viernes, 23 de diciembre de 2016

Los mejores deseos por Merlina Meiler

Quiero enviarte mis mejores deseos para estas fiestas y el año que se inicia.

Puede parecer una frase trillada (¿quién no la ha escuchado cantidades de veces?), pero sigo creyendo en la fuerza y en la importancia de las intenciones subyacentes que están detrás de lo que decimos.

Eso, sumado al buen augurio, siempre llega.

Las palabras tienen un gran poder, el que muchas veces no medimos al elegir algunas en desmedro de otras.

En esta ocasión, te propongo elegir expresiones llenas de emociones positivas con respecto a las fiestas y cargadas del sentimiento que nos une a la persona que las recibe.

No escatimes lo que vas a decir: ha llegado el momento de dejar fluir todo lo que no permitiste que saliera a la luz durante el año, por la razón que fuera (como no ser una persona afectuosa o cariñosa, no tener tiempo, dar por sentado que los demás saben todo lo que significan para ti).

Es que enviar buenos deseos:

– Abre canales de energía
– Comunica a las personas desde el corazón
– Reafirma el sentimiento que tenemos hacia el destinatario de tan hermoso mensaje
– Nos permite entender que si visualizamos lo mejor para los demás, eso mismo puede suceder y sucederá en nuestra vida

¡Felicidades! ¡Y mis mejores deseos!

miércoles, 19 de octubre de 2016

Ouroboros

El ouroboros es el dragón o serpiente que queda encerrada sobre sí misma al morderse o «comerse» su propia cola, es el símbolo que representa la unión del principio ctónico de la serpiente, y el principio circular del mundo celeste. Esto lo confirma el hecho de que en algunas imágenes es mitad negro y mitad blanco, significando la oposición de diversas nociones como el cielo y la tierra, el bien y el mal, el día y la noche, el yin y el yang, y de todos los valores que portan tales opuestos. En un manuscrito de alquimia, el ouroboros posee la mitad negra —símbolo de la tierra—, en comunión con la otra mitad blanca moteada de puntos que representan las estrellas —el cielo—, aunado a la metáfora celeste del dragón. En griego se denomina Ouroboros, y en algunas de sus representaciones lleva por complemento la inscripción que dice: Hen to pan (el Uno es el Todo).

Sabemos que la serpiente al cambiar de piel se rejuvenece constantemente, es el símbolo más significativo y complejo de todos los símbolos animales, y tal vez el más antiguo: combina lo masculino y lo femenino, es la fuerza primitiva de la vida, emblema de la divinidad creadora misma. El dragón es la personificación reptiliana del poder primordial, sinónimo frecuente de la serpiente en el mito y la leyenda, por ejemplo en Grecia y China se les llamaba drakonates a las serpientes grandes. Los dragones aparecen en múltiples narraciones como guardianes vinculados al inframundo y al conocimiento de los oráculos. El ouroboros representa el «círculo» en su materialización en la figura del animal del eterno retorno , pues sugiere que al fin le corresponde un nuevo comienzo en constante repetición, que el final de un camino o de un proceso significa un nuevo principio; de la imagen del círculo del animal que se cierra, resulta una expresiva metáfora de una repetición cíclica que significa la circulación de los tiempos, el fin de los mundos y nuevas creaciones, del morir y del renacer, en síntesis: la eternidad, ya simbolizada de antemano por el simple círculo.

El mito del ouroboros, que encierra las ideas de movimiento, continuidad, autofecundación, el tiempo y la continuidad de la vida, apareció por primera vez en Egipto tanto en los sarcófagos del Imperio Nuevo como en el Libro de los Muertos, indicando el curso cósmico en un tiempo infinito; como símbolo de la eternidad fue adoptado también por la alquimia y la francmasonería, pero también se encuentra en el arte sepulcral cristiano, en el arte del Benín, en un sello de la Theosophical Society, el Codex Marcianus, y en el Book of Lambspring, entre otros.

En el simbolismo alquímico, el ouroboros es el símbolo gráfico de un proceso cerrado en sí mismo que transcurre repetidamente y que al calentar, evaporar, enfriar y condensar un líquido, debe servir para el refinamiento de sustancias: veneno, víbora, disolvente universal, son símbolos de lo indiferenciado, del “principio invariante” o común que pasa entre las cosas y las liga, es la disolución de los cuerpos, la serpiente universal que, según los gnósticos camina a través de todas las cosas. A menudo la serpiente que se cierra formando un círculo, ha sido sustituida por dos seres que unen la boca y el extremo de la cola, reproduciendo el de arriba como signo de volatilidad, como un dragón alado (amphisba).



viernes, 30 de septiembre de 2016

Siete maneras de sabotear una relación de pareja sin saberlo por Merlina Meiler

En muchos casos, los vínculos de pareja pueden llegar a romperse debido a pequeñas situaciones de la vida cotidiana.

Aunque tengan personalidades similares o sean polos completamente opuestos, existen algunas cuestiones importantes en una relación de pareja que van a determinar su duración y, sobre todo, la calidad del vínculo. Aunque parezca absurdo, son las pequeñas acciones del día a día lo que pueden desgastar la conexión entre dos personas que apostaron a compartir la vida con el otro.

Este es parte de un artículo publicado en Infobae.

Hay siete situaciones cotidianas en las relaciones que pueden desgastar un vínculo de años en muy poco tiempo:

1. Esperar demasiado de la pareja

No hay nada malo en establecer altas expectativas en potenciales parejas, pero “será sin duda un fracaso si uno cree que la responsabilidad de la felicidad de la vida propia se deposita en el prójimo”, indicó Kristin Davin, una psicóloga neoyorquina especialista en relaciones. “Veo una gran cantidad de personas en las relaciones que dependen excesivamente de su cónyuge para todo”, dijo.

“Buscar a la pareja para descargar todos los problemas emocionales genera una carga en la otra persona”. La experta recomienda que, ante ese escenario, lo mejor es intentar evitar apoyarse tanto en la otra persona. “En un principio puede ser terrible”, advirtió Davin, “pero hacerlo es la mejor manera de evitar una relación codependiente”.

2. Envidiar el éxito del otro

“Una persona con quien se tiene una relación amorosa debería ser un socio en la vida, no un rival. Si uno envidia o cela secretamente que a la pareja le dieron un aumento de sueldo, ascendió o ganó un concurso, la relación no va a dar buenos frutos en el futuro”, le explicó a The Huffington Post Laurel Steinberg, una terapeuta de relaciones y profesora de psicología en la Universidad de Columbia en Nueva York.

“Ser capaz de celebrar el éxito de la pareja es muy importante en una relación sana, incluso si el éxito ajeno opaca el propio”, señaló. “Tener una pareja que está celosa de nuestros logros es doloroso, alienante y agota el amor en una relación”.

3. Guardar secretos

Si uno quiere que una relación dure en el tiempo, es esencial la construcción de una base de confianza desde el principio. “Cuando una persona esconde cosas al otro, no importa cuán pequeñas sean, se crea una sospecha y por ende una distancia en la relación”, subrayó Danielle Adinolfi, terapeuta matrimonial y familiar del Philadelphia MFT.

“Para construir una relación hay que hacer puentes, no destruirlos”, dijo. “Contarse cosas difíciles de revelar el uno al otro es una manera de ser vulnerable con la pareja y es esa vulnerabilidad la que llevará a un acercamiento”.

4. No hablar sobre los impulsos sexuales desiguales

No es raro que las parejas que ya llevan tiempo juntas tengan discrepancias de deseo, ya que los impulsos sexuales de las parejas se alteran a través de los años. Poder atravesar esos momentos sexuales frustrantes requiere de una intensa comunicación. “Si tus impulsos sexuales ya se diferencia de los de tu pareja y no estás dispuesto a hablar de ello, debería preocuparte”, advierte Lynn Zakeri, psicóloga de parejas y trabajadora social.

“Tienes que ser honesto por adelantado”, dijo Zakeri. “Cuando una de las partes tiene más ganas que el otro, no solo puede conducir a insatisfacción sexual, sino también a la culpa, la inseguridad y el rechazo de la pareja que deseaba más. Hablar de ello puede ayudar a satisfacer ambas partes”.

5. Fijarse más en los defectos que en los atributos de su pareja

“Las cualidades que te molestan ahora de tu pareja sólo van a empeorar con el tiempo, en lugar de estar cada vez más molesto por sus malos hábitos, trata de concentrarte en lo que te gusta”, opinó Christine Wilke, terapeuta de parejas y familias.

“Es importante practicar el gusto por las cosas buenas y no mantenerlo en secreto”, dijo. Por eso explicó que es importante decirle a menudo lo que se ama y aprecia de la persona que se tiene al lado. “Si no amplificas lo positivo”, dijo Wilke, “tus pensamientos negativos comenzarán a crecer y se convertirán en una gran nube de pensamientos negros que en un punto serán todo lo que ves”.

6. Las discusiones son imaginarias

Puede sonar contradictorio pero tener discusiones y estar en desacuerdo es mucho menos insalubre que tener discusiones imaginarias según indicó Melissa Fritchle, terapeuta familiar y de pareja de la Universidad John F. Kennedy.

“Una vez que comienzas asumiendo que tu pareja responderá negativamente, imaginas un escenario terrible en tu mente y a tu pareja como el villano”, explicó. “Se crea un resentimiento falso a través de la historia que inventaste”. Por otro lado, si se le da la oportunidad real de responder, podría ser más razonable y justo de lo que uno creyó que sería. “En cualquier caso, al menos te estás comunicando y tienes la opción de llegar a un acuerdo”, agregó.

7. Dar por sentada la estabilidad de la relación

“Eres muy afortunado si encuentras a alguien que se preocupa por ti tanto como tú te preocupas por ellos. No desvirtúes esta clase de felicidad ni la des por sentada”, recomendó Zakeri.

“A veces, las personas están tan atrapadas en la rutina diaria que se olvidan de poner esfuerzo y trabajar en sus relaciones”, señaló. “Tómate un tiempo para escuchar y dar prioridad al otro y sus necesidades. Eso es lo que mantendrá una relación fuerte”.



jueves, 29 de septiembre de 2016

Invasiones Artículo por Merlina Meiler

Es habitual que los demás traten de invadirnos.

A veces solapadamente y otras de una forma decididamente evidente.

Atentan contra nuestra integridad.

Intentan doblegarnos y dejar en claro que son ellos los que tienen poder.

Van en contra de nuestra voluntad sin importarles siquiera lo que pensamos o queremos.

Tratan de avanzar cada vez más; si los dejamos, esto irá minando nuestra confianza y tornando inseguros, dubitativos y supeditados a decisiones ajenas.

Puede ser que actúen mediante palabras ofensivas, sugerencias opuestas a lo que anhelamos, comentarios descalificativos, amenazas.

Quizá cuestionen todo lo que hacemos para dejar un manto de dudas y de sospechas con respecto a nuestra capacidad o a nuestras intenciones.

Otras veces, utilizan técnicas para tratar de manipularnos y de forzarnos a hacer lo que ellos quieren, en detrimento de nuestra felicidad.

En las peores situaciones, utilizan fuerza física o coacción directa.

Demuestran un desprecio y un maltrato hacia nosotros cuya intención es hacer eco en algún punto débil de nuestro interior (llámese baja autoestima, dependencia afectiva, sensación de soledad, inseguridad o algo similar) para irrumpir, desarticularnos y así reinar.

En muchos casos ni siquiera lo hacen con un objetivo ulterior: ese es su modus operandi y luego de caer, de sentirnos pequeños y de ceder, irán en busca de otra víctima.

No permitas que nadie invada tu integridad, tu mente, tu cuerpo, tu razón, tu deseo, tu decisión.

Tienes derecho a señalar los límites que consideres adecuados para ti y hacerlos respetar, aunque sean diferentes o difíciles de entender para quienes te rodean.

Cuanto más repelas las embestidas externas, mejor te sentirás y más fuerza y determinación tendrás, ya que tu energía dejará de escurrirse y se concentrará en todas las áreas que la necesites.

Los de afuera llegan hasta donde tú les permites.



martes, 17 de mayo de 2016

“Ghosting” o el fin de las relaciones en la era digital

Quizás te ha pasado alguna vez: conoces a alguien, intercambias números de teléfono, tienes varias citas, empiezas una relación, todo parece ir bien y de repente… silencio.

Sin previo aviso, esa persona deja de contestar tus mensajes de texto y tus llamadas. Simplemente desaparece de tu vida sin dar ningún tipo de explicación.

Esta es una nota interesante publicada en BBC Mundo.

Si has vivido algo parecido has sido víctima de lo que en inglés llamanghosting, palabra que se traduciría como “hacerse el fantasma” y que ha ido ganando popularidad en los últimos tiempos, siendo elegida como uno de los vocablos de 2015 por el diccionario británico Collins.

El acabar una relación de la noche a la mañana, cortando todo tipo de comunicación, no es nada nuevo, aunque según los expertos las nuevas tecnologías han hecho que ahora sea una práctica más común.

En una época en la que muchas relaciones de pareja empiezan a través de páginas de internet y de aplicaciones para celulares, el ghosting es algo a lo que cada vez más personas deben hacer frente.

Consecuencias
Los expertos en psicología advierten que el ghosting tiene consecuencias tanto para quien lo sufre como para quien lo practica.

El primero ve su autoestima dañada y tiene que atravesar el periodo de duelo que conlleva el fin de una relación, sin tener todas las respuestas sobre los motivos de la ruptura.

El segundo, si se trata de una relación consolidada, tendrá que hacer frente a los remordimientos y al sentimiento de culpa por haber dejado a alguien de esta manera.

Los expertos sostienen que en algunos casos los que practican el ghosting tienen miedo al conflicto, evitando a toda costa los enfrentamientos, incluyendo el tener que decirle a alguien a la cara que se quiere poner fin a una relación.

En una encuesta que realizó en 2014 en Estados Unidos la compañía YouGov para el sitio Huffington Post, el 11 % de los participantes dijo haberle hecho ghosting a alguien y un 13 % haber sido víctima de esta práctica.

La revista Elle llevó a cabo una encuesta similar entre sus lectores: un 26 % de las mujeres y un 33 % de los hombres admitieron tanto haber sido víctimas del ghosting como el haberlo llevado a cabo.

Parece que en la era de aplicaciones como Tinder y Grindr, el estar ocultos tras las pantallas de nuestros teléfonos hace que nos resulte más sencillo el acabar nuestras relaciones sin dar ningún tipo de explicación.

“Deshacernos de la gente”
Sherry Turkler, profesora de sociología de Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) aseguró en una reciente entrevista con el Huffington Post que “el ghosting es algo casi único del mundo online”.

“Con las nuevas tecnologías nos hemos acostumbrado a deshacernos de la gente simplemente no respondiendo. Y eso empieza con los adolescentes, que crecen con la idea de que es posible que le envíen a alguien un mensaje de texto y que no reciban nada por respuesta”.
Según Turkle, “eso tiene serias consecuencias, porque cuando nos tratan como si pudiéramos ser ignorados, empezamos a pensar que eso está bien y nos tratamos a nosotros mismos como personas que no han de tener sentimientos”.

“Y al mismo tiempo tratamos a los demás como personas que no tienen sentimientos en este contexto, por lo que empieza a desaparecer la empatía”.

La psicoperapeuta estadounidense Elisabeth J. LaMotte cree que para mucha gente hoy en día el decir adiós o acabar con una relación es incómodo y “lo evitamos en muchas esferas, particularmente en el campo del amor”.

“Pasamos mucho tiempo socializando a través de las nuevas tecnología y compartiendo nuestra vida privada en las redes sociales y cada vez nos sentimos más incómodos con el contacto interpersonal”, asegura LaMotte. “Ello hace que acabar con una relación sea más complicado, porque cada vez tenemos menos práctica en hacerlo”.

Según LaMotte, “cuando se analiza la psicología de los que practican el ghosting, en algunos casos uno ve que han sido heridos por gente que consideran más importantes que ellos mismos y que han sufrido rupturas de relaciones que no han procesado correctamente”.

“Incluso en ocasiones no son conscientes del daño que causan. Para la persona víctima del ghosting, puede ser una experiencia muy dolorosa. El rechazo causa dolor. Y el ghosting es un rechazo vago que hace que el proceso de duelo de la ruptura se alargue”.

Según LaMotte, “al principio la gente pasa por un proceso de negación y busca excusa para explicar la situación, como que la otra persona ha perdido el teléfono o ha tenido una emergencia . Cuando son conscientes de la realidad, tienen que hacer frente al dolor de saber que el otro no se tomó la molestia de dignificar la relación y decir adiós”.

LaMotte cree que, a veces, el final de una relación es el momento más importante, ya que “es una oportunidad para el crecimiento emocional”.

La experta aconseja que “si alguien ha sufrido varias experiencias de ghosting, examine sus elecciones de pareja”, ya que considera que “hay que respetarse a uno mismo y no caer una y otra vez en el mismo patrón”.

Maya Borgueta, psicóloga de la organización californiana Lantern, sostiene que el ghosting “está relacionado con el querer evitar el conflicto”. “Se quiere evitar el sentirse incómodo porque, por ejemplo, tu pareja se enfade o se ponga a llorar”.

“Obviamente el ghosting ha existido desde el inicio de los tiempos, pero no hay duda de que la tecnología y el tipo de comunicación impersonal a la que estamos acostumbrados a través de internet o de las aplicaciones móviles han hecho que sea más común”, apunta la experta.

“Realmente puede llegar a ser muy doloroso, porque cuando nos dejan así a menudo seguimos conectados con esas personas en redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram. Así te das cuenta de que esa persona no se está comunicando contigo y continúa con su vida como si no pasara nada. Ello hace que el proceso de duelo sea más complicado”.

El “ghosting” puede reforzar las inseguridades que uno tiene y puede afectar relaciones futuras.

Según Borgueta, aunque duela, las víctimas de ghosting “deben asumir que quizás nunca tendrán el cierre deseado para esa relación”.


lunes, 9 de mayo de 2016

Causa y efecto por Merlina Meiler

Todas las acciones tienen una consecuencia.

Pero también la falta de ellas produce un resultado.

Son como las dos caras de la misma moneda.

Al tomar una decisión (ya sea que implique ponerse en movimiento o quedarse inmóvil), se generará un resultado. Tal vez sea el que buscamos, y en ese caso estaremos conformes, pero puede tratarse de algo no previsto o que incluso hayamos intentado evitar: siempre habrá un efecto generado por una acción o por la inacción.

Pensar que nada sucederá por dejar que las cosas tomen su propio rumbo o por esperar que llegue una solución mágica también dará lugar a algún desenlace, en el que tendremos algún grado de injerencia y de responsabilidad por no haber participado activamente.

Efecto
Es bastante común no medir las posibles variables y derivaciones o lo que resulta bastante evidente y pensar que, en situaciones que implican un riesgo, “no me va a suceder a mí”. También es usual (sobre todo en los más jóvenes o testarudos, y en casos de negación o de un sesgo importante a la hora de observar la realidad) minimizar las posibles implicancias, como si tuviéramos la capacidad de manejar esos hilos invisibles que nos hacen enfrentarnos a nuestras propias limitaciones como seres humanos y también comprender que no todo está bajo nuestro control: aceptarlo es una excelente y saludable actitud que nos facilita acceder a una mejor calidad de vida, sin imprevistos desagradables que pueden ser evitados fácilmente.

Causa
Esta idea de causa y efecto es muy útil también para entender qué podemos modificar en caso de una consecuencia indeseable.

Si estás padeciendo alguna situación que no te hace feliz, hay una causa que la originó.

Entonces, con solo asumir que tienes una participación (aunque sea pequeña) en esa causa, ya habrás dado el primer paso hacia una mejora de lo que te preocupa.

Algunos ejemplos:

Efecto: dificultad para hallar una pareja estable.
Posibles causas: estar siempre con el mismo círculo de personas, hablar siempre de tus ex al conocer a alguien, ser demasiado exigente, generar distancia o poner excusas y así nadie puede acercarse.

Efecto: te sientes incómodo en tu trabajo porque el entorno es poco amigable.
Posibles causas: ¿tú eres amigable con tus compañeros de trabajo? ¿Ayudas cuando puedes? ¿Saludas? ¿Compartes?

Modificar la causa dará lugar a efectos distintos de los que has obtenido hasta ahora. ¡Suena muy promisorio y vale la pena intentarlo!