resuelvan. Si no, puedo terminar enroscándome con lo negativo del asunto, lo que parece amplificar las inconveniencias o el dolor, incrementar la angustia o el desasosiego y encaminar mis pensamientos hacia lugares que es mejor no transitar, porque nada bueno aportan.

Hace unos meses me diagnosticaron una bacteria muy resistente en el estómago (H. pylori). Pasé unas cuantas semanas bastante fastidiada por los síntomas físicos, lo que se sumó al tratamiento que me causó molestias extra (dos semanas de distintos medicamentos diarios).

Todos los días, al pensar en lo que estaba pasando o al sufrir los trastornos causados por la bacteria -y después, por los antibióticos-, enfoqué mi energía en obtener un aprendizaje. Estaba convencida, además, de que esta actitud me ayudaría a matar la bacteria y a curarme (Por suerte, tras un nuevo test, hace un par de semanas recibí el diagnóstico que tanto deseaba: la erradicación).

Aclaro que el “por qué me sucede esto a mí” o “por qué yo” no están dentro de la lista de opciones que yo exploraría, y tampoco me parecen preguntas conducentes a respuestas alentadoras o beneficiosas. Sí, en todo caso, el “para qué”, pues me vuelve a centrar en lo que busco permanentemente: qué saco en limpio de lo sucedido que me puede ayudar no solo a transitar el camino hacia el final de esta “pesadilla”, sino también a mejorar como persona, en mi fuero interno, en la relación con los demás.

Quiero compartir uno de los aprendizajes más importantes que tuve a raíz de este episodio.

Cuando uno está enfermo valora la salud de otra manera.

Por lo que cada día de mejoría o de sentirme sin molestias severas pasó a ser (y sigue siendo) motivo de alegría.

Además, esto provocó que pensara en todas las cosas que, por tenerlas a diario (ya sea naturalmente o porque las fui alcanzando con los años), no valoro lo suficiente. Personas, objetos, situaciones.

Admito que a partir de ese punto se amplificaron sentimientos y emociones que estaban pasando un tanto desapercibidos (las múltiples actividades y los apuros hacen que perdamos el foco, sin quererlo).

Me agrada entender que lo que sucedió no fue en vano: me siento más plena y más entera aún que antes. Y estoy feliz con el rumbo que mi vida va tomando.

Que se produzcan contratiempos es inevitable. Deseo de corazón que la próxima vez que tengas que enfrentar un problema, logres un aprendizaje que te permita mejorar tu calidad de vida y ampliar tus horizontes más allá de lo que implique la resolución positiva de ese tema.

viernes, 29 de julio de 2016

Punto final, sin excusas por Merlina Meiler

Hay una situación que te amarga.

Es constante: no hay día que no pienses en ella o que no se haga evidente; constantemente se presenta alguna circunstancia que te la recuerda.

Le diste todas las vueltas posibles al asunto sin resolverlo, y ya es hora de que pongas el punto final, sin excusas.

No importa cuál es la razón que hasta este momento te haya estado frenando: lo que sí importa es tu integridad, tu tranquilidad, tu felicidad.

Escudarse detrás de variados motivos puede parecer un camino seguro para mantener las apariencias y que todo siga más o menos igual, pero en tu interior sabes que esta actitud ha hecho mella en ti. Tal vez te enfermaste, padeces en silencio o la angustia y la impotencia que sientes van más allá de cualquier efecto placebo que hayas alcanzado en cierta medida, sin llegar a proporcionarte lo que realmente deseas.

Es común esgrimir pretextos para no dar el paso hacia el futuro que liberará del dolor. El miedo aflora junto con inseguridades: la soledad vuelve a vislumbrarse en el horizonte y no es tu mejor amiga. Transitar un duelo por decisión propia tampoco suena atrayente. Pero la infelicidad es, claramente, la peor opción posible.

Algunas excusas comunes que frenan el progreso y la toma de decisiones:

– Miedo a la soledad/al cambio/al qué dirán
– Dependencia económica
– Estuve sin pareja mucho tiempo, ahora “enganché” (lo que sea) y no quiero volver a estar sin compañía
– Ya estoy grande
– Las cosas en algún momento van a ser distintas
– Soy inseguro/a
– No hay nadie mejor por ahí, son todos/as iguales
– Esta vez me prometió que va a cambiar
– No sé qué hacer sin él/ella
– Es una persona violenta/manipuladora/agresiva, pero… (es buen padre/madre, es trabajador/a, …)

Las catalogo como “excusas” porque nada ni nadie debería ser más importante que tu bienestar.

Tú puedes contra todas ellas. Tienes dentro de ti el potencial de abrirte camino y de ser feliz.

Con cada paso firme hacia adelante que vayas dando te irás alejando de aquello que ya no es para ti e irás construyendo un futuro de paz y armonía para ti y para los tuyos.

Solo hace falta que resuelvas poner un punto final a las excusas y salgas a la luz.


lunes, 25 de julio de 2016

Seis errores que conducen al final de una relación por Merlina Meiler

¿Es posible prevenir el final de una pareja?

¡Por supuesto!

A continuación, una nota publicada por Infobae.

El matrimonio y la convivencia son dos fenómenos que ponen a prueba a una pareja. En general, el momento de dar un paso hacia adelante en una relación, ya sea para formalizar o para vivir bajo el mismo techo, coincide con la etapa en la que es primordial una renovación en el vínculo. Por lo tanto, la posibilidad de caer en la rutina resulta una amenaza enorme para el amor duradero.

Una vez que se convive, ¿hay actitudes que pueden dinamitar el futuro de la pareja?, ¿existen hábitos perjudiciales para la pasión entre dos personas?, ¿cómo se hace para mantener encendida la llama durante un tiempo prolongado?

Mariela Tesler, especialista en relaciones sexuales, analizó en detalle cuáles son los comportamientos cotidianos que pueden terminar con una pareja.

“Los papeles firmados no aseguran un matrimonio feliz. El noviazgo migra a un compartir diario que, lamentablemente, no viene con un manual de instrucciones. Es interesante saber qué sucede con el tiempo y prevenir antes de curar”, aseguró Tesler.

Es necesario mantener viva la capacidad de sorpresa en el otro para poder renovarse.

Algunos de los hábitos erróneos a tener en cuenta para que la pasión de una pareja se mantenga encendida son:

Higiene y cuidado personal

No cepillarse los dientes a diario, acostarse transpirado o dejar la puerta abierta del baño al hacer las necesidades. La lista puede ser infinita. El “dejarse estar” físicamente refleja dos realidades: ya no importa excitar a la pareja y ni siquiera existe el amor propio, porque uno no disfruta de verse al espejo. Si uno no logra estimular la pasión del otro, hay un gran problema en puerta.

La falta de comunicación

“No sólo es importante qué decimos, sino cómo lo decimos. Si en un principio todo era ‘mi amor’, ‘por favor’, ‘gracias’ y después se transforma en un permanente trato con imperativos como si fuéramos esclavos el uno del otro, estamos en problemas”, explicó Tesler. No hace falta ser melosos, pero el buen trato debe seguir existiendo para una convivencia feliz. El respeto ante todo.

Sin sorpresas, no hay amor

“La capacidad de asombro se desgasta con el paso del tiempo, es real. Pero eso no significa que alguien pueda sorprenderse con ideas creativas de vez en cuando”. Un pequeño presente en cualquier día de la semana permite esbozar una sonrisa y dar cuenta de que la otra persona pensó en uno. Que el paso de los años no aleje a las personas de ese regalo mágico.

Hay que generar nuevas salidas, tratar de escaparle a la rutina en cualquier momento.

Perder el contacto

“El beso que en un inicio es apasionado se transforma en un beso cálido. El cálido, en un piquito y el piquito en un beso en el aire o la nada misma…un ‘hola y chau’. El contacto físico fue, es y será importante (sin hablar de una relación sexual propiamente dicha) y representa un estímulo que se disfruta en todo el cuerpo”. Gracias a ese contacto, se regenera vínculo, confianza, aumenta la autoestima y uno logra conectar con el otro. Despertar los sentidos antes de que se duerman es fundamental.

Sepultar las fantasías

Una de las virtudes de las parejas constituidas es la complicidad que se genera gracias a las fantasías que alimentan el juego. Muchas veces, la frecuencia o el gusto sexual son dispares y eso no debería ser un impedimento para el disfrute. “Pedimos y damos, cedemos y recibimos. Un día compartimos la película XXX que le gusta a él, otro le pedimos que nos haga de Christian Grey. Es importantísimo saber respetar los deseos del otro y, a veces, ceder”, dijo la especialista.

No respetar la variedad

En la variedad está el gusto. En años de convivencia, la diversidad debe existir. Hay que escaparle a la tan temida rutina. Las personas son las mismas, lo que hay que modificar es la postura, el escenario, la forma. “Los que nunca quieren salir de la postura del ‘Misionero’, no se arriesgan a tener un encuentro fugaz en el auto o a innovar con un ‘rapidito’ antes de que lleguen invitados a casa, terminan asociando su matrimonio con una rutina asegurada”.


lunes, 18 de julio de 2016

Los motivos no siempre son lo que parecen por Merlina Meiler

Hace poco me sucedió algo que no anduvo por los caminos que yo suponía.

Empecé a tener distintos síntomas físicos, como insomnio (muy infrecuente en mí), mal humor, mala digestión, resfrío…

Como suelo hacer en estos casos, comencé a indagar qué es lo que me estaba produciendo todos estos malestares – claramente, un hecho los estaba desencadenando.

Primero, mis relaciones cercanas pasaron por una lupa.

¡Fue el primer paso más lógico! Es que por lo general, cuando estamos tristes o inconformes por alguna situación relacionada con los sentimientos, nos sentimos mal físicamente.

¿Había discutido con alguien? No lo tenía presente.

¿Alguna persona me había defraudado, herido, molestado, jugado una mala pasada? No, en absoluto.

Estuve un par de días dándole vueltas al asunto, hasta que opté descartar el plano emocional y pasar a otros, para lo cual escudriñé mis actividades habituales una por una, pero nada estaba fuera de lo normal.

Entonces, traté de dilucidar si había algún sentimiento subyacente que provocara esas manifestaciones físicas. Y fui haciéndome preguntas, para ver qué podía descubrir.

Al llegar a: ¿algo me angustia? Una luz roja se encendió.

¡Y afloró más angustia! Di en la tecla, pero, ¿qué es lo que la estaba provocando? Y me vino a la mente algo totalmente impensado.

Unos días atrás, un cliente me había pedido una tarea un poco diferente a las habituales (capacitación en empresas). Implicaba quedarme toda una noche despierta trabajando para cumplir con la fecha límite requerida.

Cuando me propusieron esto, acepté de inmediato. Me parecía lógico encargarme de este tema también, porque estaba relacionado con el servicio que habitualmente les brindo.

De hecho, me pareció un reto interesante.

Pero con el correr de los días, mis síntomas me fueron advirtiendo que ese no era un trabajo para mí. Yo funciono muy bien por la mañana, aunque tenga que levantarme al alba, mas a la noche me resulta difícil concentrarme (y mantenerme despierta, incluso en fiestas).

¿Cómo iba a hacer para tener la atención y la claridad mental suficiente para llevar a cabo esa tarea apropiadamente?

Mi cuerpo me estaba señalando lo que yo no había notado: hay momentos en los que hay que ser realistas y asumir hasta dónde podemos rendir y poner un límite, incluso en el trabajo. Tanto cuando uno es empleado como cuando trabajamos de forma independiente, muchas veces se dificulta saber a qué acceder y a qué no, así como también cuándo y cómo delegar. Surgen miedos, incógnitas, inseguridades…

En resumidas cuentas, mi alivio fue instantáneo al darme cuenta de lo que me estaba haciendo mal. Hallé a una persona para que me sustituyera (por supuesto, muy confiable y responsable) que afortunadamente me hizo quedar bien. Darme cuenta de que no puedo todo y que hay cosas que pueden salir muy bien aun sin mi presencia es, en resumidas cuentas, un peso menos – ¡y una satisfacción!

miércoles, 6 de julio de 2016

Criticando las decisiones ajenas por Merlina Meiler

Estoy un poco cansada de quienes permanentemente critican lo que hacemos, y aun peor, hablan a espaldas de la gente, expresando que lo que los demás han decidido para sus vidas es decididamente incorrecto.

Parecería que -por algún motivo imposible de dilucidar- ellos supieran qué es lo mejor para cada uno de nosotros, y su capacidad de entablar empatía y de relacionarse con los deseos o con las necesidades ajenas fuera casi nulo.

Quienes no osamos pensar como esos seres o tener las cosas “tan claras” como ellos pregonan estamos del otro lado y deberíamos escucharlos un poco más para lograr acceder a la clave de nuestra felicidad.

A estas personas que alardean con aire de superioridad como si tuvieran todo resuelto, con todo respeto, quisiera preguntarles:

¿Qué les molesta si tomamos nuestros propios caminos y nuestras propias resoluciones?

¿Realmente creen que solo ellos saben qué es lo mejor para nuestra existencia?

¿No tienen en cuenta que cada uno necesita sus propias experiencias y que es útil que cometamos nuestros propios errores y equivocaciones, para aprender? Se trate de buenas intenciones o de simples ganas de inmiscuirse en lo que no les interesa, sería interesante que se den cuenta de que hay límites personales que no es oportuno ni bienvenido intentar traspasar.

¿Saben que lo que le hace feliz a cada ser humano es único y especial, y no hay fórmulas prestablecidas ni que funcionen en todos los casos? Tal vez lo que para ellos es fundamental y absolutamente necesario, para nosotros pase completamente desapercibido o sea irrelevante.

¿No tienen algo mejor que hacer con su tiempo que centrarse en la vida y en las decisiones de los demás, como por ejemplo, enfocarse en la suya? ¿O es demasiado difícil o doloroso hacerlo?

¿Quién ha dicho que, por ejemplo, no se puede ser feliz o lograr plenitud por tener una pareja despareja o no tradicional, un trabajo muy exigente o un lugar pequeño para vivir, o por carecer de estudios convencionales o dormir a horarios dispares? Tal vez los demás cuentan con una capacidad de amar o de disfrutar diferente – ¡y completamente válida para cada uno!